CAUSAS Y DESAFÍOS DE UNA CATASTROFE QUE DEJÓ A CHILE Y SU MODELO… EN EL SUELO


Daniel Jadue

1. *Introducción*

En los últimos días hemos sido testigos de uno de los desastres naturales más grandes que recuerda la historia reciente de nuestro país y del planeta. Un terremoto grado 8,8 en la escala de Richter ha azotado a parte importante de nuestro territorio trayendo a la memoria el recuerdo, a veces difuso, de que somos un país con una alta actividad sísmica y que dicha condición no admite relajo alguno, ni siquiera en este país modelo, ese del milagro económico del que tanto hablan los defensores del actual sistema de organización que nuestra sociedad posee para, supuestamente, satisfacer sus necesidades.

Ahora bien, es cierto que nadie puede negar que en cualquier otro país de la región, e incluso en la mayoría de los países del mundo, un evento de esta naturaleza hubiera causado tal vez, mucho más daño, superando con creces el número de muertos, desaparecidos y pérdidas materiales que ostenta nuestro país.

Sin embargo estas cuentas alegres que muchos han sacado a lo largo y ancho del planeta no pueden dejarnos indiferentes ante el sufrimiento de quienes han perdido a seres queridos o ante los miles de damnificados que han perdido sus únicas pertenencias, debido a la falta de ética de algunos actores del todopoderoso “mercado” sumada a la ineficacia de nuestras instituciones estatales y a la ausencia casi absoluta de una sociedad civil empoderada y con redes sociales capaces de responder ante tamaña catástrofe.

Estas características inherentes a nuestro “modelo” representan las dos caras de una moneda en la cual el eje central de la reproducción de la existencia de nuestra sociedad, esta basada en una “confianza” desmedida en las herramientas del mercado, que afirman que no es necesario la regulación ni la fiscalización de la sociedad ya que “el mercado” es capaz de regularse a si mismo, sacando de él a las empresas ineficaces e ineficientes que no saben hacer las cosas bien. En este caso esta teoría, una vez más ha quedado en falta y no ha logrado pasar, de manera satisfactoria, la prueba de la blancura.

Por lo mismo es que debemos centrarnos ahora, en sacar las lecciones que son necesarias de extraer, en casos como el vivido, ya que de lo que estamos hablando no es de números anónimos ni de frías cifras promedio y mucho menos de comparaciones relativas a otros países con historias y realidades significativamente distintas a las nuestras. Estamos hablando de personas de carne y huesos. Familias enteras desgarradas y destruidas por las perdidas de seres queridos, inversiones de toda una vida esfumadas, biografías y proyectos de vida truncadas, historias y utopías colectivas destruidas; todo por causas que se podrían haber anticipado, mitigado o anulado de tal forma de no tener que llorar hoy sobre la leche derramada, por esfuerzos no realizados, ni por decisiones políticas no tomadas a tiempo.

Es por lo anterior que, luego de solidarizar con todos y todas quienes han sufrido de cualquier forma las consecuencias de este desastre, deseo aportar al análisis de las causas más profundas de las pérdidas humanas y materiales causadas por el terremoto y de cómo ellas pueden abordarse de manera de prevenir, en el futuro, episodios similares, haciéndonos cargo de verdad de que somos un país sísmico y tremendamente vulnerable a los desastres naturales, debido a la inexistencia de un país estructuralmente solidario.

No vaya a ser que más de alguien vaya a pensar que puede venir el remedio del mismo lugar de donde viene la enfermedad y comiencen a aparecer las propuestas para facilitar la acción de los privados que se nos presentarán de nuevo como el motor del desarrollo sin que nadie haya asumido ninguna responsabilidad ni política ni penal, por lo sucedido.

2. *El Ordenamiento Territorial y La Planificación Urbana, una deuda impaga de la reconstrucción democrática*

Para partir, es importante recordar que en la corta vida que como nación tenemos hemos vivido un proceso lento de aprendizaje, mediante la prueba y el error, de la forma en como debemos planificar el uso del territorio. Este proceso no impidió que desde el inicio de nuestra historia, una serie de asentamientos humanos, pueblos y ciudades importantes se ubicaran en zonas de evidente riesgo de desastres naturales, lo que le ha costado a nuestro país enormes pérdidas humanas y materiales a lo largo de toda nuestra historia, asociadas a terremotos y tsunamis que aun permanecen en el imaginario colectivo de las actuales generaciones y que no es necesario recordar aquí.

De hecho durante parte de sus 200 años de vida, chile fue avanzando en la senda de incorporar procesos de planificación territorial y de leyes de urbanización y construcción que se fueron haciendo cargo de los riesgos que el país debía enfrentar, eso si, sin haber llegado jamás al extremo de desmantelar y evacuar las ciudades que ya se habían consolidado en zonas reconocidas como de riesgo potencial, de manera tardía, mediante el avance de la ciencia y la técnica dedicada a este tipo de conocimiento.

Esto devino en un sistema de planificación centralizada del desarrollo urbano que fue construyendo un país mejor preparado que muchos de sus pares, para enfrentar estos eventos, con la única deuda impaga que se mantiene hasta el día de hoy referente al desarrollo y protección del modo de vida rural y del territorio que acoge al mismo.

No obstante lo anterior, este sistema de planificación centralizada del territorio nacional convirtió, para algunos actores políticos y económicos, en un obstáculo a la iniciativa privada que era entendida por ellos, como el motor de todo desarrollo y se convirtió en una de las discusiones emblemáticas a fines de la década del 60 y principio de la década del 70 del Siglo pasado.

Luego del golpe de estado y la instalación en nuestro país de la dictadura militar este proceso fue interrumpido abruptamente y la discusión acerca del modelo de desarrollo paso, de girar en torno al bien común como pilar fundamental, a estar centrado en los intereses personales, la reproducción de la riqueza, la libertad económica y el respeto sacrosanto a la propiedad privada por sobre cualquier otra consideración.

Este giro impuso un cambio cultural que, en el ámbito del territorio, devino en el congelamiento casi absoluto del proceso en marcha. De hecho, desde la formulación de la política Nacional de Desarrollo Urbano de 1979, que planteaba que el uso del suelo debía ser definido por su rentabilidad potencial, se entregó el destino de las ciudades y de los asentamientos humanos, y por lo tanto, del territorio que los acoge, al todopoderoso y eterno “libre mercado” lo que borró del quehacer del estado todo intento de planificar el desarrollo de los asentamientos humanos, pueblos y ciudades a lo largo y ancho del territorio nacional.

Esto devino en una sobreexplotación, a cargo de inversionistas individuales e inmobiliarias privadas, de territorios que, de manera irresponsable y sin los estudios necesarios, fueron reconvertidas en asentamientos humanos o zonas semi urbanas que nunca fueron sometidos a estudios rigurosos que tomaran en consideración los riesgos naturales que cada porción de territorio poseía y los que la intervención humana adicionaba.

Esta proliferación de desarrollos inmobiliarios, trajo consigo una merma significativa en la capacidad de fiscalización y de respuesta del Estado a los desafíos urbanos que estos desarrollos representaban, lo que devino en una carencia importante de infraestructura y de servicios indispensables para el correcto desarrollo de los mismos, incluida la capacidad del estado, en sus distintos niveles de gobierno, de dar respuesta a los desastres naturales que con relativa, intermitente pero ineludible frecuencia azotan y seguirán azotando a nuestro territorio.

Los centros históricos de las ciudades fueron literalmente abandonados para ir en búsqueda de terrenos más baratos en donde desarrollar negocios inmobiliarios de alta rentabilidad para todos los segmentos sociales, lo que produjo un fenómeno con dos caras directamente relacionadas. Por un lado surgió el deterioro, la desinversión y la pérdida de valor de los centros patrimoniales, los que terminaron siendo subdivididos de manera grotesca y utilizados como fuentes de rentas mediante el arrendamiento para pequeños emprendimientos, talleres o residencias multifamiliares para las clases populares nacionales o extranjeras. Por el otro, nuevas áreas urbanas, algunas de las cuales carecían de los estudios que avalaran su ubicación, agravada por una carencia casi absoluta de la infraestructura mínima necesaria para paliar los posibles efectos de construir, para todos los segmentos sociales, en zonas de evidente riesgo natural.

Bajo la misma lógica surgieron o crecieron de manera desmedida algunos balnearios para segunda vivienda a lo largo de gran parte del borde costero que Chile posee sin que nadie tomara cartas en el asunto ni se hiciera responsable de lo que estaba aconteciendo.

Se fueron generando así, de la mano del mercado y de la cultura del consumo, proyectos y desarrollos inmobiliarios eficaces para generar utilidades en el corto plazo y asentamientos humanos, pueblos y ciudades tremendamente ineficientes y poco sustentables. Pero como reza la teoría económica, toda oferta fue capaz de generar su propia demanda y todos estos desarrollos se fueron consolidando sin preocuparse ni recordar que, más temprano que tarde, la naturaleza volvería a manifestarse dejando en evidencia la arrogancia del mercado y sus partidarios y la ingenuidad de quienes creen ciegamente en él.

En síntesis, los problemas que frecuentemente se repiten en nuestras ciudades en épocas de terremoto, lluvias y otros desastres naturales asociados, radican en el manejo no sustentable que durante muchos años se ha venido realizando, en nuestro país, de los territorios que alberga nuestras ciudades, las que son expresión clara de una sobre ideologización que ha confiado desmedidamente en el mercado y en la iniciativa privada para guiar los destinos de una sociedad descerebrada, incapaz de pensarse y limitarse a sí misma con miras al bien común. Hemos convertido al territorio que acoge nuestras ciudades y también a los seres humanos en un instrumento para el crecimiento económico de unos pocos declarando al mercado amo y señor del suelo, tanto urbano como rural.

Con el retorno de los gobiernos elegidos por votación universal se realizaron esfuerzos importantes para reinstalar la planificación territorial como una necesidad vital para el desarrollo sustentable de los asentamientos humanos pero jamás se llegó al nivel en donde se encontraba el estado del arte antes de la dictadura militar, en donde el estado era , de verdad, el cerebro de la sociedad.

De hecho, la planificación hoy es obligatoria solo para las ciudades mayores a cinco mil habitantes y está restringida exclusivamente a las zonas urbanas de los asentamientos humanos, dejando en la más completa indefensión a las zonas rurales, en donde no existen herramientas legales que permitan orientar o los desarrollos privados beneficiosos o impedir los no deseados, ni tampoco reglas que obliguen a construir de manera seria y responsable en esta parte del territorio que para las leyes nacionales, simplemente no existe.

Esto ha devenido en el surgimiento y consolidación, de hecho, de innumerables desarrollos semiurbanos o semirurales en zonas de riesgo sobre las que nadie tiene tuición efectiva y real y mucho menos, capacidad de fiscalización ante la iniciativa privada que solo busca la rentabilidad.

3. *Leyes para el mercado vs leyes para la sociedad*

Sumado a lo anterior, en nuestro país se viene dando desde el retorno a las elecciones universales una contradicción evidente entre el discurso políticamente correcto que habla de encauzar el desarrollo del país por el camino de la integración, la equidad y la sustentabilidad, mediante el establecimiento de leyes que pretenden darle al estado una mayor responsabilidad sobre determinadas áreas de desarrollo a la vez que un mayor rol fiscalizador sobre el actuar de los privados en las áreas en que no interviene.

Lamentablemente, a la hora de la verdad, nos hemos quedado, como país, simplemente en la buena intención, sin poder avanzar hacia donde los hermosos discursos de campaña pretenden llevarnos, ya que cada vez que se aprueba una ley en ese sentido, ésta contiene una serie de herramientas y resquicios, también legales, para sortear y anular la capacidad reguladora de las mismas.

Lo anterior, se debe al mito construido desde los defensores del modelo, en torno a la relación casi consubstancial ente sector público e ineficacia, versus esta relación supuestamente a toda prueba, entre sector privado, eficiencia y eficacia, lo que a todas luces no da cuenta de lo que sucede en realidad.

Un ejemplo de lo anterior nos permitirá  entender la directa relación que este tema posee con las consecuencias del terremoto que acabamos de vivir. Mientras el país avanza, haciendo más rigurosa y exigente las leyes de urbanización y construcción, el mercado se las arregla al mismo tiempo, para hacer aprobar leyes que facilitan y hacen más fluido el retorno y la rentabilidad de sus inversiones, a veces a costa de los aseguramientos necesario para resguardar la calidad de lo que se hace y prevenir estas catástrofes y sus dramáticas consecuencias.

Un ejemplo de lo anterior que tiene una directa relación con las secuelas del terremoto del 27 de febrero, es el caso de la externalización de los procesos de revisión de los proyectos inmobiliarios desde las Direcciones de Obras Municipales, que se materializó en el año 1996 mediante la creación de la figura de los revisores externos y se “perfeccionó” en 2005 con la eliminación definitiva de la responsabilidad que sobre las especialidades complementarias, entre las que destaca el calculo estructural, necesarias para el otorgamiento de permisos de edificación, tenían los Directores de Obra Municipales.

Todo lo anterior se modificó para hacer más rápida la obtención de los permisos de construcción en el caso de proyectos inmobiliarios y edificios públicos, y paliar de paso, las evidentes carencias de competencias técnicas de los equipos municipales para revisar proyectos de especialidades y especialmente de calculo estructural. El problema radica en que es el mismo propietario del proyecto el que paga a los revisores externos, generando una especie integración vertical de actividades que debieran estar claramente separadas debido a la evidente contradicción de intereses que existe entre ellas, pues quien debe fiscalizar y revisar el proyecto para su aprobación, es pagado por el fiscalizado, con cargo al costo del permiso municipal.

Por último, el revisor independiente es responsable solidariamente con los dueños del proyecto si es que algo sale mal en el mismo, liberando completamente a la municipalidad de responsabilidad en el otorgamiento de los permisos de edificación en las áreas que no tienen que ver con las condiciones urbanísticas del mismo.

Como si lo anterior fuera poco, los plazos que la ley estipula para hacer efectiva la garantía por parte del primer vendedor, sobre los elementos estructurales, secundarios y de terminaciones de una construcción, que está fijada en 10, 5 y 3 años, respectivamente, no parece tener relación con la necesaria protección que requieren las inversiones de quienes compran estos productos inmobiliarios en un país de terremotos y parecen estar más orientados a proteger las utilidades de las inmobiliarias y constructoras que a lo que hoy se suele llamar, los consumidores, lo que permite efectivamente un relajamiento en los estándares de construcción.

Si a esto le agregamos la debilidad y falta de transparencia del sistema de evaluación de impacto ambiental de cada proyecto, en donde también es el titular del proyecto en cuestión el que contrata a quien debe realizar la evaluación del proyecto para su aprobación, sin que exista del lado del estado, ni siquiera, una línea base oficial sobre la cual proyectar el impacto del mismo, el resultado es la nula responsabilidad que el estado posee hoy sobre el desarrollo de proyectos en el territorio nacional y la escasa protección legal que existe para los ciudadanos y ciudadanas afectadas, en caso de que los privados no respondan de manera ética a rol que ellos mismos se arrogan al interior de la sociedad y a las supuestas características auto regulantes de sus actuaciones.

4. *La responsabilidad Ineludible del estado en el aseguramiento de la calidad de vida de los ciudadanos y ciudadanas de Chile*

Los dos puntos anteriores ponen de manifiesto, quizá, la más importante causa de la catástrofe que nuestro país ha sufrido a partir del 27 de febrero pasado y es que el Estado ha sido secuestrado por una muy particular visión de mundo, sobre ideologizando la discusión desde la perspectiva neoliberal con la consiguiente disminución de sus áreas de influencia y de la responsabilidad esencial que le corresponde en el logro del bien común y el aseguramiento de la calidad de vida de sus ciudadanos, para dejar espacio al mercado que se ha terminado haciendo cargo de todo… salvo de aquello que no es rentable en el corto plazo.

Así las cosas, el estado reemplazó sus políticas universales por políticas de subsidiaridad asumiendo, de manera débil y sin un compromiso real, las áreas de negocios que el mercado ha dejado vacantes por ser demasiado riesgosas o poco rentables.

En algunos casos específicos como el de la vivienda, las telecomunicaciones y otras de carácter estratégico, el mercado ha asumido incluso esas áreas de riesgo y poca rentabilidad. pero sin asumir de manera sería el mismo respondiendo a una demanda no rentable con productos y servicios de dudosa calidad y de bajísima sustentabilidad, asegurando, eso si, su rentabilidad, con leyes que no los obligan a responder por nada cuando todo falla.

Por lo mismo cuando hay una catástrofe como la del 27 todo se desploma y nadie se hace responsable. En ese minuto el estado demuestra su bancarrota ideológica, sus planes de emergencia no funcionan, los procedimientos fallan, las tele comunicaciones dejadas en manos privadas se desploman, las supercarreteras concesionadas y los puentes colapsan y los responsables de las malas construcciones se esfuman y se esconden detrás de leyes hechas a su medida, pues todos en nuestro país son capitalistas a la hora de repartir las utilidades, pero absolutamente estatistas cuando de asumir pérdidas, por las cosas mal realizadas y por las externalidades negativas de los lucrativos negocios, se trata.

En ese minuto todos se acuerdan del estado al que vienen jibarizando hace casi cuarenta años y lo que queda de él nada puede hacer, salvo tratar de militarizar la situación para salvar la sacrosanta propiedad privada que para los efectos de los adalides del mercado, es mucho más importante que las vidas destruidas y las necesidades de las familias desgarradas por las pérdidas de todo lo que tenían.

En ese minuto se acuerdan de la “solidaridad” que caracteriza a los chilenos y chilenas y vuelven a la carga para seguir haciendo mejores negocios a partir de la desgracia ajena. Surgen las teletones que llaman a consumir con el lema de compre una y regalamos otra, convencidos de que somos unos verdaderos idiotas.

Mientras tanto las empresas privadas, detrás de las cuales están los mismos de siempre, comenzarán a sobarse las manos con los contrataos que vendrán para hacer realidad la reconstrucción y seguramente nadie se acordará que los hospitales y las escuelas caídas, las viviendas sociales destruidas y los edificios nuevos colapsados que son producto de un estado que ha preferido ir matando lenta y paulatinamente sus áreas de responsabilidad para dejar espacio al mercado, para que éste realice sus buenos negocios a costa de aquello en lo que no hemos invertido, como sociedad, en mucho años.

No faltará el que diga, en alguna de esas reuniones secretas para preparar los negocios que se avisoran en el futuro cercano, “bendito terremoto: ahora todos emigraran a los sistemas de salud y educación privados” porque el terremoto terminó por destruir lo que nosotros, hace años, venimos tratando de hacer colapsar, mediante la desinversión y el ahogo del aparato público, para ampliar casi a la fuerza, la base de sustentación de nuestros negocios.

5. *La Falta de Capital Social en la base como un factor agravante de la ausencia del estado*

A este cuadro patético se le ha sumado la ausencia de capital social a lo largo y ancho de nuestro país. Lo anterior es fruto compartido de la dictadura militar que enfocó ingentes esfuerzos en la destrucción del tejido social, sumado a la falta de voluntad política de los gobiernos de la concertación, que en un periodo de tiempo, incluso mayor al de la dictadura, hizo poco o nada para construir una ciudadanía activa, empoderada y con capacidad de hacerse cargo, desde la base social, de los temas de su directo interés con la posibilidad, descartada desde los gobiernos de turno, de constituirse en contrapeso y contraparte del estado, para la reconstrucción del capital Social que tanta falta le hace a nuestra sociedad.

Lo anterior, que puede explicar con creces el gran fracaso que la concertación vivió en las últimas elecciones, a pesar de presentarse a si misma como la coalición de gobierno más exitosa de la historia de Chile, sigue siendo la deuda más importante del proceso inconcluso de reconstrucción democrática y puede ayudar a explicar el estado de anomia social emergente días después del terremoto, cuando la gente común y corriente, ante la nula respuesta de las instituciones del estado, salió a hacer lo mismo que se la exigido intermitentemente durante los últimos 37 años: que cada uno resuelva sus problemas de la manera que pueda porque, en este modelo, ni el estado ni nadie le tenderá una mano a nadie, pues cada uno mata su propio toro.

6. *Conclusiones*

La primera conclusión que emana del presente análisis es el gran fracaso de un modelo y de una concepción de sociedad en donde el marcado es la medida de todas las cosas y la comunidad ha desaparecido para dar paso a los “consumidores” que solo participan de la vida social cuando salen a comprar.

La segunda conclusión, que se refiere a cosas más específicas, es la necesidad urgente de modificar las leyes para desarrollar procesos de planificación y ordenamiento territorial a lo largo y ancho del territorio nacional, independientemente de la cantidad de habitantes de los asentamientos humanos, pueblos o ciudades y de su carácter urbano o rural, haciendo extensivo la obligatoriedad de los ejercicios de planificación territorial a la totalidad de los territorios comunales de manera de contar con información técnicamente valida y oportuna, acerca de las zonas de riesgo que deben quedar excluidas a todo uso residencial, ya sean estas urbanas o rurales, o en su defecto, de las acciones de mitigación que deben ser tomadas para poder levantar los riesgos cuando el sector público se ve obligado a dar uso a determinados territorios o en el caso de que un privado persista en su voluntad de desarrollar determinado proyecto, bajo su entera responsabilidad.

La tercera conclusión es que debe asumirse de una vez y para siempre la necesidad de que el estado restablezca su compromiso ineludible con el derecho de sus ciudadanos a la salud, la educación y la vivienda mediante el incremento significativo de la inversión pública para la ampliación, la manutención, la reparación y la reposición de los sistemas públicos de salud y educación que colapsaron debido al histórico abandono del mismo por parte del estado. De lo contrario provocaremos una estampida obligada desde el sector público al privado y los únicos que ganarán, una vez más, serán los grandes empresarios a costa de las necesidades y sufrimientos de nuestro pueblo.

En el caso de la vivienda, se hace necesario que el estado recupere para si la decisión acerca de la ubicación de los proyectos de vivienda social mediante el establecimiento de una política central de planificación de la vivienda de interés social y al mismo tiempo, asuma de manera directa o mediante el endurecimiento de las leyes con respecto a la calidad de las construcciones y a la duración de las garantías de las mismas, para evitar que el sector privado lucre a costa del derecho a la vivienda de los sectores más vulnerables, extendiendo significativamente los plazos de responsabilidad civil y penal sobre potenciales daños de las viviendas y aun más en el caso de que las fallas impliquen pérdida de vidas humanas como ha sido el caso en el reciente terremoto.

La cuarta conclusión es que debe terminarse con la integración vertical existente en la actividad de la construcción, devolviendo a las municipalidades la tuición total y completa sobre los proyectos de arquitectura y especialidades, dotándolos de los recursos necesarios, tanto materiales como humanos, para evitar que los dueños de los proyectos sean, en definitiva, directa o indirectamente, sus propios fiscalizadores. Esto implica la necesidad de una clara separación entre la ejecución de los proyectos, la revisión de los mismos para su aprobación y la fiscalización en terreno de la ejecución, alojando la revisión de los proyectos y la fiscalización de la ejecución en los gobiernos locales o en unidades independientes pero contratadas por los municipios y pagadas por los titulares de los proyectos. En el caso de las evaluaciones medioambientales, debe ser un ente independiente del titular del proyecto, contratado por el estado y con cargo al titular del proyecto, el que haga la evaluación, la que debe ser comparada con una línea base medioambiental, de carácter nacional, que asegure objetividad y seriedad.

La quinta conclusión es que debe dotarse al estado, sin mas dilación, de poder real y recursos para intervenir el territorio, sobretodo en el ámbito de los gobiernos locales, desarrollando una verdadera y más profunda descentralización política seguida de una desconcentración económica, fortaleciendo en autonomía a los gobiernos locales y a través de ellos, y también directamente cuando los gobiernos locales no tengan capacidad o/ni voluntad política, empoderando a la sociedad civil, para que sea capaz de rearticular formas y mecanismos de para abordar catástrofes de este tipo, con recursos y capacidad técnica, para reconstruir a la brevedad posible, las redes y el capital social que los partidarios del capitalismo económico se empeñan en destruir.

TERREMOTO AL MODELO ECONÓMICO, POLÍTICO Y SOCIAL

Pepe Pino

El día 27 de Febrero de 2010 quedará  grabado para siempre a esta generación que le ha tocado vivir este Megaterremoto que despedazó ciudades y esperanzas e hizo trizas nuestro modelo de sociedad impuesto hace 37 años y que siguió profundizándose en los años posteriores al gobierno de Pinochet.

El reciente sismo desnudó este Sistema e hizo caer grandes paradigmas:

1.- Como la gran falacia humana que te dice: “Tú debes salir adelante y resolver tus problemas, solo”, el individualismo. En la oscuridad más absoluta de esa noche trágica se organizaron las personas de manera espontánea para salvar miles de vidas y evacuar hacia sectores altos.

2.- Esta es la era de la información y la Tecnología. En el minuto más dramático de nuestra historia moderna (después del golpe obviamente), la mala información hizo gala y la tecnología sucumbió, los teléfonos se convirtieron en celulares de palo.

Sin duda, en este gran evento a que nos convocó la naturaleza, participamos casi todos los chilenos, no hubo distinción de clases sociales ni de ninguna especie. Pero como ocurre siempre los más damnificados fueron los sectores más pobres de nuestra patria.

Se dieron conductas humanas desde las mismas bizarras hasta las más sublimes.

I LOS SAQUEADORES DE CHILE

En Concepción los saqueos hicieron saltar a ese ser humano que se fue formando en este sistema, sin principios ni valores, sin bandera, sin identidad de clase. No sólo se encontraba el lumpen arrinconado en los ghettos del sistema, también encontramos el arribista que te echa encima su camioneta 4×4 y que se trata de colar en las filas de los bancos. Se vieron médicos, ingenieros, concejales y otros.

Pero el saqueo en Chile y América Latina tiene una historia de más de quinientos años. Estos saqueadores con larga data en nuestro país, participaron con alegría de la farándula criolla llamada Teletón.

Entre los principales saqueadores de Chile tenemos:

1.- Las grandes trasnacionales que se han llevado nuestro cobre, la plata de Bolivia, el petróleo, el gas, la carne, las frutas, las riquezas del mar. (Es recomendable releer a Galeano con “Las venas abiertas de América Latina”, muy vigente).

2.- Los grupos económicos de Chile que compraron a precio de huevo las empresas del estado como las Eléctricas, las Sanitarias, las telecomunicaciones. En este aspecto estas empresas no cumplieron su rol social. Las comunicaciones fallaron en forma dramática, empresas de telecomunicaciones que surgieron al amparo de CORFO para no quedar aislados como en el terremoto del 60, un minuto después del terremoto estas empresas privadas de telecomunicaciones quedaron en silencio. Las empresas del agua y la energía eléctrica demoraron una enormidad en entregar nuevamente el suministro. En manos privadas no demostraron ser más eficientes que en manos del estado.

3.- Los bancos, grandes saqueadores con tasas leoninas. Ofreciendo ahora grandes préstamos con tasas muy convenientes.

4.- Las AFP, el mejor invento de José Piñera para trabajar con la plata ajena. Las Isapres, si tienes plata tienes salud.

5.- Las cadenas de farmacias que se coludieron para robarle a todos los chilenos y que tratan de lavar su imagen con este terremoto.

6.- Las inmobiliarias y constructoras que vendieron departamentos de la muerte, como es el caso emblemático de Alto del Río, en Concepción.

7.- Los Grupos mineros que sacan actualmente el 70 % del cobre y que pagan un royalty irrisorio de un 4 %, una limosna que queda en Chile. En tres años han obtenido utilidades equivalentes a la inversión que han hecho durante treinta años. Una medida patriótica para reconstruir Chile es renacionalizar el cobre, pero esto le da urticaria desde la derecha neoliberal en el gobierno hasta casi a todos los concertacionistas.

8.- Todos los que participaron en la Teletón que hacen un lucro de la solidaridad y la desgracia ajena. Para reconstruir Chile se requieren US$ 30.000 millones y en esta Teletón de las empresas privadas se recolectó US$ 60 millones, o sea se requerirían 500 teletones para alcanzar lo que se necesita. De este valor recolectado el 50 % será utilizado para mediaguas, supuestamente temporales, pero que lo más probable es que queden como soluciones precarias en forma definitivas.

9.- Los saqueadores que fueron saqueados como Falabella, La Polar, Ripley y los Supermercados, con tasas usureras que alcanzan casi el 4 % mensual.

Es evidente que la lista de saqueadores es más larga, los invito a completarla.

Pero así como se dio esta conducta propia del modelo, por un lado los saqueadores ocasionales que fueron primero estimulados y luego demonizados por los medios de comunicación, y los saqueadores permanentes de Chile que se tomaron los medios de comunicación para ofrecer las mejores ofertas para los terremoteados y quedaron como salvadores de la patria por su altruismo, si tu compras un ladrillo yo pongo otro ladrillo.

II EL APARATO ESTATAL

Nadie duda que la presidenta Bachelet se la jugó con valentía y con mucho corazón. Pero ese día la mayor sensación que sintieron los chilenos, especialmente los de la zona cero, fue desamparo e incertidumbre.

Al aparato estatal con su poder ejecutivo y legislativo, FFAA, etc., se lo tragó el tsunami de la desinformación y las comunicaciones. Quedaron incomunicados entre ellos, tratando de utilizar la red de telecomunicaciones comercial (Celulares e Internet).

La tónica de las primeras horas fue la lentitud con que actuó el gobierno y sus organismos encargados primero del diagnóstico y luego la instrucción de alerta temprana frente a un posible tsunami (SHOA, ONEMI, Ministerio del Interior).

Las ciudades de la zona cero como Concepción y Talcahuano, totalmente asoladas sin agua ni luz, sin comunicaciones, sin alimentos. Las autoridades desaparecieron y luego vino el desgobierno y la aparición de los saqueadores por un día, tal vez dos o tres. Desde los que querían realmente asegurar su alimentación, hasta los que aprovecharon las circunstancias. Tal vez los saqueadores fueron cinco mil, frente a una población de 500.000 personas en el gran Concepción. O sea la gran mayoría esperó confiada que las autoridades fueran resolviendo los grandes problemas de alimentación, agua y luz.

Pero eso no ocurrió. Al Intendente Jaime Tohá se lo tragó la tierra y la Alcaldesa, antes que de Talcahuano, estaba más preocupada de sus salidas mediáticas llenas de histeria en una TV que buscaba el mejor ángulo de la tragedia que servir como vehículo de información verás (se dio el caso que El 13 daba una alerta de tsunami on line, el Jueves 4 de Marzo, que resultó falsa).

Ocurrió que el gobierno, en vez de sacar los milicos para repartir alimentos como primera prioridad, los sacó para cuidar la sacrosanta propiedad privada en manos de los saqueadores permanentes de Chile. Y el estado pasó a jugar su papel histórico de gendarme de los dueños de Chile.

También ocurrió que cambiaron las autoridades y llegó PIÑERA con su Dream Team a salvar a Chile. Tal vez Piñera podría haber hecho un gran aporte con la venta de LAN.

III REFUNDAR CHILE EN COMUNIDADES

Pero los vecinos no esperaron y se organizaron en forma espontánea para obtener agua, obtener alimentos, realizar autodefensas y vigilancias para defenderse de los rumores y las turbas fantasmas.

Fue el momento en que se conocieron muchos vecinos, al calor de las fogatas nocturnas, fueron momentos en que conversaron en la necesidad de conocerse más y organizarse, en acercarse a las Juntas de Vecinos, en no encerrarse en los ghettos del temor.

Se conocieron las historias llenas de heroísmos de niños, jóvenes y padres que arriesgando sus propias vidas, salvaron muchas personas. Los bomberos y carabineros con sus pocos recursos de salvamento hicieron el máximo esfuerzo. El guanaco y el zorrillo no sirvieron de nada.

También salieron los jóvenes a hacer trabajo voluntario a los pueblos más olvidados como Tubul, Llico, o donde no llega ni la tele ni la ayuda estatal.

En fin, se empezó a mover un chile que no sale en la tele, un chile que quiere curar sus heridas, que a partir de esta gran tragedia quiere volver a lo verdaderamente humano. Un Chile que quiere volver a retejer ese tejido social destruido por un sistema individualista y tecnócrata.

Entonces aparece la gran necesidad de gestar comunidades como algo propio de la naturaleza humana.

2010, Año del Gran Terremoto al Modelo Económico, Social y Político de Un paisaje que cuelga de la cordillera de Los Andes llamado Chile

NOTA. Todo lo que se indica aquí  no me lo contaron

Crónicas desde una ciudad en furia

CUANDO EL TERREMOTO RESQUEBRAJÓ EL SUTIL CASCARÓN DEL SISTEMA

Eduardo Ampuero C.

Director periódico LaCélula

Restablecida la energía eléctrica y el agua, superada la tensión caótica de los primeros momentos desde el terremoto (aunque siguen fuertes réplicas), pasando por los asaltos, saqueos e incendios, nos damos a la tarea de un primer análisis de la situación que se expresa a partir de esta alteración extraordinaria del orden. Se manifiesta –más allá de las reacciones administrativas y del funcionamiento de la producción-, la brutalidad profunda de la desigualdad y el salvajismo del sistema.

Ha bastado un remesón natural, un fuerte golpe al funcionamiento de la sociedad, para dejar en evidencia realidades profundas y aparentemente ocultas. Como en un laboratorio, nos hallamos ante la reacción de los elementos sometidos a pruebas.

Sucedido el terre-maremoto de la madrugada del 27 de febrero, la reacción de la autoridad política fue desastrosa, a pesar de que el gobierno desplegó publicitadas campañas anticatástrofe, y ello le trajo otra catástrofe, esta vez política. Todo el bono reunido por Bachelet cayó por los suelos. La reacción para enfrentar las terribles consecuencias inmediatas del terremoto y de la siguiente avalancha social, resultaron acciones tardías y sin fuerza. Minimizó los efectos del terremoto, equivocó las decisiones de emergencia y no evitó la desgracia del maremoto que sobrevino, no movilizó a tiempo las fuerzas del Estado, las medidas de emergencia, sus instituciones de salubridad, etc. Pareciese ser que todo lo que actuaba era por cuenta propia. Quedó la impresión que la Concertación sólo preparaba su “bajada del barco”. Casi al instante, en cambio, las turbas vaciaron supermercados, farmacias, bencineras y lugares de alta necesidad durante catástrofes (así como otros de suntuarios). El gobierno no reaccionó o lo hizo muy mal. Los primeros dos o tres días causaron pánico en una población choqueada y aterrada por el pillaje y el desorden.

Paradojalmente, bomberos suministraba petróleo a fuerzas armadas y hospitales; mientras las comunicaciones quedaron completamente cerradas, una emisora comercial resolvía el problema básico de la comunicación y la coordinación… Quedó en evidencia que la autoridad política en todos los niveles no contaba con una red efectiva de articulación social de emergencia.

El espectáculo de las calles inmediatamente el terremoto (tsunami incluido), confundió a la mayoría, sorprendida por la invasión de millares de pobladores marginales que saqueaban todo lo que contenía algo de valor o que representaba algún lujo. Incomprensiblemente para las circunstancias, lo más codiciado fue el televisor plasma. La inseguridad sobrepasó a todo el mundo, no solamente a las villas de clase media alta, sino que también a los barrios proletarios, a los sectores de empleados… a todos. Con esta sacudida, reventó por algún lado una valla divisoria entre poblaciones socialmente segregadas. Los más pobres entre los pobres, los más ignorantes y dañados (los más vulnerables, según el renovado lenguaje de la asistencia social), saltaron el muro y corrieron a tomar todo lo que pudieron y de lo que se han sentido privados, seguidos después por otros sectores de gente. No la comida para la emergencia, no el agua que escasearía producto del colapso de las redes y del sistema energético, sino que aquello que simboliza valor en la sociedad de consumo, aquello que algunos alcanzan con mucha dificultad y que otros han tenido siempre y que no concebirían que se les pueda privar.

El alcohol más caro, la carne, sillones elegantes, televisores de alta tecnología, en fin, y dinero, el preciado y divino dinero. La sociedad del consumismo vio a sus hijos olvidados tomarse los palacios de distribución del placer y de la abundancia. Ante la ausencia de reacción, en un momento las bandas se reunieron en esos lugares y los usaron de cuarteles para determinar, en un colectivo guiado por toscos caudillos, los próximos pasos, a su manera, con su precariedad y con su instinto de manada. Si alguna fuerza les impedía apoderarse completamente de un centro comercial, lo quemaban (algunos, atrapados, purificaron de esta forma horrible todo el odio contra una sociedad cruel, ciega y desequilibrada, contra esta suerte de padre enfermo e injusto que les cría y abandona como animales).

Enseguida, se retiraron con sus carros de supermercados llevando sus botines a sectores tranquilos, donde montaron campamentos improvisados. En unos cerros, junto a exclusivas villas para la sociedad alta, uno o dos millares instalaron un verdadero pueblo, donde gozaron por un par de noches de asados y licor sin medida, compartieron sus nuevos y pequeños trofeos sentados en las sillas más elegantes. Hasta que el ejército, finalmente movilizado, y la policía, los corrieron de allí para alivio de sus vecinos espantados y escondidos en casonas. Los marginales no opusieron resistencia, porque si algo han aprendido bien es a sobrevivir, a ser “vivos”. Su problema no es el poder –aunque por momentos se extasiaron con su sabor-, su problema es el placer inmediato de una vida que se escapa cada día, el aprovechamiento ocasional y oportunista de todo lo que se les niega.

En este sentimiento de control de los más miserables se manifestaba un profundo resentimiento, no explicado en sus propios corazones, pero que tampoco sabrían por qué habrían de explicarse. Miraron a los pobladores de barrios medios y a los trabajadores menos precarios con burla y desprecio, expresaron su resentimiento en tanto tuvieron oportunidad, no con la violencia física como con las palabras: “ricachones”, dijeron, “ustedes no han pasado hambre”… Pero eran manifestaciones de sentimiento más que de claridad, confundiendo toda categoría de diferenciación social: existen la marginalidad y los “ricos”, es decir, los que algo tienen, los que, indistintamente de si con mucho o con ningún esfuerzo, pueden comprar un “plasma”.

De alguna forma, los jóvenes del lumpen han encontrado la oportunidad del caos para existir y se resisten a perder la oportunidad. Asaltan consultorios, atacan a bomberos e incluso a camiones que reparten agua para las poblaciones.

La reacción de la sociedad demoró, pero llegó. A los dos días se organizaron los que no se conocían entre sí en todos los barrios. Se armaron barricadas en todas las calles y pasajes con todo lo que hallaron, principalmente escombros del terremoto. Se armaron con palos y algunos vecinos prepararon viejas escopetas y pistolas. En los sectores más bajos con sables, guadañas e incluso armas de fuego hechizas, las mismas que se usan para defenderse en peleas callejeras o asaltos. La psicosis colectiva corrió rumores terribles acerca de invasores de barrios lejanos. Carros robados de los mismos supermercados asaltados, sirvieron para cerrar caminos en las poblaciones más miserables, para enfrentar a atacantes de barrios rivales que quisieran apoderarse de sus calles. Hubo pequeños conatos y alguna violencia, grupos disuadidos, aunque francamente con poca pelea para tanto pertrecho; hubo jóvenes ladrones heridos, apaleados por pobladores o policía. (Encontré ayer en Concepción a un lotino con una brazo inflamado, “me dispararon un escopetazo, papito, tengo la mano llena de perdigones”).

Restablecido lentamente el orden por el Ejército y el toque de queda, las detenciones y las palizas fueron marcando el compás. La gente decente –como se ha catalogado a todo el que no saqueó el comercio y que sufre la carencia- pide en la calle represión. Ante las detenciones callejeras, la masa ha gritado “¡Mátenlos! ¡Mátenlos!”

Ciudades y pueblos, con el aspecto devastado de una guerra urbana, comienzan a recuperar el control. Pero ¿qué nos deja este evento para el análisis de la realidad social?

En primer lugar, que el lumpen ha experimentado un proceso de desarrollo no atendido a cabalidad. Los más pobres han sido lanzados desde siempre y sobre todo desde la dictadura a los extremos, al margen urbano, formando gethos de marginalidad. Se han encerrado ahí los campamentos de pobladores, de obreros precarios, desempleados, casi inmovilizados en su pobreza. Las generaciones que incuban han conocido la miseria y la ignorancia, y han ido resolviendo un futuro sin expectativas a través de una sobrevivencia violenta, aprendiendo del oportunismo para obtener lo que una vida de trabajo humilde no les dará, pero que la sociedad a través de todos los medios se encarga de representarles como lo que realmente tiene valor: imagen de brillo y distinción, de éxito y placeres banales, de lujos o alta tecnificación al extremo del absurdo (sea de los electrónicos o del diseño de zapatillas); la sociedad consumista y arribista les invita todos los días a codiciar y le enseña a envidiar, les forma en la filosofía que dice que al mundo le mueve el egoísmo y que el individuo es por naturaleza competitivo. Ser “ganador” es el único y verdadero camino. La sociedad neoliberal ha levantado como ofrenda a sus nuevos dioses la hermandad crucificada sobre el altar de su devoción. El camino sufrido y no exitoso del obrero, del que probablemente seguirá cesante, sin preparación para una movilidad social elitista y esquiva, no es el camino de la juventud marginal. Desde la dictadura, el lumpen ha crecido y produce rápidas y nuevas generaciones enajenadas, sin proyecto ninguno más que el día a día. Naturalmente, la delincuencia y el narcotráfico (buen oficio para obtener lo inalcanzable), tendrán sus nidos principales en estos sectores, resignando a las viejas generaciones proletarias a su realidad aplastante.

La “política social” de los gobiernos neoliberales ha hecho la parte amable de esta construcción, cediendo cuotas o migajas de beneficios, manteniendo la pobreza, ofreciendo monedas o canastas familiares para lisonjear a quienes serán sus clientes electorales o harán su propaganda en calidad de temporeros en época electoral.

Es la contradicción y el sin sentido insultante de una sociedad que se representa a sí misma como pujante, mientras se divide entre los que tienen la mansión junto al lago para pasear una vez en el verano, ostentando sus comodidades, sus autos lujosos por todos los medios, día tras día, ante otros que apenas conciben la idea de la casa, que se saben ellos mismos y sus vergonzosas realidades, invisibles.

Se juzga la delincuencia y la barbarie del lumpen en tanto los poderosos de los bancos y de las grandes empresas hacen su propio negocio en la desgracia. Aparecen en medio del desastre ofertando a toda página créditos, sacando cuentas de nuevos negocios tanto o más provechosos para sus arcas. Las empresas constructoras que han visto caer sus nuevos edificios, algunos con seres humanos que confiaron en su oferta, se encierran por días sin decir palabra, calculando sus pasos. Inician ahora acciones legales para que los edificios que deben ser derribados, no lo sean. El jefe de la Cámara de la Construcción se mofa de las críticas diciendo que los edificios inclinados se pueden comparar en su valor cultural con la Torre de Pisa. Después de un largo silencio, SOCOVIL, la empresa que acababa de entregar el edificio tristemente emblemático (y “económico”) Alto Río, volcado horrorosamente como una caja de cartón, ha declarado la responsabilidad del ingeniero calculista y puesto en claro: la empresa está libre de toda responsabilidad.

La brutalidad del lumpen no se compara con la lógica bastarda de los empresarios. El nuevo y multimillonario presidente ha ofrecido durante la catástrofe “prestar su camioneta” para las acciones de salvataje. ¿Pero cuál será la “vuelta de mano” del empresariado para con la recuperación nacional? ¿Recordarán haber sido favorecidos por la Nación (con pretextos patrióticos), cuando no salvados en circunstancias de crisis? El país paga, los ricos solamente cobran.

El sistema neoliberal ha generado toda esta injusticia y este salvajismo, ha desunido al pueblo que de pronto siente la necesidad desesperada de reunirse para proteger sus vidas y sus mínimas propiedades. (Por otra parte, no ha logrado la izquierda resolver este problema de organización y ello es otra causa de la marginalidad política. Las organizaciones populares de antaño, como la CUT, se han visto sobrepasadas por la fuerza de la desgracia, impotentes para emprender campañas que los vendedores mediáticos y comerciales como Mario Kreutzberger toman rápidamente antes de que el “negocio” se lo apropie alguien más).

En Concepción ha caído desde su pedestal la estatua de O’Higgins. El bicentenario se inicia para el país con una desgracia y con una radiografía nítida de su miseria profunda.

Un terremoto de prioridades y un maremoto de urgencias

Manuel Luis Rodríguez U.

coyunturapolitica.wordpress.com

¿Se puede hablar de política cuando un país está desvastado por un sismo de grado 8.8º y un maremoto enorme?

Si, porque las decisiones que tienen que tomarse son decisiones políticas y quienes las tienen que tomar son políticos.

Si, porque el impacto del sismo y del maremoto repercuten hoy y repercutirán despues del 11 de marzo sobre el conjunto de la gestión de gobierno y del Estado.  Las dimensiones humanas y materiales del desastre aun no terminan de cuantificarse (se habla de 30 mil millones de dolares y aumentando…) y el sufrimiento de casi dos millones de compatriotas no alcanza a ser medido por los reportajes de la televisión y los medios de prensa.

No es aventurado decir que el país ha retrocedido por lo menos 10 años en su desarrollo, dada la magnitud de la destrucción de infraestructura, de edificios publicos y privados, de viviendas, carreteras, puentes, calzadas.

Pero tambien hay que decir que la pobreza (esa pobreza profunda que las cifras dicen que ha estado disminuyendo) ha quedado al descubierto nuevamente (a la faz del mundo y ante nuestros ojos), porque los territorios y sectores sociales mas golpeados por el sismo y el maremoto son los pobres, las poblaciones pobres, las comunas pobres, las caletas pobres, los barrios pobres.

Cada vez que la naturaleza se pone insolente con los chilenos,  queda al desnudo la insolencia de la pobreza en que viven muchos chilenos.

Este desastre necesariamente obligará a redefinir las prioridades del proximo gobierno, reorientando recursos a la necesaria reconstrucción, aunque ya sabemos la receta neoliberal que se aplicó en Irak despues que EEUU destruyó la infraestructura pública irakí (aunque la metáfora pueda resultar forzada): los invasores estadounidenses trajeron empresas estadounidenses, para que hagan el negocio de la reconstrucción en el país desvastado por los bombardeos estadounidenses…

La receta neoliberal es siempre la única receta que se les ocurre a los políticos y gobiernos que tienen en la mente el mercado, pero que olvidan al Estado y a la ciudadanía a la hora de resolver problemas reales.

Negocio redondo es el que se hizo en Irak y el que podría hacerse en Chile: ¿el gobierno de Piñera entregará a unas cuantas empresas privadas el gigantesco y lucrativo negocio de la reconstrucción de carreteras, puentes y otras tantas obras públicas tal como el negocio de las licitaciones y concesiones (inventado por la Concertación) enriqueció a unas cuantas empresas chilenas y extranjeras?  O sea, con plata de todos los chilenos, ¿unas pocas empresas constructoras se harán aun mas millonarias y poderosas?

Y aprovechando la necesidad de trabajo y los recursos fiscales disponibles, el futuro gobierno ¿nos va a sorprender con empleos precarios tipo PEM y POJH pagados  a 100 “lucas” mensuales, con tal de llenar las cifras oficiales de empleo del INE y así mostrar que se “cumplieron las metas”?  ¿Y nos dirá Piñera y sus equipos empresariales, que no hay presupuesto ni reajuste para los sueldos y salarios de los trabajadores, trabajadores que serán precisamente los que con su trabajo van a reconstruir Chile?

Mientras tanto, caletas pesqueras completas han quedado arrasadas por un maremoto o tsunami que la Armada de Chile fue incapaz de prever ni de anticipar; mientras poblaciones, obras publicas y edificios han quedado inhabitables e inutilizables porque las empresas constructoras lucraron con la pobreza de la gente y los recursos fiscales, y los servicios públicos hicieron la vista gorda complice con las autorizaciones para construir edificios, puentes, carreteras y pasarelas que parecen hoy de cartulina o de cartón.  ¿Alguien podría afirmar hoy decentemente,  que el “modelo de concesiones” ha resultado un exito?

Se nos viene un terremoto en las prioridades gubernamentales (el gobierno proximo seguramente usará la reconstrucción como argumento para justificar restricciones, tal como Pinochet justificó la represión bajo el argumento de su reconstrucción) y se nos viene un maremoto de urgencias (empleo, viviendas, escuelas, medicamentos, puentes, aumentos de sueldos, reajustes, calles,  deudas históricas, veredas, muelles, caminos, carreteras…).

Manuel Luis Rodríguez U.

Lecciones de una tragedia olvidada

M. Eugenia Santis D.

En estos momentos han surgido voces de muchas personas proponiendo qué hacer, según las circunstancias, y literalmente, “se tiran los pelos” por las decisiones que se han tomado (algunas con la consecuencia de cientos de damnificados y muertos, como fue la de no avisar a tiempo del Tsunami). Me han llegado correos proponiendo solidaridad, terminar con el individualismo; que se decreten medidas de buen sentido repecto a los cobros de marzo, en fin…Pero siento que a mis compatriotas se les olvida que nos gobierna el sistema de mercado. Y bien sabemos que este sistema no perdona. Todo se resuelve desde la perspectiva de clase. La ayuda no utiliza redes sociales para ser distribuida porque NO LAS CONOCE; este gobierno no tiene consigo ni cuenta con la gran masa de trabajadores.

Creo que es el momento de traer a colación una experiencia de nuestra historia frente a un terremoto que, por primera vez fue enfrentado por el pueblo y sus autoridades:

el terremoto del  8 de Julio de 1971 (23:04 hrs ), un terremoto de magnitud 7,75 en escala de Richter sacudió la zona central de Chile.Las ciudades más afectadas fueron Illapel, Los Vilos, Salamanca, Combarbalá y La Ligua, aunque fue percibido entre Antofagasta y Valdivia.

A tres días de la catástrofe, el presidente Allende pronunciaba un discurso en Rancagua, el 11 de Julio, con motivo de la nacionalización de la gran minería del cobre y hacía un detallado balance:

“En este día, que debía haber sido de plena alegría, el pesar y la congoja viven sus horas largas en los hogares de miles y miles de chilenos, con 82 muertos, 182 lesionados graves, 80 menos graves y 185 lesionados leves, que son el reguero de pesar que deja el sismo. Sin embargo, hay algo más. Y hay algo más que, por cierto, no puede compararse con las vidas de personas y los hombres y mujeres que podrán quedar inválidos Y que tendrán, muchos de ellos, aunque heridos no muy graves, largos días para poder reincorporarse a sus hogares y a la producción; estas provincias han sido azotadas en el campo, en la industria, en los servicios públicos fundamentales. En el caso, por ejemplo, de Valparaíso, las industrias textiles fundamentales, y un número crecido de industrias pequeñas y medianas, no podrán seguir trabajando de inmediato. Ello significa amenaza de cesantía e inquietud para muchos hogares.

“De la misma manera, ocurre en el departamento de Petorca y en Illapel. También hemos sufrido seriamente daños en la planta de ENAMI en Las Ventanas, en el puerto de San Antonio y en la ENAP de Concón. En cuanto a los servicios públicos, el daño es muy crecido en los hospitales. Diecinueve de ellos están inservibles, fundamentalmente los de Combarbalá, Illapel, Melipilla y Casablanca. Un somero estudio significa que debemos invertir más de nueve millones de escudos para reparar los hospitales y los consultorios. También hay que señalar la destrucción de un número crecido de oficinas públicas y no menos de cuarenta comisarías y retenes de Carabineros. Quiero señalar la magnitud del sismo diciéndoles a ustedes que en la provincia de Coquimbo el 30% de las viviendas están dañadas. En Aconcagua, el 40%, en el departamento de Petorca. En Santiago, el 4%; en Valparaíso y Viña, el 32%. Un dato más preciso nos hace ver que en Illapel hay 718 casas que no pueden ser habitadas y 298 semidestruidas. Es por eso que este día, que es el día de la dignidad, tiene que ser el día de la solidaridad, y aquellas provincias y aquellos hombres y mujeres de Chile que fueron azotados por el viento, por la lluvia y por la nieve, tendrán que tener coraje como el resto de nuestros compañeros, como el resto de los ciudadanos, para levantarse y estar junto a las provincias azotadas por el terremoto. Así, Chile demostrará su entereza y la voluntad del pueblo.”

Disculpen que me haya extendido con la cita, pero era importante: para señalar que el Presidente tenía, a tres días de la tragedia, un balance completo de los daños y las tareas por hacer. Y no por un grupo de iluminados. Tenía una gran red nacional y social. Las redes de apoyo funcionaron al segundo. (Sin internet, sin celulares, con escasos telefonos fijos, menor cantidad de vehiculos, etc). Pero quiero ir mas allá: los propios trabajadores, luego de sus jornadas, iban a realizar trabajo voluntario. Porque el pais .-que eramos todos- se sentia incluido, incorporado, participando en la reconstruccion como algo propio. Por mi parte, como estudiante de primer año de arquitectura en la universidad, me avisaron que habia que ir a clases, y al llegar me encontré el patio lleno de compañeros, de cursos mas avanzados, construyendo mediaguas en el patio. Ellos tenian una meta que cumplir en una semana. Los profesores nos organizaron en grupos y, supervisados por los ayudantes, fuimos a evaluar los daños de las edificaciones de la zona norte de Santiago, (entre Independencia y Vivaceta me toco a mi). Con plazo fijo. Con informe y plano. Con nota tambien. Así estuvimos trabajando varias semanas. Porque eramos un recurso. Se llenaron los muros de las ciudades de pinturas y afiches alegres alusivos a esta reconstruccion. Es que era el gobierno de todos. A todos nos afectaba. Todos eramos importantes. Y entre todos salimos adelante. Antes de 18 hrs ya habia hospitales de campaña funcionando. La red de solidaridad funcionaba sola, sin necesidad de grandes discursos ni “retos”, con escasos medios económicos. En pocos meses se salió de la emergencia, pero no fue obra del gobierno de “alguien”: fue obra de todos nosotros.

A cuatro días del actual terremoto, sólo unos cuántos conocen las verdaderas cifras de afectados, la canalización de la ayuda; el catastro del daño a las infraestructuras y viviendas, en fin. A la salida del gobierno concertacionista, es difícil esconder el drama que no quería mostrarse: la pobreza encubierta en que vive la mayor parte de nuestra población en regiones. El desprecio con que las inmobiliarias construyen en Comunas que no son de la burguesía. La desregulación de todo (incluida norma antisismica, bases de concesiones viales, etc) para que nada impida la circulación del capital.

A la soberbia de los primeros momentos :”tenemos los recursos”, tal como me dijo un amigo: “el afán era mostrar que este país del primer mundo que han construido, era

capaz de resistir”, ha seguido necesariamente la ineptitud, la descoordinación, el pecho hinchado pronunciando discursos de clase, sin miramientos hacia la gran multitud que espera se le resuelvan de verdad los cinco aspectos básicos de sobrevivencia indicados por la OMS: agua, alimentos, luz, techo y abrigo.

Lo que más ha preocupado a los gobernantes concertacion-alianza y que ha sido aplaudido por los medios de comunicación (para que toda la población lo repita como loro) es “la seguridad y el orden”, que se traduce en volver a ver a los militares dueños de  las calles y con toque de queda. Eso es lo que mejor saben hacer. El pueblo sólo es mencionado para ser calificado de vándalos, hordas de asaltantes, ladrones de la sagrada propiedad privada. Bien bonito el paisito que nos deja esta cofradía!

Concluyo citando a mi amigo: “No queda otra solución que pensarnos a nosotros mismos como sujetos sociales. Capaces de encabezar nuestras soluciones en cada momento, incluidos los fenómenos de la naturaleza.” Y agrego: y recordar la historia.

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