Juan Segundo Leiva
Para nadie ha sido una sorpresa: el nuevo gabinete del multimillonario Sebastián Piñera debía ser una selección ad hoc a la representación pura de la elite empresaria.
De los 22 del Gabinete, al menos 14 socios de grandes empresas, 9 directores de empresas. Muchas de estas empresas acrecentaron considerablemente sus capitales bajo la dictadura militar. La dictadura desató un proceso de privatización acelerado que significó que más de treinta empresas nacionales fuesen vendidas a bajo costo a privados; es el caso de la empresa estatal LAN Chile, que Piñera adquirió en el 27% y cuyas acciones ha vendido ahora en más de mil doscientos millones de dólares. Nada que deba extrañar, es la política que impuso el “Consenso de Washington”, que desde los ’90 significó el condicionamiento de ayudas del FMI y del Banco Mundial a que los países pongan sus empresas estatales en manos de la gran burguesía[1]. En el fondo se cumple aquello de que toda gran acumulación de capitales tiene su origen en el robo. Es el reino a merced del libertinaje de mercado al que le llaman “consenso”.
14 se formaron en la Pontificia Universidad Católica, reserva ideológica del más reaccionario conservadurismo nacional, “alma mater” de Jaime Guzmán, el abogado pródigo de la Constitución del ‘80. Nótese que unos 13 ministros realizaron postgrados en universidades de Estados Unidos, capital del imperialismo occidental, principalmente en Harvard y Chicago. (No contamos a Jaime Ravinet, que estudiaba en USA cuando aconteció el golpe y que retornó en 1974 a Chile, y no precisamente para resistir al fascismo). Es interesante que de los 22, 14 sean ingenieros y que de ellos 9 se especializaran en comercio, incluidos los ministros de Educación y SERNAM.
El modelo neoliberal se diseñó en laboratorios de USA y en sus academias se preparó a la juventud dorada de la burguesía para que implementara el modelo tanto en lo económico como en lo ideológico y político, para lo que se diseñó un plan que se sirvió de las tiranías golpistas latinoamericanas (Brasil 1964, Perú 1968 y 1975, Panamá 1968, Bolivia 1970, Uruguay 1973, Chile 1973, Ecuador 1976, Argentina 1976, El Salvador 1979…). Estos vínculos no nos son extraños, archivos oficiales de la CIA reconocen al padre de nuestro nuevo presidente como uno de sus antiguos agentes en Chile[2]. Por lo mismo, podemos decir que los “Chicago boys” regresan ahora en gloria y majestad, por gracia de una Concertación que se sumó al plan maestro.
No nos puede ser indiferente que muchos de los ministros coincidan como socios de poderosas empresas. Por ejemplo, entre los propietarios y directivos de la U. del Desarrollo se encuentran Lavín y Larroulet; en la Clínica Las Condes Mañalich y el mismo Piñera, que acaba de vender sus acciones en 37 millones de dólares. Y así también muchas carteras coinciden con las actividades comerciales de los designados para “servir al país”. Es el caso de Mañalich, que siendo uno de los dueños de la Clínica Las Condes y dirigente de la Asociación Gremial de Clínicas y Hospitales Privados, asume el Ministerio de Salud; Golborne, que siendo ejecutivo y socio de diferentes empresas en las que figuran las mineras, asuma la cartera de Minería; que Lavín, dueño de la U del Desarrollo, tome Educación, y así. A esto la derecha le llama “poner gente experta”.
Todo el discurso hipócrita de los partidos (de los “señores políticos”, como decía el tirano), de los técnicos y los independientes, no es más que charlatanería. Detrás de estos intereses hay un solo gran partido, el de los empresarios y patrones.
En fin, la suma de datos comprueba lo que hemos dicho: a la burguesía no le basta ya con enajenar a la masa y continuar administrando el modelo, ahora requiere pasar a otra etapa más voraz, en la que no son útiles en el poder político los intermediaros timoratos. Los cambios de opinión del gabinete Piñera sobre las ofertas de campaña, ad portas de asumir el triunfante candidato, son parte del circo. La nueva administración se ríe del presupuesto social, le es suficiente con hacer la fiesta de los bonos y canastas familiares, un fraude considerando los altos costos sociales que implicará la pérdida de derechos laborales y la flexibilización del empleo, el mayor debilitamiento de la red de protección social, de los servicios públicos de Salud y Educación, ¿y qué decir de la previsión social y del sistema de AFP implementados por José Piñera[3] bajo el régimen de Pinochet? Se dará uso ilimitado a la enajenación de conciencias a la hora de menoscabar la soberanía económica y política, para rematar los recursos estratégicos, debilitar el Estado nacional, ahuecar la difusa idea de cierta democracia lejana. Parafraseando a Vicente Huidobro, podríamos decir que sólo falta que estos señores vendan la Declaración de la Independencia al mejor postor.
No resulta raro que los dirigentes sindicales no puedan tomar parte del Parlamento por disposición legal, sin embargo, es completamente lógico que sí pueda hacerlo el empresariado, y que ahora ocupen toda la dirección del Estado directamente con sus prohombres. Gobierna el sentido común de la masa, que no es otro que el que hegemoniza desde dentro la burguesía: “hay que tratar bien a los ricos, porque ellos ponen la plata” dijo el tirano una vez. De tal manera, se ha encarnado al fin en el poder la dictadura más descarada y abierta de la gran burguesía.
Mientras la mayoría no logre sacudirse el inmediatismo y no se haga de voluntad de poder, el camino se presenta difícil para los luchadores sociales. Las consecuencias se expresarán en toda la línea y sobre todo en las masas trabajadoras. Es el pueblo el que en carne propia sacará las cuentas de su apatía y de su ilusión del “cambio” de jugadores, de su confianza en un Estado ajeno. La burguesía, insaciable, seguirá su sino: el de la máxima acumulación. Inevitablemente, es parte de la cruda suma de experiencias.
La izquierda revolucionaria también debe sacar sus cuentas y estimar adecuadamente el escenario, debe expresar en conciencia plena esta cruda suma de experiencias. No puede hacerlo plenamente y con sentido estratégico si no asume sus propias debilidades. El planteamiento del PC entorno a un camino democrático es también parte de esta necesaria discusión, donde los debates deben recoger aportes que permitan profundizar el asunto de la relación táctica (pasos) y estrategia (objetivo final). Lo que es indudable es que la política de Revolución Democrática es (y debe ser) mucho más que una política de tácticas.
[1] Puede hallarse abundante información acerca del Consenso de Washington. Sobre sus efectos indicamos un par de visiones divergentes:
Manuel Riesco, “El curso de la crisis”, 2008, publicado por CENDA, http://docs.google.com/Doc?id=dhk3bdnd_966d66vgpgh
Josep Mària Serrano, Centro de Estudios Cristianismo i Justícia, http://www.fespinal.com/espinal/realitat/pap/pap46.htm
[2] Francisco Herreros. El Dossier Piñera en el Archivo de la CIA. El Siglo, 24 al 30 de julio de 2009. Alojado en www.archivochile.com/
[3] Ricardo Lagos, presidente de Chile, diría: “Nos reunimos para celebrar los 21 años de un sistema que ha funcionado y que ha sido exitoso, y que ahora lo perfeccionamos porque vamos a tener 5 fondos” (Palacio de La Moneda, 2/8/02).
Alejandro Foxley, ex Ministro de Hacienda del Presidente Aylwin y ex Ministro de RR.EE. de la Presidenta Bachelet, acerca del sistema de AFP en Chile a un medio televisivo: “La idea de ensayar una propuesta tan radicalmente distinta (el sistema de capitalización) fue muy audaz en su momento, tal vez incomprendida, y a la larga creo que fue una decisión acertada. De hecho, muchos países están siguiendo a Chile en esta materia“.
René Cortázar, Ministro de Transportes de la Presidenta Bachelet, y ex Ministro del Trabajo del Presidente Aylwin, afirmó: “El sistema de capitalización ha sido un producto de exportación de Chile, y la verdad es que no conozco otro producto de exportación chilensis en materia de innovación institucional además de éste, probablemente porque a los chilenos nos cuesta inventar cosas nuevas” (XI Congreso de Finanzas y Negocios, ICARE, 1/9/05).
Pueden encontrar esto y más en la página de José Piñera: http://www.josepinera.com/pag/pag_tex_contraroyalty.htm

