Respuesta a Juan Golpe

DEMOCRACIA VERSUS NEOLIBERALISMO, COMENTARIOS PARA UN ANÁLISIS CRÍTICO DE LA CONTRADICCIÓN PRINCIPAL

(Respuesta a Juan Golpe)

Juan Segundo Leiva

A días de concluir 2009, publicamos carta de nuestro amigo lector Juan Golpe. Quiero hacer honor a su ánimo de dialogar desde la polémica propuesta con respecto a la contradicción Neoliberalismo versus Democracia (en adelante N-D), definida por el Partido Comunista de Chile para la aplicación de su política. Un tema acuciante en el contexto previo al XXIV Congreso de la organización y en un momento de nuevas y dramáticas definiciones. Y quiero ratificar de esta manera la valoración que hacemos del debate como ejercicio dialéctico, colectivo, constructor de ideas.

En primer lugar, aclarar que usamos el concepto de contradicción en tanto categoría científica enmarcada en un método de análisis propio -aunque no exclusivo- del marxismo. Precisamente, en el uso de las categorías empleadas por Marx y Engels (y posteriormente por todos los que han acogido esta teoría) el concepto de contradicción es inseparable de la interpretación según la cual el movimiento de la historia está dado por la lucha de clases, es decir, por la dinámica generada en el antagonismo entre explotados y explotadores. En esta cadena dialéctica y en tanto existan las clases sociales, necesariamente un grupo (el que dirige y se sirve de las relaciones de producción) se apropia del poder político en favor de sus intereses de clase. Claro, no es así de simple. El movimiento histórico se presenta en diversas formas y con las múltiples complejidades (y contradicciones internas) de cada época o etapa de desarrollo. Este apronte al debate de la línea busca justamente que se dé lugar a un análisis que evite errores que costarían caros a los procesos de emancipación.

Por otra parte, el que Mao Tse-tung haya “desgranado”, por decirlo así, las contradicciones en principal y secundaria (y en las múltiples ramas de contradicciones posibles que se pueden desprender de una contradicción principal) no representa un fundamento teórico para el oportunismo. Creo que no es lo que Juan Golpe quiere decir, pero es necesario aclararlo. En lo esencial, la concepción de Mao de la contradicción, la noción de los opuestos (que puede confundirse, o enriquecerse quizás, con la visión oriental de los opuestos), no es diferente a la leninista. Resulta útil y necesario realizar una definición de contradicciones en la que se distingan las principales y secundarias, derivadas de la observación de grado y de profundidad del conflicto a resolver, según el lugar e importancia que ocupen en la determinación de las diferentes contradicciones para una estrategia auténticamente revolucionaria.

En segundo lugar, efectivamente, a partir de 2002 el PC de Ch concluyó que la contradicción principal del momento (sostenida hasta ahora) es N-D. Interesa a Juan Golpe esclarecer si esta definición es correcta, cuestión ante la que arroja el siguiente juicio, entre otros: la política del momento del PC de Ch ha sido capturada por la ola “movimientista”, con giros oportunistas que conducen peligrosamente hacia posiciones propias de la Tercera Vía o de la socialdemocracia.

Veamos. La potente aparición de los movimientos altermundialistas vino a imponerse a fines de los 90 y principios del 2000 sobre la dispersión de una izquierda acusada de “tradicionalista”, de una izquierda desencantada y cuestionada a consecuencia de las grandes derrotas de los 80 y 90, y, por otra parte, a merced de la reorganización del Capitalismo (iniciada en los 70-80) en una nueva fase con el modelo llamado Neoliberal. La cuestión es ¿Por qué el Socialismo no ha tenido la capacidad o la fortaleza para imponer sus postulados? En cambio, en una década los movimientos anti o alter-globalización y el movimientismo -en una variedad que va desde el zapatismo hasta ATTAC, desde propuestas como la “democracia participativa” hasta la Tasa Tobin- lograron canalizar inmensas inquietudes y catalizar debates que han cruzado fronteras[1]. El problema puede explicarse en parte en estos dos sentidos: 1) el escenario dibujado por esta suerte de “refundación capitalista”, y 2) la incapacidad teórico práctica del Socialismo de realizar un análisis del nuevo contexto y construir en el corto plazo un discurso para esta etapa, sirviéndose para ello de sus propios métodos teóricos.

Coincido con Juan Golpe en que el discurso de aquellos referentes desvían o por lo menos eluden la mira de tiro del objetivo revolucionario, es decir, de la transformación radical de la sociedad. En este sentido, son expresiones reformistas. A pesar de ello, debemos reconocer que tienen fundamento en necesidades complejas y contemporáneas, resultantes del avance del Capitalismo, del acelerado desarrollo tecnológico, entre otros, y que son también parte de las violentas contradicciones en las relaciones sociales y de producción, de la distribución de la riqueza y del poder. Las demandas de los movimientos en su diversidad de origen y contenido (de género, étnicos, medioambientales, etc.) coinciden, en general, en la necesidad de reformas políticas y geopolíticas (se habla de la nueva desigualdad Norte-Sur), coinciden en la necesidad de visibilizar sus problemáticas e incorporarlas en la arquitectura institucional, comparten la necesidad de oponer resistencia a la voracidad neoliberal. Coinciden, en definitiva, en “otro mundo” más plural y democrático. Mas no resuelven las contradicciones profundas que generan las injusticias y que se hallan en la desigualdad de las relaciones de producción del Capitalismo, mantenidas y protegidas por la clase privilegiada, la burguesía, que controla los centros de poder político-militar, los Estados capitalistas.

Creo que el error no consiste en la decisión de luchar por la conquista de Estados democráticos o en bregar por la soberanía de naciones y pueblos sometidos por la desigual relación del poder económico; la falta grave reside en la confusión y desidia -propia de las actitudes vergonzantes- que se instalaron en nuestra izquierda. Esta izquierda, sin necesidad de oponerse -sino que al contrario- a las reivindicaciones de aquellos movimientos sociales, debiese desplegar su discurso radical en la disputa con ideas reformistas, contra el oportunismo ideológico y político, y en favor del Socialismo.

Usemos un ejemplo clásico (antiguamente manido, actualmente despreciado u olvidado): la Revolución Rusa de 1905.[2] Los bolcheviques apoyan la constitución del gobierno democrático burgués encabezado por Kerensky para resolver la contradicción entre monarquía y democracia burguesa, que era la que se imponía. Kerensky pertenecía al ala derecha de la socialdemocracia rusa, pero con él y a través de las condiciones propiciadas por el sistema democrático parlamentario (la Duma), podría resquebrajarse el poder autocrático del imperio zarista, derrotando a la ultra derecha monarquista encabezada por Kornilov. Se trataba de obtener ventajas parciales para una todavía minoritaria clase obrera y para sus aliados del pueblo pobre, principalmente el campesinado. En esta forma, la resolución de una contradicción llevaba a la siguiente, igualmente existente, pero ubicada de una forma diferente según el avance del proceso.

Probablemente los bolcheviques no habrían podido hacer la revolución, dando tan gran paso (a la contradicción Capitalismo versus Socialismo) si no fuera por la guerra imperialista desatada por las entonces potencias económicas avanzadas (1914-1918). Esto no resta ningún valor a la audacia y brillantez teórico práctica de Lenin y a los excelentes resultados conseguidos por la ductilidad y, a la vez, firmeza estratégica de los bolcheviques. Es el producto de una interpretación correcta de las contradicciones, donde la contradicción Socialismo-Capitalismo no era suficiente para adaptar la acción a la realidad en el lapso vertiginoso que va de 1903 a 1917.

Es preciso determinar la(s) contradicción(es) del momento, que es como ir buscando en el camino las irregularidades y senderos que permiten decidir los avances cualitativos y cuantitativos, y que a veces obligan a dar pasos atrás o sortear lateralmente obstáculos. Es cierto que el Neoliberalismo es la expresión económica del Capitalismo, la que en la actualidad enfrentamos, en tanto modelo mundializado y en fase de ultra explotación. Sin embargo, si nos circunscribimos al término Neoliberalismo, no podemos hallar su opuesto en el de Socialismo (sería como oponer por igual moda y estilo). Es un problema fundamental de categorías. Por otra parte, el Neoliberalismo es una expresión esencialmente económica, si bien concita con él distintos aspectos no económicos. No siendo una categoría de orden rigurosamente política, por lo que oponer en su contrario “Democracia” es forzado cuando menos. En el caso de atenernos a la contradicción política tendremos que describir el carácter político particular que tiene el neoliberalismo en este momento, caracterizado por un imperialismo de los consorcios y los Estados capitalistas más poderosos, trasnacionales. ¿Cómo se expresa en nuestro caso, en el caso de Chile? ¿Democracia tutelada, antipopular, en la Constitución autoritaria, oligárquica y pinochetista? ¿Cuál es su opuesto en el caso que corresponda? ¿Democracia a secas, democracia burguesa, nacional, bolivariana, popular, antioligárquica…? Buen problema.

Como sea, podríamos concluir que existen errores no menores en la definición de la contradicción del momento.

Juan Golpe ha sugerido que el PC de Ch se ha dejado encantar por los cantos de sirena de un movimiento sin claro sentido clasista, es decir, por el ensueño que tanto cuestionó Lenin de una democracia suficiente en sí, perdiendo sus fines revolucionarios. Sería esto cierto (a nuestro pesar) si el afán fuese unirse a los movimientos altermundialización y antineoliberales con una actitud conformista respecto de la salida a “otro mundo” más democrático que intenta “humanizar” el sistema, un Estado con apellido conocido, “benefactor” o “popular”, o con algún otro apellido “moderno”… Nosotros no lo queremos ni lo entendemos así. Las alianzas que cruzan transversalemente un espectro de oposición al Neoliberalismo (incluyendo sectores sociales no revolucionarios, pero ¿es que acaso el campesinado ruso era revolucionario por definición?) sirven hoy a la acumulación de fuerzas para debilitar al extremo más reaccionario de la burguesía, a la par que da lugar a condiciones mejores para la elevación en cantidad y calidad de las fuerzas de la clase trabajadora (obrera) y de sus aliados en otros sectores de trabajadores y excluidos.

Lo que no debe distraerse es el punto donde la mira busca su disparo más largo: la contradicción Socialismo-Capitalismo. Por lo mismo, tendría razón Juan Golpe si la contradicción N-D condujera al oportunismo, a la repartición de cómodas cuotas de poder en la administración, en la burocracia, sin quebrar las relaciones impuestas por el capital. El PC se ha planteado a favor de sumar en la diversidad sin olvidar a la clase trabajadora en el centro, para preparar el terreno en que se organiza y lucha, en que la clase se fortalece y produce hegemonía propia en el conjunto social. Esto requiere una izquierda (y un partido de clase) con una teoría correcta aplicada a la observación del proceso. Corregir, entonces, la definición de la contradicción principal respecto de la compleja realidad actual, es de vida o muerte para el carácter revolucionario del partido.


[1] Su principal tribuna ha sido el Foro Social Mundial, cuya primera versión se realizó en Porto Alegre, Brasil, el 2001, y su medio principal de difusión es la revista Le Monde Diplomatique. En la actualidad el FSM ha perdido buena parte de su energía original.

[2] Ver Dos Tácticas de la Socialdemocracia en la Revolución Rusa, V. I. Lenin, Marxists Internet Archive, 2003. www.marxists.org/espanol/lenin/obras/1900s/1905-vii.htm

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