La columna de Uliánov

Uliánov

El Fracaso de la Crisis como Posibilidad

El fracaso de las acciones de la izquierda nacional a propósito de la crisis actual del neoliberalismo, resultan impresionantes. La aspiración al poder, sea por la vía armada de la insurrección (no se asusten, es sólo argumentativo), como por la vía de una huelga de masas que culmina en una sublevación nacional (les parece conocido este discurso), o aún mejor (¿o peor ?), por la vía parlamentaria, no ha dado ningún resultado y eso nos mantiene pordioseramente pidiendo migajas políticas. La posibilidad de la gestión democrática de base, predicada, sobre el modelo de los comités de defensa de la revolución o aún de los viejos soviets; la idea de una nueva cultura de trabajo manual e intelectual unido (Gramsci), con direcciones políticas rotativas (R. Luxemburgo), con autogestión económica, política y cultural de base (Salazar y su grupo). La idea de una revolución cultural que pueda crear un hombre distinto (Mao en su lado amable) al individuo de la sociedad capitalista. La idea de abolir la constitución, el estado, la moral, la familia, el arte burgués y crear un nuevo arte, una nueva moral, una nueva ciencia, nuevas leyes que le den efectiva cabida a la soberanía popular, nada de eso se escucha hoy a propósito de la bancarrota del neoliberalismo.  Las posibilidades revolucionarias de la crisis se desaprovechan por una evidente derechización de los análisis y discursos de la izquierda. Sí, estoy cierto que los programas se construyen en el corto, mediano y largo plazo, pero siempre (y eso Lenin y los revolucionarios triunfantes nos lo enseñaron a fuego) teniendo como objetivo central y único la superación del capitalismo en cualquiera de sus formas.

Las causas de fondo, sin embargo, siguen siendo, la lógica del crecimiento capitalista. La sociedad burguesa, con su poder ilimitado para aumentar la productividad, para aumentar la masa efectiva de productos disponibles para el bienestar, para aumentar los niveles efectivos de consumo, muestra aquí su superioridad. Es capaz por sí misma de integrar al consumo a toda fuerza contestaria. La paradoja es que las propias presiones del movimiento popular, sobre todo obrero, en la medida en que son aceptadas por la hegemonía burguesa, implican su integración progresiva y su consiguiente desmovilización como masas revolucionarias. Así, la izquierda en lugar de cambiar el mundo ha sido cambiada por él.

Este fracaso actual debe rastrearse en forma paralela a la represión de los grandes movimientos de masas que trajeron consigo el gobierno de la Unidad Popular de Allende, que significó el exterminio de miles de cuadros políticos, sindicales y militares, de miles y miles de simples militantes, significó el exilio, la cárcel, el cierre de todo espacio de discusión y creación doctrinaria tanto fuera como dentro de las orgánicas de izquierda. La fuerza, la barbarie del neoliberalismo, combinada con los intentos de refundación por parte de la burguesía nacional ligada al capital transnacional, de la vida económica, política y cultural, han significado una derechización general de la izquierda en nuestro país. Esta actitud se sustenta en autocríticas demoledoras a un supuesto maximalismo, en la pérdida general de las expectativas de cambio radical, en la integración al nuevo modelo político de democracias aparentes. Se nos enseña a pensar en las coordenadas de la resignación y la adaptación. Ya no soñar más, la política dura se impone, lo demás es voluntarismo o, peor aún, fraccionalismo.

Nada es igual. Ya la iglesia no es la del cardenal Silva. Europa no es la del movimiento estudiantil contracultural. Los yanquis ya no tienen a Malcolm X, ahora tienen un presidente negro. América Latina no tiene un Ché y Chile ya no tiene un Allende (ahora hay sólo sucedáneos).  La situación general es que el capitalismo imperialista neoliberal, le ha quitado espacio al rupturismo revolucionario. Pero ha abierto un enorme campo para la integración, la negociación, esto es, la componenda.  Se trata ahora de pedir lo posible en los espacios posibles. La pobreza de millones debe esperar, o esperar a crecer o morir; su radicalidad intrínseca debe adaptarse o lumpenizarse.  La recuperación económica traerá nuevamente buenos negocios y con ella la prosperidad para todos aquellos que sepan aprovechar las oportunidades que el sistema ofrece; la nueva racionalidad se extenderá lentamente y el ciclo se iniciará de nuevo. O quizá no, y entonces ahí estará el viejo topo revolucionario, lo quieran o no los grandes poderes y su coro de izquierdistas educados y simpáticos.

Afecciones   Desafecciones

Infecciones

(EDICIÓN SEPTIEMBRE)

Para orientar nuestro accionar político no basta con hacer declaraciones imponentes de principios supuestamente inalterables e intocables, es necesario que sepamos como conducir nuestra política real en sentido de la cruda realidad, o como decía Lenin, pensar concretamente situaciones concretas, con el fino olfato histórico de saber ubicarse entre los dos extremos posibles que acechan a toda actividad política revolucionaria: esto es, la consecuencia revolucionaria utópica y el oportunismo pragmático.
Los partidarios de la consecuencia revolucionaria utópica son en realidad presa del romanticismo mistificador más absoluto, no saben sino hacer declaraciones de su voluntad inquebrantable de ser siempre los “más revolucionarios”, no importando el contexto ni la correlacion de fuerzas, ni nada que no se ajuste a sus puros principios aprendidos ciegamente como catecismo, sin mancharse por ningún motivo las manos con la política real en que se juega todos los días el destino de pueblos completos.  Consecuentes a ultranza, su discurso limpio de todo sudor real, inmaculado como sus ideales inconducentes de cambiar nada que no sea el propio eco de sus frustraciones diarias, mantienen con ello el mundo tal cual como está.   Ofrecen torpemente amplias y justificadas razones mediáticas para ser perseguidos y exterminados sin remedio con la bandera al tope de lo consecuentemente inútil, a lo más un breve silencio por el compañero caído, llenos de rabia, utopia y gloria, pero en donde al final el mundo sigue en manos de los sonrientes burgueses o los adustos vigilantes del orden público, esto es, capitalista.
La otra cara de la misma moneda, perfectamente sincronizada con el anterior utopismo, se deriva de las promesas de la Ilustración y su efecto de atenerse exclusivamente a los hechos y datos de una realidad aparentemente insoslayable, esos operadores y estrategas políticos se atienen a un estrecho horizonte de lo inmediatamente “real”.  Lo importante para ellos es la cantidad de votos que se puedan obtener a como de lugar, las migajas que se le arranquen al burgués en la huelga próxima.  Se trata para ellos de las reivindicaciones que en ese momento se esten pidiendo, el problema del sistema capitalista es el telon de fondo, pero eso no les importa sino como contexto, pues lo relevante es el peso más o menos que les llegue al bolsillo.   Empujados por la intencion de ser “útiles” a la causa y ”buenos” con los pobres, son capaces de ganar muchas pequeñas batallas y acabar perdiendo inexorablemente la guerra.  Son capaces de conseguir tres chauchas más pero siempre dentro de la condición de explotados, nunca como dueños del mundo, nunca como revolucionarios triunfantes que al frente de la historia sepultan dia a dia el capitalismo.  Satisfacen sus conciencias al ganar en lo pequeño para frustrar el anhelo de los pueblos de ganar en lo grande.  Son especialistas en educar al pueblo en la negociación y los acuerdos cupulares, defraudando invariablemente al que quiera cambiar el mundo capitalista. Plantean que es necesario subsumir las libertades reales y concretas ahora por un glorioso futuro revolucionario, que con esa política de componenda no llegará nunca.
Uliánov

5 comentarios para “La columna de Uliánov”

  1. Andrés Dice:

    Señor Ulianov, debo saludar sus notas, sin embargo, no puedo dejar de plantear ante tanta pregunta, ante tantas opicones A y B, cuál es la postura del autor: pesimista o crítica, “maximalista” o “pragmática”, emocionadamente radical o cesudamente cuidadosa, revolucionaria o reformista?
    Puede ser que ninguna de éstas y, entonces ¿sería el justo medio? Qué debe primar y en qué momento? Es posible hacer una adaptación de esta especie de crítica de la izquierda a la lucha contemporánea y a la cruda coyuntura? o simplemente es crítica para la crítica (y para los críticos)?
    Mis saludos,
    Andrés

    • Uliánov Dice:

      Don Andrés: La razón de ser de nuestros aportes es un tipo específico de agitación que consiste sobre todo en la modificación del propio pensamiento y en la modificación del pensamiento de los otros a partir de su propia voluntad de hacerlo. Esto implica que nuestra intención no consiste en decir a los demás lo que hay que hacer. ¿Con qué derecho podría hacer esto? Basta con recordar todas la profecías, promesas, discursos y programas que se han esgrimido durante los ùltimos años. meses, o aùn siglos y cuyos efectos son absolutamente nulos. Nuestro trabajo no consiste en modelar la voluntad política de los demàs; estriba más bien en cuestionar, a travès de los análisis que nos son propios, las evidencias y postulados, en sacudir los hàbitos, las formas de accionar y de pensar, en disipar las familiaridades admitidas, en retomar la re-problematizaciòn de la voluntad política revolucionaria. Esto implica un cuestionamiento radical, que implica la modificaciòn del propio pensamiento y del pensamiento recibido. Se trata de un nueva çetica de la existencia, pues debo recordar un dato no menor: no hemos hecho ninguna revolución que termine con el capitalismo, de eso se trata o no ?
      Uliánov

      • TitoMoraga Dice:

        Señor Ulianov, sabe que más, esto lo encuentro un poco traído de las mechas, porque aquí no se dice nada de la función educadora del PC, para la cual Lenin y Stalin crearon el Pravda como periodico ideolico de la clase obrera para decirles a los proletarios de cual lado apretaba el zapato al callo. El PC tiene dos funciones fundamentales que son educar y organizar a los trabajadores para hacer posible que nazca entre ellos el reconocimiento de clase, el orgullo de clase, luego y por ultimo el paso definitivo que es la aceptación de la lucha de clases como metodo de avanzar tras la dictadura del proletariado como sistema de gobierno, aunque no con la facilidad como este espacio obliga a decirlo.

  2. Héctor Dice:

    Muy buen escrito de Ulianov, las propuestas contenidas están, en particular me gusta lo que desnuda. En lo personal me gustaría que sus reflexiones las aterrizara mas hacia los efectos positivos o negativos en el seno del pueblo o lo que llamamos el Movimiento popular de masas. Bien por su tiempo de escribir, desafío nada facil en tiempos en que la educación politica es escasa cuando no lajana y ajena.
    Saludos al equipo editorial.
    Héctor.

  3. TitoMoraga Dice:

    Me gustaría saber, sr Ulianov, antes de ponerme a hacer aportes en esta columna, que la encuentro media rara, si Ud considera como yo, que la fecha de fundación del Partido Comunista de Chile, es historicamente aceptada como el 2 de enero de 1922 en el Congreso de Rancagua del Partido Obrero Socialista. Respondame y despues hablamos. A lo mejor no


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