Estimado editor
Periódico LaCélula,
Saludo positivamente la iniciativa de abrir espacios de diálogo y de reflexión crítica que impulsa el periódico La Célula. Este diálogo no sería posible si el lector resulta ser un sujeto pasivo, no es mi intensión y por ello escribo; acepto la propuesta de diálogo.
Me llama la atención el desplazamiento sutil de ciertos conceptos, la operación semántica común de una izquierda que cada vez se reconoce a sí misma más como movimiento social que como sujeto revolucionario. Me refiero a sustitución de Capitalismo por Neoliberalismo y al concepto democracia que sublima -por una necesidad lógica- cualquier crítica posible contra el estado. El concepto alemán Haupwiederspruch que Marx utiliza en el Capital para explicar lo que se conoce como contradicción principal, guarda poca o nada de relación con lo que supone la fórmula neoliberalismo–democracia. De esto deduzco que el horizonte de la crítica que se expresa en esta pareja organizadora de conflictos se acerca más a la idea de los movimientos altermundistas (también mencionados en el texto editorial e insinuados como una suerte de reconfiguración moderna de “los sujetos revolucionarios“), de una regulación posible que tomaría la forma -si sigo la línea lógica de la expresión N v/s D- de una administración redistributiva, democrática, y digamos incluso, casi justa del sistema de producción a través del estado-demócrata.
¿Cómo se explica que un partido marxista-leninista como el PC-Chile, considerando que Lenin criticó directamente y tachó de tergiversadores del marxismo a quienes sostenían una posible conciliación entre las clases a través del estado, sea el principal actor de la iniciativa conciliadora entre movimientos de trabajadores o sociales y el estado? ¿Cómo se soluciona el conflicto neoliberalismo v/s democracia sino es a través de una política conciliadora aplicada desde el estado, poniendo como prioridad los intereses de los trabajadores y los oprimidos, léase: que vele por su derecho al trabajo y otros, y al mismo tiempo desarrolle una política de distribución equitativa (con las características de un estado anti-neoliberal, más bien socialdemócrata) pero manteniendo el trabajo asalariado -el sistema de producción- y aún más, sin siquiera ponerlo en cuestionamiento? ¿Es el Partido Comunista aún un partido revolucionario como lo define Lenin, es aún marxista en su crítica y en su praxis? De ser así ¿cómo se explica el accionar político articulado en fórmulas como la contradicción del momento, más cercana a las ideas maoistas de contradicción principal y secundaria, a veces interpretables como un agudo oportunismo?
Me despido atentamente esperando una respuesta y a la espera del próximo ejemplar del periódico.
Juan Golpe
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LA “PARTITOCRACIA”
Señor Director:
hoy se habla de las crisis que atraviesan las democracias, por el papel que juegan los partidos políticos en la construcción de la democracia. Los programas que presentan ellos no funcionan como espera la gran mayoría de los habitantes del país. Tienen un parecido notable en sus programas, que cambian y se acomodan al sentir del electorado en un momento por razones obvias y no con un fin de proyecto país y para un pasar digno de su gente por esta tierra.
Acá en Chile, a causa de la Constitución, tanto la Concertación como la Alianza por Chile, tienen a la sociedad secuestrada bajo la aplicación de un modelo capitalista y de tranquilidad social que hay que mantener a toda costa y cualquier precio, y cada día se erosiona más la credibilidad de los proyectos de los partidos políticos, se palpa el divorcio entre el pueblo y la clase política, porque son intereses distintos. Tras esto está el creciente nepotismo que hace de esta mentada clase un vicio a todo dar y basta echar un vistazo a quienes dirigen el país. En Chile, no participan alrededor de 4.000.000 de ciudadanos en los procesos de este orden, lo que claramente indica que la democracia existente no es tal.
En pocas palabras, el pueblo no debe acostumbrarse a que la clase política que esté en el poder resuelva todos los problemas: el(la) trabajador(a), los jóvenes pobladores, deben estar insertos en forma diaria con su participación activa y combativa, luchando por sus derechos… no hay otro camino.
Cuando un gobierno, como el de la presidenta Bachelet, está dando bonos y dádivas a los más necesitados, es sólo por mantener la no agitación del manto social, mientras que el producto interno bruto, que es la torta social, queda para unos pocos, es decir, no hay justicia social en lo económico. Chile puede dar más felicidad y bienestar a sus habitantes con otro modelo a aplicar.
El Zorro


6 abril 2010 a las 02:43
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Fraternalmente
Manuel Solís
Editor