Editorial

ROMPER CON EL CONSENSO SOCIAL DEL NEOLIBEREALISMO

La caída sostenida de la protesta social tras la derrota política del “socialismo real” y tras el “consenso político” de la “transición” pos-dictadura pinochetista, parecía seguir en picada hacia cero a la par del congelamiento del movimiento de la clase trabajadora. Pero el termómetro de las luchas de masas ha marcado un repunte gradual en el último decenio.

Son notables o, al menos, significativos los acontecimientos que tiñen el alba de este siglo XXI. Lo vemos en las luchas estudiantiles, desde la “revolución pingüina” hasta las actuales huelgas universitarias.  En la U. de Concepción, ha sido doblegada la voluntad del rector Lavanchy y se han frenado las alzas arancelarias, lo que ha desencadenado similares movimientos en la UBB y en la UTFSM, y ha fortalecido el concepto de defensa de la educación pública. El Congreso Nacional de Educación que involucró a gente de diferentes sectores sociales, ha sido otro paso, alcanzando avanzadas conclusiones que incorporan el requerimiento de una Asamblea Constituyente. Por otro lado, la capacidad del Colegio de Profesores de Chile al sostener reivindicaciones legítimas legadas por la instalación del neoliberalismo, la movilización del sector público y de una serie de instituciones ligadas al Estado, evidencia la fuerza que conserva este sector organizado.

En el sector productivo y la empresa privada es donde el nivel de sindicalización y la continuidad de las luchas presentan mayor dificultad. Sin embargo, debe estimarse su avance más en la calidad que en la cantidad del proceso. La clase trabajadora ha logrado sobrepasar la legalidad del régimen laboral aunando luchas sectoriales e interempresa. Casos emblemáticos son la negociación por rama de los sindicatos de obreros forestales unidos en sus confederaciones y la señera lucha de los trabajadores subcontratados del cobre, agrupados en una gran Confederación, la CTC, que liderara el carismático Cristian Cuevas.

Es claro, a pesar de lo anterior, que la lucha social y la organización están lejos aún de recuperar los niveles construidos antes del golpe de Estado de 1973. No se presenta –aún- el estado de conciencia de clase más elemental que suponga una confrontación clara contra el capital y, todavía más, una disputa con el régimen político y legal que –más allá del monopolio de la violencia y del complejo control mediático- enfrente la hegemonía ideológica de la burguesía. El pueblo trabajador parece adormilado bajo el encanto de un supuesto “orden y paz social”. Lo notable es que, si bien los trabajadores no han acumulado la fuerza y la conciencia suficiente, lo conseguido en los hechos va poniendo en evidencia los oportunismos de quienes la daban por muerta.

El reventón de una crisis económica que complica al gran capital industrial, comercial y financiero, constituye un nuevo escenario. El sistema en Chile ha sostenido un equilibrio en medio de este desplome producido por la locura y la avaricia intrínseca del capital. El Estado subsidiario asesorado por el FMI ha conseguido que la desgracia de millones no toque suelo y, de esta forma, ha mantenido a las masas esclavas en vilo a la espera relativamente pasiva de una “recuperación económica” incierta. El ahorro fiscal del gobierno de Bachelet se ha puesto al servicio de la empresa privada y ha permitido cierta repartición de migajas. La cuestión es evitar el recurso de la violencia estatal, la que ha sido empleada ocasionalmente contra la movilización social o más permanentemente para reprimir al movimiento mapuche, suficientemente aislado en lo político y oculto para el conjunto de la sociedad. Toda la propaganda capitalista ha funcionado para su salvamento y el Estado ha logrado hasta aquí evitar el choque de clases. Las mediocres medidas sociales alivian la presión social y mantienen en el imaginario popular esperanzas en la bondad burguesa.

En este escenario se suscita la contienda electoral. Para la izquierda este es un problema de delicada solución. El bloque gobernante, sostenedor del modelo, se ha ido disponiendo a dar pequeños pasos de reforma a la legalidad pinochetista, que incluye terminar con el sistema electoral binominal, un paso si bien parcial, también importante. ¿Por qué importante? Porque para el libreto que sigue el modelo, el binominalismo cumple su función. Al régimen no le basta adular con bonos y subsidios habitacionales, además necesita impedir toda presencia de posiciones de clase. Producido en los laboratorios de la dictadura (bien orientados desde el imperialismo), el binominal es un candado de seguridad para contener el despertar de los oprimidos.

El intento de sortear el obstáculo binominal con el pacto Concertación-Juntos Podemos es un acto lleno de riesgos por sus implicancias y dado el momento límite en que llega a hacerse efectivo, cuando la Concertación, que gobierna 20 años, entra en crisis. También presenta sus peligros por un contexto en que la izquierda se muestra disgregada y con escasa fuerza de masas. En fin, asistimos al inmediato desenlace de esta apuesta.

De cualquier forma, el objetivo principal que la izquierda ha de alcanzar –más allá de pactos instrumentales y más allá de la desesperada ingeniería de los bloques dominantes- es aunar las reivindicaciones populares, proponiendo sin amedrentarse un norte de transformaciones profundas. La crisis, por su parte, no se resolverá en lo inmediato con acuerdos en el marco de la “democracia” en la medida del neoliberalismo salvaje. La lucha de clases, esto es, la confrontación de los explotados contra sus explotadores, tendrá su resolución en combates más abiertos y decididos, al batirse por el poder de las mayorías que despiertan a su emancipación.

La candidatura de Cristian Cuevas es correcta por esto, porque sin aislamientos suicidas ni vacíos romanticismos políticos; con base en el joven movimiento obrero, en la organización sindical que lucha, con coherencia política respecto de que cada lucha debe ser un salto hacia delante para poner fin al capitalismo. La candidatura de Cuevas ha servido a romper el silencio y la exclusión de los desposeídos en tribunas en que esta ausente la verdad de la inmensa mayoría.

3 comentarios para “Editorial”

  1. vozsiglo21 Dice:

    HEMOS ENLAZADO SU BLOG EN NUESTRA PÁGINA
    FRATERNALMENTE
    MANUEL SOLIS
    EDITOR

    • Periódico La Célula Dice:

      Estimado Manuel Solis,
      agradecemos este contacto y sus nuevos lazos de amistad que conducen a la unidad del pueblo y de sus medios de información.
      Te saludo a ti y a los compañeros que se dedican a VozSiglo21, anombre del Equipo Editorial de LaCélula,
      Eduardo Ampuero Cárdenas

  2. Carlos Fuchslocher C. Dice:

    Acerquémonos más a nuevos y “dobles” explotados, especialmente referidos a los trabajadores y a los usuarios (deudores) de las grandes y concentradas cadenas, financieras, del retail, farmacias, etc.
    Por una nueva mayoría social, política y cultural en pos de la democracia plena y el socialismo.
    Los felicito por re-alzar las banderas de los explotados, “clásicos” y “post-modernos”.
    CARLOS FUCHSLOCHER C.


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