¿APRENDER DE LA HISTORIA?

Derrota, Pragmatismo y Política

Uliánov

Estos son asuntos para los que no existen soluciones teóricas satisfactorias. La historia puede ser magistra vitae (maestra de la vida) si desde un punto de vista crítico nos dice qué camino no debemos tomar. Pero este efecto orientador sólo se hace presente cuando asumimos claramente que hemos fracasado en nuestras expectativas o, lo que es peor, en nuestro accionar; como dicen los curas, confesados primero, perdonados después.  Para aprender de la historia no podemos hacer a un lado las derrotas como si éstas fueran parte de un juego abstracto o una estrategia mal diseñada, porque los costos en vidas las pagan los militantes y el pueblo. No podemos por otro lado reprimir los problemas no resueltos, colgándoles el mote inquisitorial de herejes, fraccionalistas, maximalistas, antipartido u otros, cual modernos Torquemadas[1]. Tendremos que mantenernos abiertos y expectantes a las experiencias críticas, a las opiniones diferentes, porque esto no puede ser un coro que insiste en cantar desentonadamente para nadie; de otro modo ni siquiera podremos entender los acontecimientos históricos como desmentidos, como evidencia insoslayable de que hemos fracasado, nos han derrotado otra vez. Ejemplo de tales desmentidos históricos ha sido el pertinaz “éxito” del modelo capitalista neoliberal en nuestro país, desde Pinochet hasta Sebastián. Cuando no podemos aprender de tales desengaños, nos toparemos siempre con un trasfondo de expectativas defraudadas, con un accionar que se ha vuelto cuestionable, para decir lo menos. Y este trasfondo se compone siempre de hábitos, discursos, tradiciones, formas de militancia y de prácticas políticas que compartimos para bien y para mal. En definitiva de tradiciones a las que los problemas no resueltos han privado de su asertividad y filo práctico.
A partir de lo anterior, comenzaremos haciendo algunas consideraciones sobre la política de la izquierda en nuestro país. Una de las principales tradiciones políticas de la izquierda es la herencia de los Frentes Populares de la década del treinta y cuarenta. Ese accionar político se ha mantenido como un referente inalterable a través del tiempo, hay ahí una continuidad histórica que ha traído aciertos y no pocos y terribles fracasos: Ese accionar se sustenta en dos aspectos centrales, por un lado, la unidad sin exclusiones para lo que se estime y, por otro lado, el carácter de masas de la actividad política.  El principio de la unidad se ha esgrimido desde allá hasta acá, hasta hacerlo majadero sobre todo en la alianza con el centro político, ya sea este centro el radicalismo de antaño o la democracia cristiana hoy.  Esa insistencia, muchas veces, aunque no siempre, ha significado postergar ad-eternum la revolución y el socialismo (actitud realista y pragmatismo inteligente le han llamado). Ahora bien, como esa anhelada unidad se ha dado a medias o no se ha dado, entonces la izquierda recién ahí comienza a perfilar análisis, discursos o prácticas políticas que se abren a otras posibilidades de ruptura más profunda con el sistema; resumidos en la ambigua y muy general tesis de “todas las formas de lucha”. Esta última viene a plantear con el tiempo una nueva forma de hacer política, impensada por la izquierda hasta ese momento.
Por último, como la política siempre se hace considerando al enemigo y a las fuerzas propias, la forma en que terminó la dictadura de Pinochet y la subsiguiente etapa histórica que inició la Concertación, vinieron a demostrar que la unidad y el carácter de masas de la política de izquierda no estaba equivocada. Pero aquí es central recordar que: Pinochet murió de viejo, las bases neoliberales de la economía, el estado y la sociedad siguen intactas, los partidos de derecha son los que obtienen un enorme caudal de votos, la izquierda y su discurso es débil, y la guinda: Sebastián ganó la última elección. Pregunta para el cierre: ¿Hemos aprendido de la Historia?


[1] Tomás de Torquemada O.P. (Valladolid 1420 – Ávila, 1498) fue el Inquisidor general de Castilla y Aragón en el siglo XV y confesor de la reina Isabel la Católica. Gran artífice del Edicto de Granada, que ordenó la proscripción de todos los judíos de España (1492). Existe documentación que evidencia que él y la Inquisición española son considerados responsables de actos de injusticia y sufrimiento, realizados mediante el uso de torturas, denuncias anónimas y ejecución por fuego en el así llamado “auto de fe” o «acto de fe» por el que sometían a los supuestos herejes y otros. El nombre de Torquemada, como parte de la leyenda negra de la Inquisición española, se ha convertido en un apodo para la crueldad y el fanatismo al servicio de la religión.

La Columna de Uliánov

Afecciones

Desafecciones

UliánovInfecciones

Para orientar nuestro accionar político no basta con hacer declaraciones imponentes de principios supuestamente inalterables e intocables, es necesario que sepamos como conducir nuestra política real en sentido de la cruda realidad, o como decía Lenin, pensar concretamente situaciones concretas, con el fino olfato histórico de saber ubicarse entre los dos extremos posibles que acechan a toda actividad política revolucionaria: esto es, la consecuencia revolucionaria utópica y el oportunismo pragmático.
Los partidarios de la consecuencia revolucionaria utópica son en realidad presa del romanticismo mistificador más absoluto, no saben sino hacer declaraciones de su voluntad inquebrantable de ser siempre los “más revolucionarios”, no importando el contexto ni la correlacion de fuerzas, ni nada que no se ajuste a sus puros principios aprendidos ciegamente como catecismo, sin mancharse por ningún motivo las manos con la política real en que se juega todos los días el destino de pueblos completos. Consecuentes a ultranza, su discurso limpio de todo sudor real, inmaculado como sus ideales inconducentes de cambiar nada que no sea el propio eco de sus frustraciones diarias, mantienen con ello el mundo tal cual como está. Ofrecen torpemente amplias y justificadas razones mediáticas para ser perseguidos y exterminados sin remedio con la bandera al tope de lo consecuentemente inútil, a lo más un breve silencio por el compañero caído, llenos de rabia, utopia y gloria, pero en donde al final el mundo sigue en manos de los sonrientes burgueses o los adustos vigilantes del orden público, esto es, capitalista.
La otra cara de la misma moneda, perfectamente sincronizada con el anterior utopismo, se deriva de las promesas de la Ilustración y su efecto de atenerse exclusivamente a los hechos y datos de una realidad aparentemente insoslayable, esos operadores y estrategas políticos se atienen a un estrecho horizonte de lo inmediatamente “real”. Lo importante para ellos es la cantidad de votos que se puedan obtener a como de lugar, las migajas que se le arranquen al burgués en la huelga próxima. Se trata para ellos de las reivindicaciones que en ese momento se esten pidiendo, el problema del sistema capitalista es el telon de fondo, pero eso no les importa sino como contexto, pues lo relevante es el peso más o menos que les llegue al bolsillo. Empujados por la intencion de ser “útiles” a la causa y “buenos” con los pobres, son capaces de ganar muchas pequeñas batallas y acabar perdiendo inexorablemente la guerra. Son capaces de conseguir tres chauchas más pero siempre dentro de la condición de explotados, nunca como dueños del mundo, nunca como revolucionarios triunfantes que al frente de la historia sepultan dia a dia el capitalismo. Satisfacen sus conciencias al ganar en lo pequeño para frustrar el anhelo de los pueblos de ganar en lo grande. Son especialistas en educar al pueblo en la negociación y los acuerdos cupulares, defraudando invariablemente al que quiera cambiar el mundo capitalista. Plantean que es necesario subsumir las libertades reales y concretas ahora por un glorioso futuro revolucionario, que con esa política de componenda no llegará nunca.
Uliánov

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