SOBRE ALIANZAS, ESTRATEGIA Y FORMAS DE LUCHA

Editorial

(edición septiembre)

Las luchas que sostienen en la actualidad los pueblos de América Latina en conquista y defensa de la democracia –en tanto proyecto popular-, y de la soberanía nacional, tienen ahora un carácter y una proyección muy especial en los albores del siglo XXI. No puede ser casual, por ejemplo, la recurrencia a la idea del Socialismo.

América ha madurado condiciones que permiten saltar desde una multitud de fracasos, desde la resistencia solitaria de Cuba, desde experiencias populares muy diversas, pero aisladas en su mayoría, que sucumbieron bajo la ola represiva y neoliberal, hasta este cambio de siglo sorprendente, en que los pueblos de América mestiza e indígena, ricas aún en sus ecosistemas y reservas naturales, vuelven a levantarse como si todo surgiese de la nada… Anterior a esta década vertiginosa y al surgimiento del movimiento alter-mundialista, existe un periodo de violencia brutal y de imposición mundial de un modelo de explotación a ultranza llamado neoliberalismo. Es este mismo neoliberalismo el que dialécticamente ha ido sembrando las condiciones para la lucha.

Para nuestro país, muchas de las experiencias del resto de América vienen a dar señales: las demandas de democracias populares, que han pasado por acabar con las constituciones de las oligarquías reaccionarias; la recuperación de los recursos naturales y del control productivo por sus Estados nacionales; la aceptación y unidad en la pluralidad, sobre todo cultural y étnica; la articulación del movimiento de trabajadores con la diversidad de expresiones sociales en amplios movimientos en cuanto a propuestas y objetivos; las experiencias de poder social desde la base, avanzando en trincheras territoriales, sectoriales, comunales; la alianza internacional creativa, llena de identidad, que organiza alianzas solidarias, políticas, económicas y culturales. Estas experiencias actuales han combinado diversas formas, uniendo luchas de masas y luchas políticas, e incluyendo formas electorales.

Al volver la mirada hacia los hechos trágicos de la Araucanía, nos preguntamos si las particularidades de la confrontación mapuche contra el Estado le dan a su lucha características propias de un movimiento de liberación nacional. Si, ciertamente, la clase trabajadora y el pueblo mapuche son víctimas del capitalismo salvaje, afanoso de producir ganancias a costa de los pueblos, de su medio natural y de su cultura, ¿cuáles son los elementos de unidad práctica? Como sea, la muerte en territorio mapuche de otro joven a manos de la policía, asesinado cobardemente, al igual que lo hicieron con Matías Catrileo, en lo que los responsables llamaron “enfrentamiento”, nos plantea no sólo un problema ético, sino que además nos mueve a meditar otra vez la cuestión de la lucha política, particularmente en lo que se refiere al análisis de las actuales condiciones y a las formas en que desarrollamos las luchas de emancipación. Es claro que en Arauco y Malleco las formas de lucha son en este momento las de la ocupación territorial, la ofensiva contra las forestales y la defensa activa contra la represión dirigida desde el Estado.

El partido de clase debe ayudar a los trabajadores y sus aliados a desarrollar las fuerzas para preparar el ascenso al poder con un programa revolucionario. En este sentido, se incluyen las luchas sindicales y la organización, por ejemplo, del área forestal, la lucha por la vivienda, el movimiento vecinal y de trabajadores contra la instalación de la termoeléctrica en Penco, las exigencias de regulaciones urbanas y el movimiento por la defensa del valle Nonguén. En el mismo sentido y con ello se debe inscribir la candidatura obrera de Cristian Cuevas, que ante la muerte del comunero mapuche Jaime Mendoza ha dicho en Arauco que ésta es la “gota que rebasó el vaso”, que se está ejecutando un “etnocidio, porque lo que aquí se esta haciendo es liquidar la cultura indígena y se intenta destruir sistemáticamente los modos de vida y pensamientos del pueblo mapuche”.

Las alianzas amplias son complementarias y se expresan en variedad de formas, lo que se manifiesta también en relación a las distintas formas de lucha correctas para cada momento y lugar. La cuestión que debemos atender centralmente en la aplicación de nuestra política es la compleja y permanente tensión entre la radicalización de la lucha de masas, de la organización del trabajo contra el capital, por una parte, y la intervención política en los marcos del Estado burgués y sus instituciones, como el parlamento.

Interesa a las y los comunistas estudiar y comprender en profundidad nuestra concepción revolucionaria a la luz de estos elementos, para traducirlos en un aporte al proceso de cambios sociales, e interesa que entendamos a cabalidad nuestra idea de la unidad. Nos es útil incorporar, entonces, los elementos mencionados, siempre estimados en la medida de la lucha inmediata y de largo plazo contra un enemigo común: el neoliberalismo, opuesto a la democracia y a la soberanía de los pueblos.

Lenin not dead

La Columna de Uliánov

Afecciones

Desafecciones

UliánovInfecciones

Para orientar nuestro accionar político no basta con hacer declaraciones imponentes de principios supuestamente inalterables e intocables, es necesario que sepamos como conducir nuestra política real en sentido de la cruda realidad, o como decía Lenin, pensar concretamente situaciones concretas, con el fino olfato histórico de saber ubicarse entre los dos extremos posibles que acechan a toda actividad política revolucionaria: esto es, la consecuencia revolucionaria utópica y el oportunismo pragmático.
Los partidarios de la consecuencia revolucionaria utópica son en realidad presa del romanticismo mistificador más absoluto, no saben sino hacer declaraciones de su voluntad inquebrantable de ser siempre los “más revolucionarios”, no importando el contexto ni la correlacion de fuerzas, ni nada que no se ajuste a sus puros principios aprendidos ciegamente como catecismo, sin mancharse por ningún motivo las manos con la política real en que se juega todos los días el destino de pueblos completos. Consecuentes a ultranza, su discurso limpio de todo sudor real, inmaculado como sus ideales inconducentes de cambiar nada que no sea el propio eco de sus frustraciones diarias, mantienen con ello el mundo tal cual como está. Ofrecen torpemente amplias y justificadas razones mediáticas para ser perseguidos y exterminados sin remedio con la bandera al tope de lo consecuentemente inútil, a lo más un breve silencio por el compañero caído, llenos de rabia, utopia y gloria, pero en donde al final el mundo sigue en manos de los sonrientes burgueses o los adustos vigilantes del orden público, esto es, capitalista.
La otra cara de la misma moneda, perfectamente sincronizada con el anterior utopismo, se deriva de las promesas de la Ilustración y su efecto de atenerse exclusivamente a los hechos y datos de una realidad aparentemente insoslayable, esos operadores y estrategas políticos se atienen a un estrecho horizonte de lo inmediatamente “real”. Lo importante para ellos es la cantidad de votos que se puedan obtener a como de lugar, las migajas que se le arranquen al burgués en la huelga próxima. Se trata para ellos de las reivindicaciones que en ese momento se esten pidiendo, el problema del sistema capitalista es el telon de fondo, pero eso no les importa sino como contexto, pues lo relevante es el peso más o menos que les llegue al bolsillo. Empujados por la intencion de ser “útiles” a la causa y “buenos” con los pobres, son capaces de ganar muchas pequeñas batallas y acabar perdiendo inexorablemente la guerra. Son capaces de conseguir tres chauchas más pero siempre dentro de la condición de explotados, nunca como dueños del mundo, nunca como revolucionarios triunfantes que al frente de la historia sepultan dia a dia el capitalismo. Satisfacen sus conciencias al ganar en lo pequeño para frustrar el anhelo de los pueblos de ganar en lo grande. Son especialistas en educar al pueblo en la negociación y los acuerdos cupulares, defraudando invariablemente al que quiera cambiar el mundo capitalista. Plantean que es necesario subsumir las libertades reales y concretas ahora por un glorioso futuro revolucionario, que con esa política de componenda no llegará nunca.
Uliánov

El arte después que ha pasado lo que nadie creía que podía pasar

Por Gerónimo Levi

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Francis Bacon, "three_studies_for_a_crucifixion"

¿Qué se propone el arte cuando se enfrenta a la historia? ¿Le es posible enfrentarse desde el arte a sucesos históricos que presumiblemente se escapan de la posibilidad racional de entendimiento? Pensemos por ejemplo en las diferentes dictaduras latinoamericanas y sus respectivos genocidios, la masacre feroz de Ruanda en 1994 donde se masacraron a machete a más de un millón de personas en cuestión de semanas, todo esto apoyado y observado por tropas francesas autorizadas por la ONU, o la sistemática industrialización de la muerte que tuvo lugar en la Alemania nazi. Un aspecto central de esta empresa quedó consagrada al imposible luego del apodictum adorniano: ¿como reacciona el arte después que haya pasado lo que nadie creía que podía pasar? – después de Auschwitz es imposible escribir poesia -. Este imperativo alcanzó rápida validez particularmente frente a todo intento de representación de la Shoah[1] y aunque Adorno revizó su dictamen relativizándolo de manera sutil, seria posteriormente en el trabajo teórico de Lyotard[2] donde alcanzaría la plenitud de una prohibición ética sobre el arte: el horror no debe ser traducido en objeto de consumo estético –el mal absoluto es irrepresentable-. En otras palabras, la estética queda supeditada a la ética, y cada gesto e intento de representación de la historia y sus horrores filtra por lo “políticamente correcto” deviniendo en imposible. Esta idea de la irrepresentabilidad es por otro lado fácilmente asociable con la idea de lo sublime en Kant y es presizamente en este punto donde la idea de Lyotard le hace un favor al genocida convirtiendo su acto en un acontecimiento sublime; es decir, irrepresentable. El discurso de la irrepresentabilidad ha abandonado al arte a la asepsia y a lo apolítico haciendo de todo suceso del horror un acontecimiento innombrable y, por lo tanto, intraducible en cualquiera forma de representación. El mal absoluto tendería entonces a ser una forma sublime de un otro innombrable e irrepresentable. Pero el mal no desaparece, se asimila y se integra. El mal, más que como categoría moral funciona como sistema de abstracción para distanciar al hombre de una lectura material de la historia. El apodictum adorniano puede ser, y ha sido, interpretado de formas diferentes: como puesta en claro de los límetes discursivos del arte al momento de conceptualizar un problema dado, como desafío teórico y reflexivo al ejecutar una lectura de la historia desde el arte y su respectiva representación, como declaración certera del caracter fetiche de los objetos plásticos destinados perse a la experiencia estética. Al hablar del arte enfrentándose a la historia no se alude a un arte de carácter historicista, sino más bien a una práctica dispuesta a articular un gesto político. Un arte dispuesto a asumir una responsabilidad civil –característica de las vanguardias de arte en el siglo XX-. Esta discusión sobre las fronteras de la representación, entorno a la irrepresentabilidad o acerca de las maneras de hablar de lo ocurrido, ha tenido lugar en menor grado en el escenario chileno del arte, entre otros motivos, debido a la ausencia de una reflexión real de la historia reciente en términos de producción plástica que nos permita arrojar una nueva lectura de los hechos que traspase la frontera “del arte” y ejerza una influencia en el terreno de discusión política o cultural, lo que después de leer a Roberto Bolaño, no se puede decir de la literatura. Un punto de inflexión sobre esto ha sido marcado por la exposición itinerante curada por Laurel Reuter titulada “Los desaparecidos”. ¿Pero ha logrado este trabajo curatorial escaparse del carácter museal que caracteriza la política oficial que hasta el momento se ha aplicado en torno a este tema aún tan sensible? Es presisamente esta sensibilidad traducida en material museal lo que ha caracterizado las piezas de la exposición –la puesta en escena de una sensibilidad propia de los objetos-. Fotos de familias, objetos fetiches devenidos en objetos plásticos, listas de nombres de víctimas y genocidas, fémures humanos con los que Arturo Duclos compone la bandera chilena. ¿Cual es la reflexión a la que nos invita la plástica? La serie de Workshops que acompañaron la exposición en cada país latinoamericano donde se exhibió, no nos habla solamente del interés político por reflexionar sobre el genocidio latinoamericano, sino también de la imposibilidad de la plástica de formular con acierto su nuevo interés temático. ¿Acaso el banquete-cóctel-inauguración servido para los centenares de expectadores fascinados por los objetos de la exposición no iguala el gesto de la democracia formal al “reflexionar” sobre el “drama humanitario” con una política museal que en toda su forma evade el conflicto político real que se esconde tras el hecho histórico?

Este intento de reflexión desde la plástica nos habla de un posible: es posible enfrentarse a sucesos del horror absoluto desde el arte, y no solo eso, sino urgente y necesario. Queda, sin embargo, abierta la pregunta por el cómo acertado, la pregunta por una operación no traductiva del arte que renueve sus formas de decir y sus implicancias sociales. Una forma que se escape a la representación o escenificación banal de los archivos que heredamos de los genocidas. Quizás el arte sólo nos habla de aquello; es decir, que le es imposible hablar (de ciertas cosas).


[1] Shoah es la pablabra hebrea para denominar el Holocausto (del griego: completamente quemado) que durante el regimen nazionalsocialista le costo la vida a más de seis millones de judios en europa y significa gran desgracia, la gran catastrofe.

[2] Filósofo francés reconocido como teórico de la llamada posmodernidad, a quien se le debe también este concepto.

La lucha de un pueblo contra el engaño

CONFLICTO MAPUCHE: MEDIOS

DE COMUNICACIÓN Y MONTAJE

POLÍTICO

Por Juan Segundo Leiva

El miércoles 12 de agosto un contingente del militarizado GOPE de Carabineros reprimió en Collipulli a las comunidades que recuperaban tierras ancestrales. Tras esto, persiguió a los comuneros por más de un kilómetro hasta tierras de las comunidades. Allí mismo utilizó armas de fuego con las que dio muerte por la espalda a Jaime Mendoza Collío (padre, 24 años). Las evidencias señalan que un grupo de policías se ensañó con el cuerpo de Mendoza después de muerto, golpeándolo brutalmente. En el lugar resultaron varios de sus parientes heridos y se detuvo a una decena de ellos que intentaron rescatar el cuerpo para evitar lo que todos presumen en la zona: el ocultamiento de evidencias y el montaje.

recuperacion

Desde ese día, las movilizaciones en el campo se intensificaron desde Malleco hasta Arauco. A lo largo del país se produjeron protestas en solidaridad con el pueblo mapuche, las que fueron reprimidas violentamente y sin dilación en un intento de aislar el hecho y “bajarle el perfil”. En Concepción, el 14 de agosto, Fuerzas Especiales actuó sobre el inicio de una marcha pacífica, utilizando desproporcionado contingente policial con apoyo blindado. Una quincena de detenidos fue sometida a malos tratos y un joven mapuche –en un acto ejemplarizador- fue torturado ante los detenidos hasta la pérdida de conciencia dentro de un carro policial.

Este escenario nacional contrasta con el temido juicio a las condenas internacionales. Las organizaciones de DD.HH. y las instancias internacionales evaluaban el mismo 12 de agosto al Estado de Chile en la ONU, en materia de discriminación racial. Se sabe, sin embargo, que los asesinatos de Alex Lemun (2002) por un mayor de carabineros y de Matías Catrileo (2008) por un cabo, no han tenido castigo. Tampoco se hizo justicia por el fusilamiento público del obrero Rodrigo Cisternas (Arauco 2007), también a manos de Carabineros.

El gobierno ha manejado el conflicto mapuche con una estrategia basada en dos líneas complementarias: por una parte, la implementación de un asistencialismo profusamente difundido y ejecutado a través de CONADI, que promueve la captación y el sometimiento voluntario, y por otra parte, la represión y la criminalización de los actos de reivindicación mapuche, militarizando territorios en manos de las forestales y dando amplia difusión del viejo pretexto del terrorismo, que le ha permitido apelar a las leyes más odiosas de Pinochet, como la Ley Antiterrorista. De esta forma, se construye el libreto para representar la comedia del “mapuche bueno” y el “mapuche malo”.

Parte de la estrategia ha consistido en levantar la figura del grupo terrorista, para lo que ha satanizado la imagen de la Coordinadora Arauco Malleco, CAM, identificándola con la ocupación de tierras y las acciones contra las forestales (quemas y recuperaciones). Esto ha constituido la principal justificación para dar lugar a la militarización del territorio y la protección policial exclusiva de las empresas privadas, convirtiendo a Carabineros en un organismo de seguridad particular. A la vez, la CAM ha sido objeto de espectaculares operaciones mediáticas, como los traslados de líderes usando equipos tipo comando para dar la sensación de que esos líderes mapuche son sujetos de alta peligrosidad. Es el caso de la detención de José Huenchunao en la que hubo un intenso despliegue de hombres armados, helicóptero y vehículos. El perseguido líder de la CAM vestía las ropas ajadas del trabajo campesino y evidenciaba una extrema delgadez a causa de enfermedad y cansancio. Escenas absurdas representadas a través de los medios de comunicación y acompañadas de triunfantes declaraciones de las autoridades.

A pesar de los cientos de procesos judiciales en el marco del conflicto, de los 60 procesados y 40 prisioneros políticos (nueve en El Manzano), en más de diez años el Estado no ha logrado frenar la lucha mapuche. Todo prueba que se trata de una operación mediática para construir “opinión pública”. La prensa encabezada por COPESA ha dado plena cobertura a los fiscales anti-mapuche cada vez que se pronuncian. De esta manera, cuando amainan las acciones del pueblo mapuche, gobierno, fiscales y policía dan cuentas alegres de sus “éxitos” sobre la CAM. Pero, en tanto el conflicto social retoma su fuerza, los mismos reaparecen para hablar de “rearticulación” o de “renovación de cuadros”, reanimando la tesis de que la CAM “sigue operativa”.

Desde fines de julio pasado, en medio del alza de las tomas de terrenos, los titulares de El SUR (sucursal de El Mercurio) informaban que eran detenidos los “jefes operativos” de la CAM, Héctor Llaitul Carillanca, el 16 de julio, y Luis Trancal Quidel, el 5 de agosto; especulaban acerca de nexos y supuestos entrenamientos militares con las FARC de Colombia y con el movimiento nacionalista vasco, junto a informaciones de atentados explosivos cometidos por la ETA en España (“Vascos estarían tras conflicto mapuche” 6/8/09, seis días antes del asesinato de Mendoza), de rearticulación o renovación de la CAM (“Espina se suma a certeza de que la CAM continúa en operaciones”, ante dichos de fiscales, 12/8/09). Coparon de esta forma espacios y desfiguraron la movilización masiva de comunidades mapuche en la IX región y Arauco. Pero, curiosamente, en Chile no se comentó que en España había periódicos informando de la persecución y expulsión de ciudadanos vascos pertenecientes a la ONG Askapena, solidaria con el pueblo mapuche.

En la utilización de los medios de comunicación, las fuerzas represivas y la Justicia, de los ministros y del juego parlamentario, oficialidad y derecha apenas se distinguen por diferencias de énfasis. Han compartido la política de militarización y el refuerzo de contingentes en la zona. Las bulladas gestiones parlamentarias se muestran ineficientes ante el “problema mapuche” y da la sensación de que las iniciativas de los políticos son verdaderas apuestas a “caballo cojo”.

Las operaciones comunicacionales y los montajes, son un arma determinante. Es así que poco o nada se sabe que el 7 de julio pasado una masiva delegación de lonkos y familias de 200 comunidades mapuche viajó a Santiago y pidió entrevista en La Moneda para dialogar con la Presidenta sobre tierras y otros puntos de conflicto. Pero Michelle Bachelet no les recibió. Entonces, las comunidades declararon que no les quedaba otra opción que intensificar la recuperación territorial.

La población chilena empezó a escuchar de “enfrentamientos” con carabineros en distintas partes de la IX región a mediados de julio, junto a informaciones sobre la CAM, los vascos, etc. Con el crecimiento del movimiento en el sur, se vuelve a hablar de terrorismo. Es detenido Llaitul (meses después de ser absuelto por la Justicia) y después Trancal en Santiago, ambos acusados de terrorismo. A la par se refuerzan los operativos en las zonas en conflicto, que resultan finalmente en el asesinato de Jaime Mendoza. No se supo que antes, el 23 de julio, ya habían tres comuneros heridos por la espalda en la comunidad Coñomil Epuleo (Ercilla) y que Benjamín Curinao (25 años) de la comunidad Temucuicui, era herido de bala en uno de sus ojos (Revista El Quinto, 11 de agosto).

Incontenible el escándalo, Bachelet interviene para “lamentar” la muerte de Mendoza Collío (13 de agosto) y agrega que su gobierno repudia la violencia y que se manifiesta a favor del diálogo para resolver las “legítimas reivindicaciones del pueblo mapuche”. A pesar de esto, días después del asesinato de Jaime Mendoza, su ministro del Interior, E. Pérez Yoma, declaraba su apoyo al accionar de Carabineros y afirmaba que éstos hacen los esfuerzos para dar con “los delincuentes que han provocado esta situación”.

Las comunidades en conflicto reaccionaron ante el crimen de Jaime Mendoza con ira por varios días, hasta su funeral (16 de agosto), al que asisten más de tres mil mapuche. Enseguida se pronunciaron respondiendo que si la presidenta quiere dialogar, esta vez debe ser ella la que concurra a la zona para reunirse con las autoridades del pueblo mapuche. En cambio, el gobierno designó para esta relación al secretario general de gobierno, José A. Viera Gallo, recién el 26 de agosto, celebrado por RN y la UDI. El PPD (partido de Viera G.), por otro lado, pidió en una declaración la destitución del general Llévenes, a cargo de la IX región; un discurso pasajero que jamás sus autores defendieron ni tuvo réplicas en la Concertación. Algunos congresistas se pronunciaron por la creación de cupos parlamentarios exclusivos para ciudadanos mapuche, propuesta que también ha gustado entre representantes de la derecha. Pero la cuestión territorial sigue el mismo curso. Aunque se sabe que entre los afectados con la recuperación de tierras se encuentran parlamentarios de la derecha e incluso un ministro del gobierno, el problema es más bien que el tema es delicado para los capitales forestales y las mineras (como la del proyecto Manto Rojo en Lleu Lleu).

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