EDITORIAL

ES MUY CLARO, NO QUEDA MÁS QUE CONSTRUIR UN MUNDO NUEVO

El inicio de este año ha sido tremendamente desconsolador para el pueblo de Chile. El terremoto del 27 de febrero ha roto muchas vidas, muchas “normalidades”, principalmente de pobladores pobres que han visto desaparecer sus escasos bienes y sus precarios equilibrios. Mucho de esto no debió ocurrir en el país más sísmico del mundo. Y la inauguración de un nuevo gobierno y sus dos meses de andar han venido a completar el cuadro… Mientras unos sufren, otros, los mismos otros de siempre, engrosan sus ganancias y acentúan la explotación.

Gran negocio para LAN, gran negocio para Home Center, para los especuladores del dinero plástico y de los créditos, para los gremios de ricos como el de la Cámara de la Construcción. El schok de la “catástrofe nacional”, es decir, el dolor del pueblo, es la alegría contable de la gran empresa. La aplicación corrupta del artículo 159 de la Ley Laboral, ha solazado a los grandes holding y a los empresarios sin escrúpulos; las salmoneras, allá en la X región, se han servido del pretexto para justificar el ajuste de sus cuentas por el mal manejo del virus Isa, a costa de uno de los sectores de trabajadores más explotados del país.

Negocios son negocios. En tanto, la clase trabajadora y los pobladores empobrecidos, abren los ojos todavía empañados. Comienzan a valorar la unidad. Pobres, siempre pobres, sienten llegar las manos solidarias, las verdaderamente solidarias, porque van en socorro de sus hermanos de clase. Chilenos en el extranjero, organizaciones sociales y agrupaciones nacidas de esta conmoción, reúnen ayuda y entregan su apoyo. La palabra gente en algunas partes empieza a sonar otra vez a pueblo. Aún falta mucho. Aprenderán los desposeídos, aprenderá la izquierda quizás más. De otro modo, la farándula con sus Dones Franciscos, se tragará otra vez el sentir verdadero.

Este 1º de mayo tiene un significado que la izquierda revolucionaria debe expresar en programa y lucha. Se ha hablado de “alzas de impuestos”, de “respeto de las normas de negociación colectiva para el sector público”. Son los discursos sospechosos de un gobierno empresarial. Es nuestro deber discutir y polemizar para enfrentar a esta derecha desde la unidad que no se conforma en ser oposición y aspirar solo al “cambio” gubernamental, sino que siga la vía, a veces difusa, pero radical e ineludible, de la revolución social.

De las sombras de la mentira a la luz, de la dictadura del capital al Socialismo.

¿ADONDE VA LA DERECHA EN CHILE (PIÑERA)?

Patricio Malatrassi A.

Economista

Piñera es la nueva criatura, esta vez triunfante, de las fuerzas más reaccionarias del país, al que se les unió una parte del electorado hastiado de los negociados de la Concertación y de la posibilidad de repetición como Presidente de un hombre tan poco atractivo electoralmente como el ex Presidente Frei.

No es necesario tener una bola de cristal para prever los quehaceres a que se avocará la dupla Unión Demócrata Independiente (UDI) y Renovación Nacional (RN) y que representará Piñera en los próximos cuatro años. Ellos son los que originalmente, violencia armada, tortura y desapariciones de por medio, impusieron al país el actual modelo económico neoliberal de desarrollo capitalista.

En Chile las formas de producción capitalistas se hallan plenamente asentadas, ese es el logro mayor de la Concertación, lo demás es anécdota. Esta realidad implica que no sólo padece los males que entraña el desarrollo de la producción capitalista moderna, sino también una serie de miserias heredadas. “No sólo nos atormentan los vivos, sino también los muertos”. Estas formas de producción capitalista que han generado falsa conciencia de grandes sectores de la(o)s trabajadore(a)s, haciendo que parte importante de ell(a)os hayan perdido su condición de clases adscribiéndose a una marea aspiracional institucionalizada en una inexistente clase media que no es más que una forma de ocultar su condición de eternos explotados. El modelo les provee del paraíso virtual del consumo suntuario inmediatista y de una farándula desatada e interminable donde viven vidas ajenas por reflejo, todo financiado por el maná de las tarjetas de crédito (No olvidar que Piñera trajo las transnacionales de las tarjetas de crédito a Chile) donde todo parece posible.

El terremoto ha dejado en descubierto estas miserias modernas y heredadas: una desoladora realidad inamovible y en ella se tendrá que mover el gobierno con un equipo que en forma clara muestran determinados intereses y relaciones de clases. Naturalmente, Piñera y sus asociados subjetivamente se consideran por encima de ellas, pero la realidad muestra ya que no pueden sustraerse a este imperativo. El sentido de propiedad clasista de Piñera, por ejemplo, resulta dramático: Véase el doloroso parto público que ha mostrado estos días para desprenderse de la propiedad de LAN-Chile y Chilevisión, claramente en conflictos de intereses con su nueva investidura. Y en definitiva no lo hará. En Televisión trasladará su propiedad de las acciones a una fundación cuyo controlador será el propio Piñera. La diferencia entre una sociedad y una fundación está centrado en que en la primera los excedentes de la operación son apropiados por el dueño de las acciones y en el segundo caso debe reinvertirlos, pero en ambos casos el control de la actividad puede seguir en manos de la misma persona. Así las cosas, pese a sus promesas el financista – presidente ha mostrado una persistencia sublime en su condición de propietario.

En otro ámbito, el programa financiero deberá hacerse cargo de los US $ 30 mil millones (en cálculo del gobierno) en daño a la economía que ha significado el terremoto; no considerará en su absorción, por ejemplo, las fabulosas ganancias de las grandes transnacionales del cobre sujetas al paupérrimo royalty que le concedieron a la Concertación vía un compromiso de invariabilidad tributaria. Piñera y su gobierno no tocará el estatus del capital imperial salvo para entregarle nuevas concesiones. Habrá una salvaguarda a todo evento del interés del capital transnacional y por otra, como ya lo ha declarado el ministro de Hacienda, el “significativo” aporte del interés privado en la solución de los daños del terremoto y por ende en la política económica diseñada. El lema es más poder privado, más concesiones en obras públicas, más concesiones en salud, más concesiones en educación, más privatizaciones. El mercado y el lucro serán los planificadores de la economía y del desarrollo capitalista.

Sebastián Piñera y sus partidos seguirán profundizando el modelo y borrando los febles arrestos redistributivos que tuvo la Concertación. Esto, claro, no es gratis y hará que emerjan con mayor fuerza las contradicciones sociales que brotan de las leyes naturales de la producción capitalista. Estas leyes, estas tendencias, de por si actúan y se imponen con férrea necesidad, pero crean también la necesidad histórica de poner fin a tal estado de cosas; pues pese a los arrestos reaccionarios que pueda tener el gobierno, la sociedad actual, menos que en ninguna época de la historia, no es algo inconmovible sino “un organismo susceptible de cambios y sujeto a un proceso constante de transformación”.

Es preciso entonces levantar un frente amplio que frene el proceso de agudización reaccionario implícito en un gobierno donde su principal sostén político lo constituye la UDI, el partido de los hombres que constituyeron el sostén ideológico de la dictadura de Pinochet y que entraron a saco en el patrimonio social del país; es preciso que la izquierda en general y el Partido Comunista en particular, se constituyan en baluarte de la defensa de los intereses del país y de los trabajadores. Esto último que es más fácil decir que de hacer, dada la situación objetiva de atomización de la izquierda y la pérdida de la existencia legal del PC.

No hay duda que las fuerzas económicas en acción se manifestarán en conflictos de clase precisamente aquí en Chile, donde el capital pareciera ser la fuerza que todo lo domina.

PROMOCIÓN DE LA LIBRE COMPETENCIA Y NO DISCRIMINACIÓN ENTRE EMPRESAS.

Daniel Jadue[1]

En la editorial del diario La Tercera del viernes 9 de Abril se hace un llamado a continuar promoviendo la competencia y no ceder a la tentación de discriminar entre empresas, en un intento de detener cualquier análisis que permita diferenciar legalmente el tratamiento que la ley otorgaría a las mismas, en materia tributaria o de flexibilización laboral, según sea su tamaño o el rubro en el que desarrollan su actividad, con miras a superar la catástrofe surgida a partir del terremoto del 27 de febrero, en nuestro país.

Se plantea que la discriminación entre empresas correspondería a una revisión fundamental e inconveniente de la institucionalidad económica chilena que ha avanzado por décadas, según, el artículo en comento, en la promoción de la competencia.  De la misma forma, plantea el artículo, que las reformas chilenas de las últimas cuatro décadas han buscado configurar un sistema donde las empresas – de cualquier tamaño o sector – compiten, supuestamente, en un contexto de reglas similares para todas, no expuestas a favores o sanciones arbitrarias de la autoridad.

Llama la atención, sin embargo, que en el análisis no se consideren los favores o sanciones arbitrarias provenientes desde el mismo sector privado, lo que para el editor, pareciera ser, en este caso, inexistente o completamente legítimo.

Este es el caso del descuento por volumen, que corresponde a una arbitrariedad entre privados que anula completamente la posibilidad de competir en igualdad de condiciones a los pequeños empresarios, convirtiendo las definiciones anteriores solo en frases vacías que buscan construir una imagen de sociedad ideal, más que representar la realidad nacional, marcada por la concentración de la riqueza y las dificultades permanentes para los pequeños y medianos empresarios.

De esta manera un pequeño comerciante que desea comprar latas de bebidas para abastecer su local se encuentra con que le resulta más barato comprarle a una cadena de supermercados, que directamente al productor de las mismas, ya que debido al volumen de la compra del primero, éste es capaz de negociar y congelar precios de manera de salir al mercado en condiciones incluso más ventajosas que las del mismo productor.

Otro ejemplo es la diferencia abismal existente en las formas y oportunidades de pago existentes a los grandes y pequeños proveedores y el acceso a créditos que ambos poseen en virtud de la discriminación y arbitrariedad en la definición de las tasas de créditos con las que el mercado financiero asegura su rentabilidad, de acuerdo al riesgo de cada actor económico, lo que define el acceso a financiamientos que poseen los mismos con miras a sortear los problemas de flujo propios de cualquier emprendimiento.

Mientras unos reciben pagos al contado y con acceso inmediato y sin aval al crédito, otros lo hacen a 30, 60, 90 y hasta 120 días, viviendo permanentemente al borde de la quiebra y pagando intereses usureros a los primeros.

Cabe destacar que en algunos países desarrollados, ambas prácticas están prohibidas, precisamente para asegurar lo que algunos defienden como libre competencia.

La defensa de la igualdad a medias en las condiciones que las empresas deben enfrentar para competir, poniendo el énfasis solo en la necesidad de anular posible arbitrariedades del estado pero no la de los privados, solo puede provenir de sectores comprometidos con la mantención de un modelo eminentemente concentrador de la riqueza y promotor despiadado de las diferencias sociales como el nuestro.  Incoherencias como estas son capaces de explicar por qué en nuestro país sale tan caro ser pobre y tan barato no serlo.

Por lo mismo es que se hace necesaria una revisión completa de las condiciones para adoptar una línea coherente para el desarrollo una sociedad más justa, equitativa y solidaria, ya sea  eliminando las potenciales arbitrariedades provenientes tanto del sector público como del privado o buscando formas para compensar las existentes de manera de ir cerrando las brechas que en los últimos 40 años se han seguido ampliando.


[1] El autor es Arquitecto, Sociólogo y Candidato a Magíster en Urbanismo de la Universidad de Chile.  Es  además Lic. En Gestión de Calidad Total de la Universidad Católica del Norte.  Es presidente del Centro La Chimba de Recoleta y Vicepresidente de Desarrollo Organizacional y Comunicaciones de la Federación Palestina de Chile.  Además es miembro del Consejo Editorial de Crónica Digital y Miembro del Equipo de Análisis de Políticas Públicas de la Academia de Humanismo Cristiano.

¿APRENDER DE LA HISTORIA?

Derrota, Pragmatismo y Política

Uliánov

Estos son asuntos para los que no existen soluciones teóricas satisfactorias. La historia puede ser magistra vitae (maestra de la vida) si desde un punto de vista crítico nos dice qué camino no debemos tomar. Pero este efecto orientador sólo se hace presente cuando asumimos claramente que hemos fracasado en nuestras expectativas o, lo que es peor, en nuestro accionar; como dicen los curas, confesados primero, perdonados después.  Para aprender de la historia no podemos hacer a un lado las derrotas como si éstas fueran parte de un juego abstracto o una estrategia mal diseñada, porque los costos en vidas las pagan los militantes y el pueblo. No podemos por otro lado reprimir los problemas no resueltos, colgándoles el mote inquisitorial de herejes, fraccionalistas, maximalistas, antipartido u otros, cual modernos Torquemadas[1]. Tendremos que mantenernos abiertos y expectantes a las experiencias críticas, a las opiniones diferentes, porque esto no puede ser un coro que insiste en cantar desentonadamente para nadie; de otro modo ni siquiera podremos entender los acontecimientos históricos como desmentidos, como evidencia insoslayable de que hemos fracasado, nos han derrotado otra vez. Ejemplo de tales desmentidos históricos ha sido el pertinaz “éxito” del modelo capitalista neoliberal en nuestro país, desde Pinochet hasta Sebastián. Cuando no podemos aprender de tales desengaños, nos toparemos siempre con un trasfondo de expectativas defraudadas, con un accionar que se ha vuelto cuestionable, para decir lo menos. Y este trasfondo se compone siempre de hábitos, discursos, tradiciones, formas de militancia y de prácticas políticas que compartimos para bien y para mal. En definitiva de tradiciones a las que los problemas no resueltos han privado de su asertividad y filo práctico.
A partir de lo anterior, comenzaremos haciendo algunas consideraciones sobre la política de la izquierda en nuestro país. Una de las principales tradiciones políticas de la izquierda es la herencia de los Frentes Populares de la década del treinta y cuarenta. Ese accionar político se ha mantenido como un referente inalterable a través del tiempo, hay ahí una continuidad histórica que ha traído aciertos y no pocos y terribles fracasos: Ese accionar se sustenta en dos aspectos centrales, por un lado, la unidad sin exclusiones para lo que se estime y, por otro lado, el carácter de masas de la actividad política.  El principio de la unidad se ha esgrimido desde allá hasta acá, hasta hacerlo majadero sobre todo en la alianza con el centro político, ya sea este centro el radicalismo de antaño o la democracia cristiana hoy.  Esa insistencia, muchas veces, aunque no siempre, ha significado postergar ad-eternum la revolución y el socialismo (actitud realista y pragmatismo inteligente le han llamado). Ahora bien, como esa anhelada unidad se ha dado a medias o no se ha dado, entonces la izquierda recién ahí comienza a perfilar análisis, discursos o prácticas políticas que se abren a otras posibilidades de ruptura más profunda con el sistema; resumidos en la ambigua y muy general tesis de “todas las formas de lucha”. Esta última viene a plantear con el tiempo una nueva forma de hacer política, impensada por la izquierda hasta ese momento.
Por último, como la política siempre se hace considerando al enemigo y a las fuerzas propias, la forma en que terminó la dictadura de Pinochet y la subsiguiente etapa histórica que inició la Concertación, vinieron a demostrar que la unidad y el carácter de masas de la política de izquierda no estaba equivocada. Pero aquí es central recordar que: Pinochet murió de viejo, las bases neoliberales de la economía, el estado y la sociedad siguen intactas, los partidos de derecha son los que obtienen un enorme caudal de votos, la izquierda y su discurso es débil, y la guinda: Sebastián ganó la última elección. Pregunta para el cierre: ¿Hemos aprendido de la Historia?


[1] Tomás de Torquemada O.P. (Valladolid 1420 – Ávila, 1498) fue el Inquisidor general de Castilla y Aragón en el siglo XV y confesor de la reina Isabel la Católica. Gran artífice del Edicto de Granada, que ordenó la proscripción de todos los judíos de España (1492). Existe documentación que evidencia que él y la Inquisición española son considerados responsables de actos de injusticia y sufrimiento, realizados mediante el uso de torturas, denuncias anónimas y ejecución por fuego en el así llamado “auto de fe” o «acto de fe» por el que sometían a los supuestos herejes y otros. El nombre de Torquemada, como parte de la leyenda negra de la Inquisición española, se ha convertido en un apodo para la crueldad y el fanatismo al servicio de la religión.

Cuerpos ausentes o cartografía de la catástrofe

Israel Encina

“la poesía es pintura que habla y la pintura poesía muda”

Simónides

No será tarea de la teoría hablar de la importancia de la obra de Bolaño, su tarea será por el contrario hablar de la necesidad de la obra del autor. Hablar de la importancia de su obra sería redundar, volver a lugares comunes. No sólo la obra de Bolaño se ha transformado en un referente objetivo de la literatura hispanoamericana actual, como lo han afirmado en varias ocasiones Villa-Matas o Piglia, entre otros, sino que incluso la figura, la persona Bolaño ha adquirido el aura del referente generacional; del culto. Por otro lado, al hablar de la necesidad de la obra bolañeana nos introducimos en el terreno de lo inhóspito, en el paisaje del trauma y la barbarie. La obra de Bolaño nos dirige la mirada hacia el horizonte barbárico del siglo XX en tal forma, que el ejercicio de leer  ha devenido en un ejercicio de mirada. Una literatura para ser vista; esta es la materia del discurso.

El trabajo literario de Bolaño se caracteriza mucho más por la idea de proyecto que por la idea de libro. En su narrativa tiene lugar una fuga permanente de figuras y territorios que contribuyen a la configuración de un palimpsesto estratégico. Este juego de trasparencias no sólo se mantiene en relación al proyecto bolañeano de la literatura como cuerpo total, sino que permite lecturas veladas y directas de escenarios y sucesos históricos.

La narrativa de Bolaño es una confrontación directa con los sucesos últimos de la historia latinoamericana, y en algunas novelas en particular, con la historia reciente del Chile actual. Este tratamiento de la historia, en el caso chileno en particular, viene a llenar un vacío generado por la ausencia de una confrontación con la historia, que ha sido promovido por una política del perdón y del olvido sistemático. El olvido de los nombres, el olvido de los hechos.

Si bien es cierto que este proceso de amnistía tuvo lugar en el marco de una cierta legalidad contingente y que fue impulsado principalmente por la clase política que desde 1990 gobernaría Chile, sus efectos sobre la escena cultural y las formas de socialización fueron inevitables. La lista de ejemplos de este ambiente amnésico sería larga: los crímenes contra los derechos humanos son un tema aún pendiente, así como el paradero de los cuerpos de los ejecutados políticos. La constitución chilena es aún la constitución formulada por la dictadura y es, no solamente un estorbo para la construcción de una “democracia efectiva”, sino además la garantía principal de la inmunidad de la que gozan los torturadores, cómplices y militares.

La política del perdón que se lleva a cabo por los gobiernos de la transición (concepto que determina una contingencia y una práctica política particular) se transformó lentamente en un comportamiento generalizado de la sociedad chilena. La “Transición”, no ha sido otra cosa que una negociación de la memoria. Este problema se resume en la frase pronunciada por Patricio Aylwin en 1990 al relevar a Pinochet en el poder, “verdad en la medida de lo posible”. Esta frase, que describe ciertamente una actitud administrativa respecto a la historia, no sólo determinó una política del encubrimiento -oculta bajo el eufemismo de perdón-, sino que contribuyó a una práctica de no-nombramiento y de distanciamiento con lo ocurrido.

Tal actitud no sólo está presente en la administración política del Chile pos-dictadura, sino que se deja ver incluso en una “cierta literatura”, que podríamos llamar “de pos-dictadura”. Una literatura que refleja, sin embargo, una voluntad política de evadir el conflicto: una literatura en la medida de lo posible. La narrativa de figuras pertenecientes a la escena literaria oficial, como Diamela Eltit, Sepúlveda, Letelier, Zurita, entre otros, ha sido y es sin duda un intento por tematizar lo ocurrido, un intento que a falta de otra palabra podría denominarse “protocolar”. Es una literatura, por lo demás, que habla desde una distancia premeditada y que por lo mismo no logra poner en cuestionamiento las condiciones que hicieron posible la barbarie de la era Pinochet y, como consecuencia lógica, es una literatura que mucho menos tematiza las condiciones de su imposibilidad.

Estas estructuras ideológicas presentes en el escenario cultural chileno se expresan, en cierta medida, como una subordinación del tratamiento de la memoria a un pacto político. Según el sociólogo  Tomás Moulian[1] las estructuras ideológicas construidas por la Concertación, en el período denominado Transición, se han enfocado en un permanente “blanqueo de la memoria”. Esto ha tenido como resultado final un abandono total del tratamiento de la historia, en la práctica esto ha significado perdón y olvido, y que (como ya se ha mencionado) aún se desconozcan los paraderos de miles de detenidos y ejecutados políticos. Una vez entrada la democracia, se pasa inmediatamente a una política de la no mención, a la del silencio. Tales estrategias constituyen la garantía de permanencia de un modelo de régimen totalitario, donde ha comenzado a volverse natural la práctica de una psicología de la sobrevivencia. En este contexto resulta relevante la pregunta por las relaciones entre barbarie y cultura. La pregunta por las posibilidades reales de construir en el campo cultural un espacio político del desacuerdo.

Este espacio del desacuerdo debe ser entendido aquí en su esencia política, y la política, como el resultado de la conjunción de dos elementos inseparables: el discurso y la acción.

De la literatura como una resistencia frente a la barbarie y al olvido de las barbaries tenemos no pocos ejemplos. La literatura como gesto político se inscribe directamente sobre el territorio del discurso y del nombrar como acción. En ocasiones es la literatura también el gesto de la barbarie, y si bien, no es intrínsicamente la barbarie, se descubre como un correlato de esta, como la repetición de las coordenadas culturales que conducen o condujeron a la barbarie.

En el contexto cultural chileno, contexto de alguna forma determinado por el pacto de silencio y perdón, la literatura de Bolaño es la resistencia, el gesto valiente del que se atreve a golpear a los amnésicos. Estrella distante, Nocturno de Chile, Literatura Nazi en América, no son sólo intentos hacia la configuración de una memoria colectiva del pasado reciente, chileno y latinoamericano, sino además la denuncia de las estrechas relaciones entre barbarie y cultura. Es el rompimiento del pacto de silencio y perdón impuesto por la administración política.

Una sociedad que ha sido sometida a una política del olvido y del blanqueamiento de los hechos de barbarie en su historia, es una sociedad que ha perdido su sentido de la orientación y que vaga a la vez en la bruma de un imaginario construido como sustituto de su memoria. En este estado social, la narrativa de Bolaño se alza como una propuesta de orientación, una terapia de choque. Es la exposición de imágenes que deben ser vistas. El proyecto literario de Bolaño es la obligación de mirar sobre una superficie que debe ser observada en su particularidad, una superficie sobre la que se han ubicado de manera estratégica, como metáfora de alguna pintura de Archimboldi, detalles de la barbarie que dibujan un retrato del horror. Una cartografía de catástrofes. Como ha comentado Patricia Espinoza, la primera (y durante un tiempo la) única critica literaria chilena que ha impulsado un trabajo sobre la obra de Bolaño, el proyecto de escritura bolañeano exige de lectores-detectives. Un lector que sabe que el escenario del crimen, los detalles y el cadáver, fotografían al asesino.

Al sur del largo pasillo llamado Chile

Bolaño afirmó que la escritura de la novela “Estrella distante” fue el intento de una aproximación al mal absoluto. A manera de prólogo o comentario al lector, se puede leer al comienzo de la novela, que ésta es el resultado de una discusión entre Bolaño y Arturo Belano, es la reescritura de los sueños y pesadillas de Belano. Pero es a la vez la continuación en detalle de la última de las historias narradas en “Literatura nazi en América”, la de Carlos Ramírez Hoffman, teniente de la Fach, torturador y poeta. Carlos Wieder, nombre bajo el que es conocido como poeta, no sólo es un aviador osado que escribe poesía en aire, como gesto radical de vanguardia y como comentario a lo efímero del arte. Él es por sobre todo “poeta visual”, ¿qué significa esto? Wieder fotografía a sus víctimas mientras son torturadas, fotografía sus cadáveres, los rastros y resultados del horror aplicado contra sus cuerpos. Wieder presenta estas fotografías como poemas, como obra de arte, emulando con ello cierto gesto radical de vanguardia donde las fronteras entre lo ético y lo estético son ignoradas por completo.

Si bien esta narración despierta el ánimo de comparaciones históricas a manera de reflejos, no pretende ser espejo de un otro o un aquello, sino espejo de sí misma. Este juego relacional que produce la narración genera procesos de desterritorialización entre la ficción y la realidad histórica. ¿Pero no es acaso este un aspecto central de la reconstrucción de los hechos, lugares y nombres a través del ejercicio de memoria en la literatura? Preguntas fundamentales después de la catástrofe serían las siguientes: ¿Cómo recrear el escenario de la catástrofe con la ausencia de los cuerpos? ¿Cómo proceder a la identificación de la particularidad de la catástrofe y su lugar, y acto seguido, cómo repetir el gesto de Simónides? ¿Qué estrella cae sin que nadie la vea? Es la pregunta que abre la narración con la cita a William Faulkner. ¿Quién vio la estrella que cayó en el extremo sur del continente americano, quién vio las incontables estrellas, que caídas a la fuerza se apagaron en el nocturno brutal de los 70 y 80as de las dictaduras latinoamericanas?

Simónides es considerado entre las figuras griegas como el creador de la mnemotecne (técnica de la memoria). Así lo confirma un texto de Cicero donde narra como Simónides al ser invitado a un banquete para leer poesía, “casualmente” abandona el edificio donde se encontraba. En ese preciso momento tiene lugar un terremoto destrozando el edificio por completo. La catástrofe es de tal magnitud que los cuerpos destrozados bajo los escombros son ya irreconocibles. Simónides, único sobreviviente, puede recordar en detalle dónde se encontraban sentados los comensales y los identifica escribiendo sus nombres sobre la superficie de la mesa. El gesto de Simónides describe la memoria como un sistema de aprehensión total, de memoria visual, de lugares, de escenarios, de cuerpos y de nombres.

La historia de A. Belano en “Estrella distante” mantiene ciertas apariencias formales con la historia de Cicero sobre Simónides. Es la historia del sobreviviente de un campo de concentración en el sur de Chile que hace esfuerzos por reconstruir el escenario de catástrofe y por transcribirlo en un texto necesario. A. Belano, comenta Bolaño al comienzo de la novela, no estaba conforme con “Literatura nazi en América”, creía necesario reconstruir lo sucedido en su particularidad. El resultado de esta reconstrucción no sólo tiene que ver con los nombres de los cuerpos destruidos por la catástrofe, sino incluso con las condiciones que hicieron posible la catástrofe, las cuales permanecen vigentes en la administración política y en la práctica cultural. (Ya se sabe que el objeto del poder, por excelencia, es el cuerpo: su posesión, su captura y, en muchas ocasiones, su desaparición).

Esta persistencia de la narrativa de Bolaño, por descubrir y apuntar los estrechos y secretos vínculos entre la práctica cultural actual, sus figuras y sus instituciones, con los elementos que hicieron posible la era Pinochet, le han significado ser ignorado por los círculos de literatura oficiales.

Bolaño no escatima en generar una cartografía de lo sucedido en sus detalles más particulares e identifica los vínculos olvidados entre estos. En este sentido la obra bolañeana es una necesidad, la necesidad de la confrontación con lo ocurrido en su crudeza. Lo ocurrido en sus novelas adquiere repentinamente el carácter de lo que permanece, y es precisamente ese peligro el que Bolaño intenta identificar. Si hay algo que aprender de las barbaries en el siglo XX es que ya no se puede seguir hablando desde el mismo horizonte cultural que condujo al fascismo y la barbarie.

Michael Townley y Mariana Callejas

Estos personajes “secretos” en el campo cultural son la materia principal de la novela “Nocturno de Chile”. En esta novela, como apunta Espinoza, Bolaño presenta a un yo literaturizado, ficcionalizado, pero también un yo adherido a una referencialidad clara; hablamos de Ignacio Valente, sacerdote y poeta, el más respetado de los críticos literarios de la era Pinochet. Por cierto, no se escatiman algunos nombres propios (Pinochet, Neruda), acompañados de otros simplemente convocados a partir de un mediano conocimiento del lector de la escena literaria chilena. Bajo este último procedimiento, los juegos intencionados con los posibles efectos de lectura, aparecen (como he mencionado) José Miguel Ibáñez Langlois, sacerdote y crítico literario de seudónimo Ignacio Valente, Mariana Callejas, Michael Townley (funcionario de la DINA) y, un poco más borrosamente, Hernán Díaz Arrieta, Alone. Esta novela es el intento de mirar tras la cara visible del mismo poder que hoy intenta seguir convenciendo con su discursividad del ocultamiento.

La narración esta construida como una mirada al pasado, los recuerdos del critico literario Ibacache, que como desenlace lógico, inevitablemente acusan la complicidad del presente. (Son los recuerdos de un cómplice, que no es lo mismo que los recuerdos de un sobreviviente). En un momento de esta mirada hacia el pasado, Ibacache recuerda uno de los escenarios más espeluznantes de la escena cultural de los 80′as. La casa del matrimonio Callejas – Townley (en el mundo clandestino de la era Pinochet, también conocida como la Ratonera). Allí se llevaban a cabo tertulias de tipo cultural y talleres literarios, a donde asistían muchas figuran renombradas de la escena cultural chilena. Muchos de ellos premiados, muchos de ellos aún escritores activos y profesores en universidades privadas. Sería la misma casa utilizada como centro de tortura durante la dictadura. Bolaño re-construye este paralelismo, es decir, la escena subterránea de la barbarie, de la tortura, el crimen y el terror, y la ubica paralela al encuentro cultural. Es sabido que en muchos momentos ambos escenarios cobraban vida de manera simultánea.

Bolaño no solamente reconstruye la escena subterránea de la casa de Callejas y Townley, sino que escenifica todo lo sucedido en el subterráneo del escenario cultural y literario chileno en tiempos de la dictadura de Pinochet, y que, además, es el mismo que se prolonga desde los primeros años de la Concertación sin que haya sido realmente puesto en cuestionamiento. A través de este procedimiento, Bolaño despierta figuras periféricas que con el paso de los años han perdido por completo su referencialidad a la barbarie.

Bolaño logra revivir un problema oculto bajo el pacto de transición, e instala una forma estratégica de mirar la historia, al mismo tiempo que apela a una literatura indagativa. Esta apelación que Bolaño realiza a la literatura, como forma de indagación, hace inevitable el enfrentamiento con el acto de recordar, donde el leer y visualizar son violentados por imágenes crudas. La imagen en el relato bolañeano vuelve a una función básica, mostrar y dejarse ver. Esta estrategia tiene que ver con la voluntad de Bolaño de retener el detalle del suceso y de dejar contenido en él, la atmósfera del mal como una transparencia siempre presente. Esta estrategia es identificable en su particularidad en la novela 2666[2] (2004), en ella (que fue editada luego de la muerte del autor en 2003), Bolaño profundiza el tema que cruzaría toda su obra literaria y se propone una confrontación directa con el mal. Esta novela esta constituida de cinco partes: La parte de los críticos, la parte de Amalfitano, la parte de Fate, la parte de los crímenes, la parte de Archimboldi; cada una de las partes del libro remite a Santa Teresa, ciudad mexicana fronteriza, donde suceden continuos asesinatos de mujeres (que es también el lugar físico de referencia en la novela Detectives Salvajes). En la parte de los crímenes, Bolaño utiliza una forma narrativa que determina nuestra forma de mirar; ésta es: la documentación médico-legal, o forense, de un crimen; a través de ésta, la descripción precisa del detalle fotográfico adquiere importancia como fidelidad a lo descrito. El autor abandona la narración mediada por el elemento poético y nos entrega una imagen sin metáforas. La imagen es referencia de sí misma. La imagen está obligada en su entereza a dejarse ver. El autor construye, para cada uno de los más de cien crímenes narrados, una descripción exhaustiva a la manera de fichas policíacas. Busca patrones y elementos que le permitan ordenar el escenario de los crímenes con la esperanza de identificar su particularidad, con la esperanza de que fotografíen al asesino. Cada una de estas descripciones es a la vez una imagen, un elemento compositivo de una imagen mayor, mucho más basta, y que por lo demás pretende captar y registrar el elemento que flota en el aire, es decir, que esta estrategia de descripción fría y calculada, adquiere como desafío la construcción y visualización de un retrato del mal.


[1] Moulian, T. Chile actual, anatomía de un mito. Lom – Arcis, 1997. Moulian constituye uno de los referentes más importantes en el escenario intelectual chileno entorno al tema Dictadura, democracia y memoria. La estrategia abordada por Moulian se construye sobre un análisis se las formas constitutivas de saber y de poder, en directa relación con la obra de M. Foucault.

[2] Bolaño, R. 2666. Bebos Aires, Anagrama 2004. Esta novela esta compuesta por cinco partes que funcionan como un todo, pero son  a la vez obras simultáneas, piezas movidas por el escritor a voluntad. “La parte de los críticos” es el relato de las aventuras -es decir de los deseos, las frustraciones, los sueños y, sobre todo, las pesadillas- de un grupo de críticos europeos que viajan a Santa Teresa animados por la posible presencia de Benno von Archimboldi, un esquivo escritor prusiano cuya obra llevan décadas estudiando con incontenible admiración. “La parte de Amalfitano”, en tanto, es el magistral registro de la descomposición psíquica de Óscar Amalfitano, un profesor chileno cuya mujer lo abandonó en España y que ahora vive con la hija de ambos en la ciudad de los crímenes, arrinconado por oscuras bromas geométricas inspiradas en Duchamp. En “La parte de Fate”, la tercera del conjunto, un periodista negro neoyorquino se ve involuntaria y fatalmente impelido a transitar por los ambientes de la mafia y del hampa de Santa Teresa, mientras que “La parte de los crímenes” es la maratónica y aterradora narración de más de cien salvajes asesinatos, con abundancia de detalles forenses. Para esta parte del relato mantuvo un diálogo permanente con Sergio González Rodríguez, escritor mexicano que investigó los crímenes de Ciudad Juárez (en la novela, Santa Teresa) y publicó el extraordinario reportaje Huesos en el desierto. “La parte de Archimboldi”, finalmente, es la historia que los críticos de la primera novela hubieran querido leer, es decir, la biografía de Benno von Archimboldi.

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