EL ABORDAJE DE PIÑERA

Patricio Malatrassi Aguilera

Economista

Nuestro derechista Presidente de la República de Chile se ha lanzado al abordaje ante el Congreso pleno con más pena y menos gloria que con la que lo hiciera nuestro héroe patrio en 1879 en los mares del norte en la llamada “guerra del Pacífico”.

En un discurso lleno de invocaciones a lo alto, como viene siendo costumbre (con miradas carneriles hacia el techo), ha pretendido hacer pasar por inofensivas un conjunto de medidas económicas. Estas medidas, pese a sus múltiples y reiteradas declaraciones en contrario, están plenamente asentadas en un modelo económico del pasado y en bancarrota a nivel mundial: el modelo neoliberal. Todo el eje central del desarrollo económico no es más que un remozamiento verbal de las políticas neoliberales de la Concertación que se mantendrán en la mayoría de los casos o sufrirán nuevos énfasis en este nuevo gobierno de la derecha. No por nada uno de los dirigentes principales de la UDI, Longueira, señalara precisamente que esta coincidencia de propósitos no se debía a otra cosa a que la Concertación había gobernado con las ideas de la derecha.

Como era de esperar, en este discurso de derecha no se dijo una palabra sobre el “salario mínimo”, que es clave para determinar el nivel de ingresos de los trabajadores y que hoy apenas llega a 165 mil pesos, cuando las necesidades reales se empinan sobre los 350 mil. Nada sobre la solapada política para privatizar Codelco y los yacimientos aún no explotados. El nuevo Presidente de Codelco, Diego Hernández, nombrado por él, es un turbio personaje determinante en el proceso de desnacionalización del cobre y que llega proyectado desde un puesto como alto ejecutivo de la transnacional minera BHP Billiton; igual cosa ocurre con otro nombrado miembro del Directorio de Codelco, Juan Luis Ossa, asesor de José Piñera, hermano del actual mandatario y que en los años ochenta fue Ministro de Minería de la dictadura y creó la Ley Orgánica Constitucional sobre Concesiones Mineras que, entre otras infamias, entregó gratuitamente en propiedad privada yacimientos que según la Constitución son propiedad inalienable, imprescriptible e inembargable del Estado.

La hipótesis de que la continuidad de la aplicación del modelo logrará tasas de crecimiento del 6 % no es más que una mera especulación, en un marco sometido indudablemente a una economía mundial que se debate en la incertidumbre y en donde el precio del cobre sigue siendo la viga maestra de la economía nacional, pese a todas las declaraciones en contrario. Los grandes despliegues en temas de innovación y emprendimientos, una vez más propuestos como lo fueron durante los sucesivos gobiernos de la Concertación, no han hecho variar el hecho de que el país sigue siendo esencialmente mono productor y exportador de materias primas con mínimo o nulo valor agregado.

El costo presupuestado del Programa de Gobierno presentado por Piñera será solventado, según el Ministro de Hacienda, en su mayor parte por la metafórica “capacidad de crecer” que según él proveerá de la mayor parte de los recursos (El Mercurio. Economía y Negocios. 23/05/10) ¿Y si no hay el crecimiento esperado? La solución vendrá de los parámetros clásicos de la economía neoliberal: “austeridad fiscal”, es decir, recorte de programas sociales, “venta de activos prescindibles” en el hipócrita lenguaje de los epígonos del modelo y que no significa otra cosa que la privatización de los activos sociales que debieran pertenecer a todos los chilenos, es decir, vender a precio de remate la participación minoritaria que aún quedaba en propiedad del Estado en cuatro empresas sanitarias: Aguas Andinas, Essbío, Essal y Esval. Lo que no dice el Sr. Ministro es que las Pymes que el Gobierno dice favorecer en el discurso, se quedarán sin los recursos que aportaban estas sanitarias a través de CORFO. Tampoco menciona que los beneficios tributarios que le están entregando a las grandes empresas harán que la política fiscal deje de percibir, en tres años, lo que recibirán por la venta de los “activos prescindibles”, amén que esto significará el despido de por lo menos 3 mil trabajadores. Si estos representantes del interés privado y de la entrega de las riquezas del país subieran en un punto porcentual los impuestos a las grandes empresas o un royalty efectivo a las transnacionales mineras, obtendrían la mayor parte de los recursos que necesitara cualquier programa de gobierno. Como referencia de lo que el interés nacional deja de percibir, entre el 2005 y el 2008, mientras la estatal Codelco aportó al patrimonio fiscal 4 millones de dólares por tonelada extraída, el sector privado no alcanzó los dos millones de dólares.

No es malo recordar que Eduardo Frei y la Concertación vendieron entre el 60 y el 80 % de las empresas sanitarias a capitales transnacionales que hoy someten, junto a las eléctricas y telefónicas, a los chilenos a todo tipo de abusos y arbitrariedades.

Ya antes de su cuenta, el gobierno en los hechos desmentía el mundo feliz del propio discurso dándole un empujón destemplado a 10 mil postulaciones a vivienda, cambiando en la práctica la política de 7 mil subsidios anuales para viviendas usadas a mil cuatrocientas.

En conclusión, las medidas económicas centrales anunciadas por el gobierno estarán sometidas a factores exógenos impredecibles en una economía como la chilena, tan abierta a la economía mundial que está sometida a las calamidades y pérdidas más profundas de los últimos años por el capital financiero, y, por lo tanto, estas medidas estarán lejos de ser una “herramienta potente para que Chile recupere la capacidad de crecer y de crear empleo”, constituyéndose esencialmente en un intento tardío ya de preservación y profundización del modelo neoliberal que seguirá sometiendo –si se le permite- a los trabajadores chilenos a seguir pagando un alto costo.

GRECIA O LA BANCARROTA DEL NEOLIBERALISMO

Patricio Malatrassi A.

Economista

El día jueves 6 de mayo el Dow Jones, principal indicador financiero de Estados Unidos, cayó 1000 puntos, es decir, una caída de más de 9 puntos porcentuales como contrapartida del pánico de los inversores ante el desplome de la economía griega, ya latamente anunciada en los medios internacionales.

Esto que podría ser anecdótico no lo es pues –a pesar de la campaña de desinformación puesta en marcha inmediatamente que culpó a una falla en el aparataje técnico de la bolsa destinado a proteger a los inversores institucionales mediante un mecanismo de venta encadenado cuando los valores accionarios bajan de cierto horizonte previamente presupuestado– la caída es consecuencia del fracaso en el llamado rescate de la economía griega elaborado por los principales países de la eurozona y el Fondo Monetario Internacional, que se vino abajo estrepitosamente al ser jaqueado por una masiva movilización de los trabajadores griegos. La caída de la economía griega no es una cuestión fortuita, sino un nuevo hito en la bancarrota del modelo neoliberal a nivel mundial.

Forma parte de un continuo previsible de los desastres especulativos desencadenados por la banca y otras estructuras financieras que dominan la economía mundial. Así esta maraña que amenaza a los países más relevantes de Europa termina detonando una caída en las bolsas estadounidenses.

Los bancos, principalmente de Alemania y Francia, exigieron al gobierno griego para la implementación del salvataje, la puesta en marcha de una política de shock similar a la creada por la dictadura y los Chicago boys en el Chile de la década del 70: es decir, políticas capitalistas neoliberales. La fórmula es conocida y repetida una y otra vez para accionar el esperpento neoliberal: Reducciones salariales y liquidación del sistema de pensiones solidarias, aumento de impuestos al consumo (IVA), liquidación de conquistas sociales y relaciones laborales, debilitamiento de la organización sindical bajo la conocida fórmula de sustituir los contratos colectivos por contratos entre individuos, empleo precario y temporal amén de la represión desatada que implica mantener tal estado de cosas.

En menos de un día quedó en evidencia que el default (cesación de pagos) de Grecia era imparable, aún con la duplicación de la suma que hiciera la Banca internacional para el salvataje, que pasó, en medio del pánico, desde los 60 mil a los 120 mil millones de euros, poniendo en evidencia la magnitud de la deuda. Fueron jaquedos los principales acreedores (bancos de Francia y Alemania) que trataban no de salvar la economía griega, sino de crear un “blindaje” para utilizar dinero público dirigido a financiar la fuga de capitales desde Grecia a los paraísos fiscales y en definitiva recuperar sus inversiones.

El default griego no es un tema aislado, está dentro de la línea de caída del sistema financiero capitalista internacional, puesta en evidencia a partir de la caída del banco de inversión estadounidense Bear and Stern, en 1977, hasta el derrumbe de Lehman Brothers, en septiembre de 2008. Esta ligazón da por tierra a las predicciones de los economistas del modelo que aseguraban que no se repetirían estos desastres como consecuencia de las enormes inversiones de liquidez por parte de los bancos centrales y la banca privada.

Y aquí vamos una vez más “cuesta abajo en la rodada”, pues los bancos de Europa se están quedando sin liquidez (dinero corriente) y no se están prestando dinero entre ellos, agudizando el impacto de esta nueva crisis financiera internacional que ya tiene en duros aprietos a las economías de Portugal, España, Italia, Inglaterra y Alemania. Portugal, por ejemplo, tiene un endeudamiento del 200 % de su producto, Alemania sufre (es decir, los trabajadores alemanes) de las tasas de desocupación y jornadas reducidas más altas de la eurozona, y su deuda pública llega ya al tope establecido por la UE; España está también al borde de la cesación de pagos y una cesantía que supera el 20 %. En general, 23 millones de europeos no tienen trabajo.

Al otro lado del Atlántico, Estados Unidos está metido en un zapato chino con la lucha por los mercados mundiales donde, a pesar de las medidas de Obama por dinamizar las exportaciones, éstas no logran aumentar y el déficit comercial (deuda externa) no cesa de crecer. Si EEUU quisiera (pudiera) normalizar su situación financiera, debería realizar un recorte mínimo del 9 % del PIB y arrastrar con ello al quiebre del sector público.

En Chile, país de payasos y farándula, el Ministro de Hacienda ha minimizado estos hechos, aunque ya dejó en claro que los recursos de la reconstrucción del país serían usados en la medida que no nos afecte la crisis a la que llamó “baches”. Olvidó mencionar que esta crisis puede implicar esta vez la caída de las materias primas, entre ellos el vital cobre, lo que pone un signo más de preocupación que se une a las consecuencias del desastre del terremoto.

Lo concreto es que esto no se trata de “baches” sino de un problema estructural, es decir, de la esencia del capitalismo que conlleva crisis cada vez más seguidas y más severas. Estamos contemplando la bancarrota del modelo y su descomposición. Por ello resulta tragicómico que en medio de este desastre los economistas neoliberales sigan repitiendo como cacatúas las bondades de la libre competencia implícitas en el modelo como una “ley natural”, silenciando el hecho de que Marx demostró en un profundo análisis teórico e histórico que esta “libre competencia” es precisamente la que engendra inevitablemente en el capitalismo el monopolio, o en su expresión imperialista, a las grandes transnacionales que dominan la economía internacional. Ésta sí es una ley general y fundamental del desarrollo capitalista.

Así tenemos que, aunque la producción real sigue siendo el eje central de la economía, las ganancias principales van a dar a los manipuladores financieros y sus instituciones. A pesar de lo evidente de esto, los sonambulescos economistas a sueldo de la burguesía siguen voceando y enseñando en las instituciones universitarias las bondades de una inexistente libre competencia.

La crisis griega es una nueva muestra de las consecuencias que provoca la dominación que ejerce el capital financiero y su accionar por intermedio del sistema bancario, ya no ceñida a su papel de intermediar para los pagos convirtiendo el capital monetario inactivo en flujos que rinden beneficios. Ellos hoy han ampliado en forma orgiástica estas funciones iniciales para operaciones que logran desestabilizar regiones enteras a través de empréstitos públicos. Naturalmente detrás de todo esto no está el fantasmal “mercado”, sino un puñado de monopolistas que trafican impunemente, sometiendo al conjunto de la sociedad a su arbitrio y construyendo la desgracia de millones de seres humanos. En los bancos, como definió Lenin, “los capitalistas dispersos vienen a formar un capitalista colectivo”. Ellos, en definitiva, a través de las operaciones financieras que alcanzan proporciones gigantescas, subordinan el comercio y la industria de toda la sociedad capitalista a través del control del crédito.

Entonces, la crisis griega en desarrollo nos deja por lo menos dos lecciones, una en dirección a las inevitables consecuencias del accionar del capital parasitario financiero y, la otra, el papel central jugado por las masas en el derrumbe de este criminal rescate-reajuste promovido por la banca internacional. El movimiento de resistencia total a través de la huelga general del 5 de mayo logra detener aunque sea momentáneamente la maquinaria financiera y da una señal inequívoca de cuál es la salida real al dominio del capital.

¿ADONDE VA LA DERECHA EN CHILE (PIÑERA)?

Patricio Malatrassi A.

Economista

Piñera es la nueva criatura, esta vez triunfante, de las fuerzas más reaccionarias del país, al que se les unió una parte del electorado hastiado de los negociados de la Concertación y de la posibilidad de repetición como Presidente de un hombre tan poco atractivo electoralmente como el ex Presidente Frei.

No es necesario tener una bola de cristal para prever los quehaceres a que se avocará la dupla Unión Demócrata Independiente (UDI) y Renovación Nacional (RN) y que representará Piñera en los próximos cuatro años. Ellos son los que originalmente, violencia armada, tortura y desapariciones de por medio, impusieron al país el actual modelo económico neoliberal de desarrollo capitalista.

En Chile las formas de producción capitalistas se hallan plenamente asentadas, ese es el logro mayor de la Concertación, lo demás es anécdota. Esta realidad implica que no sólo padece los males que entraña el desarrollo de la producción capitalista moderna, sino también una serie de miserias heredadas. “No sólo nos atormentan los vivos, sino también los muertos”. Estas formas de producción capitalista que han generado falsa conciencia de grandes sectores de la(o)s trabajadore(a)s, haciendo que parte importante de ell(a)os hayan perdido su condición de clases adscribiéndose a una marea aspiracional institucionalizada en una inexistente clase media que no es más que una forma de ocultar su condición de eternos explotados. El modelo les provee del paraíso virtual del consumo suntuario inmediatista y de una farándula desatada e interminable donde viven vidas ajenas por reflejo, todo financiado por el maná de las tarjetas de crédito (No olvidar que Piñera trajo las transnacionales de las tarjetas de crédito a Chile) donde todo parece posible.

El terremoto ha dejado en descubierto estas miserias modernas y heredadas: una desoladora realidad inamovible y en ella se tendrá que mover el gobierno con un equipo que en forma clara muestran determinados intereses y relaciones de clases. Naturalmente, Piñera y sus asociados subjetivamente se consideran por encima de ellas, pero la realidad muestra ya que no pueden sustraerse a este imperativo. El sentido de propiedad clasista de Piñera, por ejemplo, resulta dramático: Véase el doloroso parto público que ha mostrado estos días para desprenderse de la propiedad de LAN-Chile y Chilevisión, claramente en conflictos de intereses con su nueva investidura. Y en definitiva no lo hará. En Televisión trasladará su propiedad de las acciones a una fundación cuyo controlador será el propio Piñera. La diferencia entre una sociedad y una fundación está centrado en que en la primera los excedentes de la operación son apropiados por el dueño de las acciones y en el segundo caso debe reinvertirlos, pero en ambos casos el control de la actividad puede seguir en manos de la misma persona. Así las cosas, pese a sus promesas el financista – presidente ha mostrado una persistencia sublime en su condición de propietario.

En otro ámbito, el programa financiero deberá hacerse cargo de los US $ 30 mil millones (en cálculo del gobierno) en daño a la economía que ha significado el terremoto; no considerará en su absorción, por ejemplo, las fabulosas ganancias de las grandes transnacionales del cobre sujetas al paupérrimo royalty que le concedieron a la Concertación vía un compromiso de invariabilidad tributaria. Piñera y su gobierno no tocará el estatus del capital imperial salvo para entregarle nuevas concesiones. Habrá una salvaguarda a todo evento del interés del capital transnacional y por otra, como ya lo ha declarado el ministro de Hacienda, el “significativo” aporte del interés privado en la solución de los daños del terremoto y por ende en la política económica diseñada. El lema es más poder privado, más concesiones en obras públicas, más concesiones en salud, más concesiones en educación, más privatizaciones. El mercado y el lucro serán los planificadores de la economía y del desarrollo capitalista.

Sebastián Piñera y sus partidos seguirán profundizando el modelo y borrando los febles arrestos redistributivos que tuvo la Concertación. Esto, claro, no es gratis y hará que emerjan con mayor fuerza las contradicciones sociales que brotan de las leyes naturales de la producción capitalista. Estas leyes, estas tendencias, de por si actúan y se imponen con férrea necesidad, pero crean también la necesidad histórica de poner fin a tal estado de cosas; pues pese a los arrestos reaccionarios que pueda tener el gobierno, la sociedad actual, menos que en ninguna época de la historia, no es algo inconmovible sino “un organismo susceptible de cambios y sujeto a un proceso constante de transformación”.

Es preciso entonces levantar un frente amplio que frene el proceso de agudización reaccionario implícito en un gobierno donde su principal sostén político lo constituye la UDI, el partido de los hombres que constituyeron el sostén ideológico de la dictadura de Pinochet y que entraron a saco en el patrimonio social del país; es preciso que la izquierda en general y el Partido Comunista en particular, se constituyan en baluarte de la defensa de los intereses del país y de los trabajadores. Esto último que es más fácil decir que de hacer, dada la situación objetiva de atomización de la izquierda y la pérdida de la existencia legal del PC.

No hay duda que las fuerzas económicas en acción se manifestarán en conflictos de clase precisamente aquí en Chile, donde el capital pareciera ser la fuerza que todo lo domina.

JÓVENES Y COMBATIENTES

Cristian Condemarzo

Resulta que ahora, según dice el periodista, todo está en completa normalidad, mientras las calles de Concepción se muestran vacías de no ser por el ya desmedido contingente de militares, que, a pito de la famosa “seguridad nacional” hacen nata por las calles de una media ciudad (la otra está en el suelo). Esto por tanto sería un toque de queda.

Entonces a este periodista le parece algo normal que la gente deba encerrarse en sus casas por temor a no sé qué cosa, que la intendenta esta nos mande a acostar cuándo y por lo que se le ocurra. Que sin derecho a réplica (al contrario de lo que pasa con la pachamama) tengamos que guardar riguroso silencio en nuestras casas obligados a consumir la cada vez más inmunda televisión chilena.

Por eso yo no les creo a los periodistillas estos, por su falta de rigurosidad, por su arbitrariedad, por sus subjetivismos y vanidad exacerbados, por pelotudos, por simplones, por rastreros, por vendidos innecesariamente, por torpes, por imbéciles, por mal informados, por miopes, por necios. Y eso que todavía no hablamos de los de la farándula, que son un buen montón. A todos ellos les revocaría el título de inmediato que con seguridad tan poco les costó obtener y nada, absolutamente nada, mantener. Si eso es una profesión la estupidez entonces debe ser una virtud.

Por su puesto ni una mención del origen de la conmemoración, porque de seguro este tarado no sabe que hay vida más allá de una barricada.

Seguramente algunos, que más o menos podemos aventurar cuál puede ser el desarrollo de la telenovela política actual protagonizada por el galán Sebastián Piñera, hicimos vista gorda de su primer mes de chambonadas y maquinaciones bajo cuerda, tal vez con el fin de no ser sentenciados por irreconciliables, intolerantes o resentidos. Pero cuando, bajo sospecha de ser considerado terrorista, como a toda la población, me cierran las posibilidades de salir a la calle, a pasear al perro, irme de copas o visitar un amigo, o por la simple razón de que, siendo ciudadano, puedo salir de mi casa, por mi calle y hacia donde quiera libremente y toda vez que, por todas y cada una de la reverendas rechuchas, se me ocurra hacerlo, si no puedo hacer este acto sencillo digo, entonces estoy en mi pleno derecho de, por lo menos, transmitir libremente en contra de quien me denosta, priva de libertad y oprime.

Porque una cosa es, prácticamente, hacer la vista gorda de lo que esta derecha megafascista le hizo al país durante 17 (particularmente le sumo los otros 20 post plebiscito), dándole, en jugueteo grotesco de infantilismo democrático, el pase gol para que llegue al poder vía el voto, y otra cosa muy distinta es que estos sucios y recalcitrantes hijos de la misma puta (con el perdón de estas nobles comerciantes) lo vuelvan a hacer con la ciudadanía.

Es que no se trata de desmanes provocados por la conmemoración del Día del Joven Combatiente lo que genera un nuevo toque de queda. Ni la seguridad nacional, incluyendo la suya y la mía, ni un estado de tranquilidad ni nada. Es que a estos y estas bastardas descerebrados, mala clase, inhumanos, pérfidos y asquerosos, les molesta usted. Les molesta todo lo suyo, aunque diga, comparta, hable en su nombre, prometa, enjuicie, le jure y, en algunos casos, hasta le cumpla. Ello no es así, usted les molesta y mucho, y si no fuera porque su persona puede constituirse como el perpetuum movile de la explotación, si no fuera porque su, ahora, encerrada presencia, contribuye a engrosarle sus bolsillos con su esclavitud asalariada, hace tiempo ya habría terminado lanzado de un helicóptero o compartiendo el sueño eterno en una fosa común.

Lo cierto es que no se puede confiar en ningún gobierno que ve a su población (toda) como peligrosa. ¿Qué se creen?¿Qué se imaginan?¿Qué divina luz los ungió para, con su gloria, revelarle la verdad, la santísima verdad, de que ellos son mejores y más nobles al punto de poder elegir por nosotros, sobre nosotros y lo que es peor, con nosotros?

Esa derecha superreaccionaria, ultraautoritaria, hipercohersitiva la conocemos. Por lo menos yo la conozco. Esa derecha que avaló el bombardeo a un palacio presidencial, la muerte de un presidente, el asesinato de sus ministros, la captura, la tortura, la infamia, la mentira contra los ciudadanos. Yo la recuerdo, no fue hace tanto. La recuerdo dando sus bandos, anunciando sus otros toques de queda. La recuerdo en la TV haciendo declarar en noticiarios a detenidos políticos bajo horas y horas de tortura. Recuerdo a los periodistas sucios, cerdos, macabeos, vendiéndose por casi nada (imaginen su valor). Recuerdo los profesores que se iban exonerados, recuerdo a mi hermanos fondeando casettes de Violeta Parra y la revista Bicicleta (¿me puede creer?) so pena de muerte, recuerdo a los empresarios hacerse ricos de la noche a la mañana, las rebajas de salario, la disminución de los beneficios laborales (beneficios que seguramente necesita y extraña, pero también de seguro le ha dado el voto a quien se los quitó, se los está quitando y se los quitará). Recuerdo la pobreza de ciertos sectores y la abundancia de otros. Yo recuerdo todo eso y tan anciano no soy.

Podría decir usted que eso ya fue, que ahora las cosas son diferentes y que todo ha cambiado. Pero fíjese que yo veo lo mismo. El mismo sistema económico, el mismo aparataje político, la misma educación, la misma falta de beneficios sociales. Y lo peor de todo: las mismas personas. Al mismo Cardemil que se hacía el huevón con los resultados del plebiscito del 89, la misma Evelin Mathey hija de aviador golpista, el mismo Piñera y su clan Piñera que le han hecho recagar el bolsillo desde que introdujeron la UF y las tarjetas de crédito. Y lo peor, conservan aún sus malas artes, el afán de tenerlo todo, de oprimir al otro, de hostigarlo, de no dejarle en paz.
¿Toque de queda por el día del joven combatiente? ¿6.000 efectivos militares en las calles? Lógico, debe de ser toda una proeza bélica para nuestro noble ejército chileno, siempre vencedor, nunca vencido, el poder suprimir los focos de rebeldía y combate de media docena de paisanos que, Bakunin mediante, lanzan una esmirriada molotov (bomba molotov es decir mucha cosa) hacia la inmensidad del pavimento. Debe ser de una táctica sin precedentes apagar la barricada hecha con el neumático de Fiat 600 con la tanqueta brillosa. Es de una logística sin igual detener a los borrachines salientes del pub, esos sí que son un enemigo a la altura. Corresponde a una ingeniería bélica sin precedentes hacer esfumar una manifestación de 15 menores de edad parapetados con un par de piedras mediante el uso de lacrimógenas que mandó a la urgencia a cuanta vieja y niño que el ácido humo encontró a su paso.

Es como para darle una condecoración internacional. Un reconocimiento por los siglos de los siglos a tan incomparable valentía. Ejército de mierda, mariconcetes de camuflajes, soldaditos de putrefacto plomo. Tropas y tropas de cobardes cuya única guerra que ganó (las otras son un chiste) fue en alianza a los ingleses y a los chinos explotados por los terratenientes peruanos. Brutos hijos de puta, sin gracia ni para decir dos palabras, se envalentan con el arma en la mano. Monigotes de guatones pajeros que se van contra el pueblo toda vez que a un par de senadores churretes, intendentas de locosomio o presidentes de bolsa de comercio se les ocurre lanzarse el pútrido pedo de la intolerancia.

Postadolescentes infames que llegan a putear a la vieja los fines de semana porque no les entrega la comida caliente. Machitos de weeken que salen a pagar por sexo para no terminar corriéndose mano bajo la calidez de la lucha. Adolescentes semi analfabetos que en lo del terremoto preguntaban, no sin temor, el nombre de una villa perdidos dos ciudades más allá. Pelotón de aprovechistas que explotan a los pelados más jóvenes, sin opción, que ingresan al “servicio” para que les limpien, ordenen y sirvan (incluyendo favores sexuales) como si fueran gran cosa. Escuadras de mocosos estúpidos que juran y rejuran por dios y por la bandera que son los salvadores de la patria y no son más que la empresa de seguridad de unos cuantos guatones pedorrientos que se aplastan el culo en el congreso y en los directorios. Infanterías de incompetentes que salen a hacer ejercicios de enlace en la alta montaña y terminan con decenas de muertos por tormenta de nieve. Ese ejército churrete, ese ejército que se demoró días en llegar a las zonas afectadas por el terremoto, ese ejército incomunicado por los apagones, ese ejército perdido en su propio país, ese ejército hecho de la mierda más mierda de todas las mierdas, pretende darnos la seguridad en defensa. Hoy más que nunca me queda absolutamente claro que la única y desigual guerra que pueden dar es la interna, contra unos ciudadanos que saltan indefensos cuales marionetas ante un bombazo de estos mequetrefes. Antípodas de los verdaderos jóvenes y combatientes. Me cago en ese ejército.

Y si Sade era un degenerado, también era un sabio, porque él como nadie dio a entender mejor que el espíritu humano es una bosta humeante. Que el que llega al poder se enloquece, que (pensando contrariamente a su paisano Rousseau) el ser humano es dañino por naturaleza y que la sociedad no hace más que mitigar sus maléficas pulsiones. El francés, aunque no lo compartamos, nos permite entender por qué esa frenóloga que tenemos por intendenta se nos descontrola, por qué invita a gobernar a amiguitos del viejo cochino de Paul Schaefer y a inoperantes que no tienen títulos ni siquiera falsificados. Porque si hoy día el toque de queda es por el Día del Joven Combatiente, mañana será por el día de las Damas de Rojo y pasado mañana por la conmemoración de la Caída de Constantinopla.

Porque además es mucho, aparte de tener un gobierno regional fascista, tener una monarquía teocrática y ver a los Van Riselberghe en los nombres de plazas, en los negociados, en la intendencia y en el congreso (o tal vez en el puerto, Enriquito, donde los taxiboys cobran tan rebarato). Porque es como para la risa ser gobernado por una psiquiatra del Opus Dei, que para mí es así como un helado caliente o una pelota cuadrada, ya que ser miembro de la nefasta Obra implica intrínsecamente un arrancamiento de cacharra, una inestabilidad psiquiátrica, algo de qué preocuparse. Y no lo digo yo, lo dice el sangrante silicio, el sentido común y si tuvieran pelotas, el Colegio Médico de Chile.

Pero la vieja en la casa no entiende y jura y rejura que el toque de queda es para ella y su seguridad, y cuando le suban la luz, el agua, el gas y la vida, no hará la libre asociación de que fue porque nadie pataleó, ni protestó ni se quejó. Y cuando su nieto reciba una mierda de educación y se endeude a mil años luz con unos traficantes de dinero para sacar el técnico en reparación de bonsáis, la vieja no va a sospechar que el silencio y la represión anterior es una de sus causas y cuando ya esté en la pitilla tirada en una pieza sucia de un geriátrico clandestino olvidada por todos, porque ya no tiene ningún valor, ya ni se acordará que nadie hizo uso de su derecho a manifestarse por el bien social suyo y de los demás. Y así al que le suben la bencina, al que lo revientan en la oficina, al que paga en cientos de lustros el sueño de la casa propia que cualquier terremoto la convierte en la pesadilla de la casa ajena. Y así a todos los que piensan que vale la pena hacer callar cualquier protesta en virtud de un sueño más reparador, por una callejuela despejada para llegar más temprano a la casa o porque sí no más y yo no tengo nada que ver con los jóvenes combatientes. Así es mejor, infinitamente mejor, perderlo todo para tratar de perder nada, cosa por lo demás imposible. Y en ese caso, parece que es mejor, como dice la cumbia, quedarse “ahí no más” y… ¡que siga la fiesta!

Cuando el arte es vinculado a la solidaridad

Óscar Petrel

Qué va a andar escribiendo cuentos ud.

Mejor váyase  a construir mediaguas de un techo para Chile.

En el diario La Tercera del sábado 13 de Marzo, se publicó  una noticia que se llamaba Arte solidario. Se mostraban fotos de la exposición de Carolina Gasic llamada “Alumbrarte”, organizada por la Municipalidad de Vitacura. Colores fuertes y alegres componían sus cuadros. Decía: “Se aprovechó la oportunidad para recolectar alimentos”, decía: “Una de las tantas actividades capitalinas que buscan involucrar el arte con la reconstrucción del país.”

Ahí entonces la pregunta y su filo: ¿Cómo se debe involucrar el arte en la reconstrucción del país? He leído sobre distintas respuestas, venidas de la música, la literatura, el teatro y la danza. Hace poco por ejemplo, en la Universidad Federico Santa María se organizó un concierto solidario para recaudar alimentos. Cantaban Chinoy, Nano Stern, Pascuala Ilabaca entre otros. En Santiago se organizó una lectura que se llamaba “Réplica poética” con el mismo fin. El teatro se volcó a las calles y se llenaron canastos de leche, arroz y pañales. Ejemplos hay varios, más masivos incluso, pues es evidente que fue y sigue siendo el momento de ayudar desde el oficio de cada uno.

Sin embargo creo que el arte en general debe tener cuidado. Vincular los oficios artísticos con la solidaridad de manera tan rotunda en tiempos de catástrofe, cifra la utilidad de los artistas hacia una sola dirección. Algo así como ponerse al servicio de instituciones más grandes que quieren ayudar,  pero con algo que pueda ser relajado para la gente. No ve que esas cosas nos hacen olvidar la realidad por un rato, como nos dijeron los actores de la novela Feroz.

El arte es entendido como el hermano chico de la sociedad. Cuando algo pasa en la calle no puede salir a jugar. Y es que cuando la utilidad del arte es tan clara, se confunde arte con artesanía. Por ahí va el problema. Cuando el gesto poético es codificado, cuando su signo es redireccionado y repetible.

En esta catástrofe y en todas las catástrofes, el arte tiene mucho que decir y hacer en términos reflexivos, esencialmente en términos discursivos, incluso en términos creativos. Hoy es profundamente necesario darle vueltas al caos social, el frágil cristal de nuestra sociedad. Revelar esa estética que tiene el miedo.

Es necesario enfrentarse al caos y su reacción, pensar en lo que nos dice el saqueo de televisores plasma. Del repentino florecimiento de pistolas, cuchillas y palos en Concepción.

Hay un aparataje de resignificaciones sociales que sigue funcionado perverso. Como en la inauguración del festival de Viña, en donde se hace un pequeño homenaje a Violeta Parra, Gabriela Mistral y Pablo Neruda completamente despolitizado, más bien, reducido. Muchas capas sobre capas. La imagen final del músico, del escritor, de la bailarina y el pintor ya es otra, se desplaza hacia un fondo ambiguo, entretenido si se quiere, decorativo. Tiempo libre. Como en el colegio, en donde todo tipo de intento creativo es para la tarde, fuera del programa. Mejor que esté en el liceo haciendo cualquier cosa y no en la población fumando en la esquina.

Américo y La Noche fueron invitados al cambio de mando. La imagen de Leo Rey entrando al Congreso Nacional puede ser leída como un signo chileno (no exclusivo de este nuevo gobierno, por supuesto) que evidencia una forma de entender a los artistas, como si la entretención fuera la propuesta final del arte para intervenir la realidad.

Hay que reconstruir una parte de la sociedad, un país que tiene que volver hacia su normalidad, sí, ¿pero a cuál de todas las normalidades? ¿A cuál de todos los países de Chile? No es necesario reconstruir lo que no se ha caído. Ni demoler lo que no está agrietado.

CAUSAS Y DESAFÍOS DE UNA CATASTROFE QUE DEJÓ A CHILE Y SU MODELO… EN EL SUELO


Daniel Jadue

1. *Introducción*

En los últimos días hemos sido testigos de uno de los desastres naturales más grandes que recuerda la historia reciente de nuestro país y del planeta. Un terremoto grado 8,8 en la escala de Richter ha azotado a parte importante de nuestro territorio trayendo a la memoria el recuerdo, a veces difuso, de que somos un país con una alta actividad sísmica y que dicha condición no admite relajo alguno, ni siquiera en este país modelo, ese del milagro económico del que tanto hablan los defensores del actual sistema de organización que nuestra sociedad posee para, supuestamente, satisfacer sus necesidades.

Ahora bien, es cierto que nadie puede negar que en cualquier otro país de la región, e incluso en la mayoría de los países del mundo, un evento de esta naturaleza hubiera causado tal vez, mucho más daño, superando con creces el número de muertos, desaparecidos y pérdidas materiales que ostenta nuestro país.

Sin embargo estas cuentas alegres que muchos han sacado a lo largo y ancho del planeta no pueden dejarnos indiferentes ante el sufrimiento de quienes han perdido a seres queridos o ante los miles de damnificados que han perdido sus únicas pertenencias, debido a la falta de ética de algunos actores del todopoderoso “mercado” sumada a la ineficacia de nuestras instituciones estatales y a la ausencia casi absoluta de una sociedad civil empoderada y con redes sociales capaces de responder ante tamaña catástrofe.

Estas características inherentes a nuestro “modelo” representan las dos caras de una moneda en la cual el eje central de la reproducción de la existencia de nuestra sociedad, esta basada en una “confianza” desmedida en las herramientas del mercado, que afirman que no es necesario la regulación ni la fiscalización de la sociedad ya que “el mercado” es capaz de regularse a si mismo, sacando de él a las empresas ineficaces e ineficientes que no saben hacer las cosas bien. En este caso esta teoría, una vez más ha quedado en falta y no ha logrado pasar, de manera satisfactoria, la prueba de la blancura.

Por lo mismo es que debemos centrarnos ahora, en sacar las lecciones que son necesarias de extraer, en casos como el vivido, ya que de lo que estamos hablando no es de números anónimos ni de frías cifras promedio y mucho menos de comparaciones relativas a otros países con historias y realidades significativamente distintas a las nuestras. Estamos hablando de personas de carne y huesos. Familias enteras desgarradas y destruidas por las perdidas de seres queridos, inversiones de toda una vida esfumadas, biografías y proyectos de vida truncadas, historias y utopías colectivas destruidas; todo por causas que se podrían haber anticipado, mitigado o anulado de tal forma de no tener que llorar hoy sobre la leche derramada, por esfuerzos no realizados, ni por decisiones políticas no tomadas a tiempo.

Es por lo anterior que, luego de solidarizar con todos y todas quienes han sufrido de cualquier forma las consecuencias de este desastre, deseo aportar al análisis de las causas más profundas de las pérdidas humanas y materiales causadas por el terremoto y de cómo ellas pueden abordarse de manera de prevenir, en el futuro, episodios similares, haciéndonos cargo de verdad de que somos un país sísmico y tremendamente vulnerable a los desastres naturales, debido a la inexistencia de un país estructuralmente solidario.

No vaya a ser que más de alguien vaya a pensar que puede venir el remedio del mismo lugar de donde viene la enfermedad y comiencen a aparecer las propuestas para facilitar la acción de los privados que se nos presentarán de nuevo como el motor del desarrollo sin que nadie haya asumido ninguna responsabilidad ni política ni penal, por lo sucedido.

2. *El Ordenamiento Territorial y La Planificación Urbana, una deuda impaga de la reconstrucción democrática*

Para partir, es importante recordar que en la corta vida que como nación tenemos hemos vivido un proceso lento de aprendizaje, mediante la prueba y el error, de la forma en como debemos planificar el uso del territorio. Este proceso no impidió que desde el inicio de nuestra historia, una serie de asentamientos humanos, pueblos y ciudades importantes se ubicaran en zonas de evidente riesgo de desastres naturales, lo que le ha costado a nuestro país enormes pérdidas humanas y materiales a lo largo de toda nuestra historia, asociadas a terremotos y tsunamis que aun permanecen en el imaginario colectivo de las actuales generaciones y que no es necesario recordar aquí.

De hecho durante parte de sus 200 años de vida, chile fue avanzando en la senda de incorporar procesos de planificación territorial y de leyes de urbanización y construcción que se fueron haciendo cargo de los riesgos que el país debía enfrentar, eso si, sin haber llegado jamás al extremo de desmantelar y evacuar las ciudades que ya se habían consolidado en zonas reconocidas como de riesgo potencial, de manera tardía, mediante el avance de la ciencia y la técnica dedicada a este tipo de conocimiento.

Esto devino en un sistema de planificación centralizada del desarrollo urbano que fue construyendo un país mejor preparado que muchos de sus pares, para enfrentar estos eventos, con la única deuda impaga que se mantiene hasta el día de hoy referente al desarrollo y protección del modo de vida rural y del territorio que acoge al mismo.

No obstante lo anterior, este sistema de planificación centralizada del territorio nacional convirtió, para algunos actores políticos y económicos, en un obstáculo a la iniciativa privada que era entendida por ellos, como el motor de todo desarrollo y se convirtió en una de las discusiones emblemáticas a fines de la década del 60 y principio de la década del 70 del Siglo pasado.

Luego del golpe de estado y la instalación en nuestro país de la dictadura militar este proceso fue interrumpido abruptamente y la discusión acerca del modelo de desarrollo paso, de girar en torno al bien común como pilar fundamental, a estar centrado en los intereses personales, la reproducción de la riqueza, la libertad económica y el respeto sacrosanto a la propiedad privada por sobre cualquier otra consideración.

Este giro impuso un cambio cultural que, en el ámbito del territorio, devino en el congelamiento casi absoluto del proceso en marcha. De hecho, desde la formulación de la política Nacional de Desarrollo Urbano de 1979, que planteaba que el uso del suelo debía ser definido por su rentabilidad potencial, se entregó el destino de las ciudades y de los asentamientos humanos, y por lo tanto, del territorio que los acoge, al todopoderoso y eterno “libre mercado” lo que borró del quehacer del estado todo intento de planificar el desarrollo de los asentamientos humanos, pueblos y ciudades a lo largo y ancho del territorio nacional.

Esto devino en una sobreexplotación, a cargo de inversionistas individuales e inmobiliarias privadas, de territorios que, de manera irresponsable y sin los estudios necesarios, fueron reconvertidas en asentamientos humanos o zonas semi urbanas que nunca fueron sometidos a estudios rigurosos que tomaran en consideración los riesgos naturales que cada porción de territorio poseía y los que la intervención humana adicionaba.

Esta proliferación de desarrollos inmobiliarios, trajo consigo una merma significativa en la capacidad de fiscalización y de respuesta del Estado a los desafíos urbanos que estos desarrollos representaban, lo que devino en una carencia importante de infraestructura y de servicios indispensables para el correcto desarrollo de los mismos, incluida la capacidad del estado, en sus distintos niveles de gobierno, de dar respuesta a los desastres naturales que con relativa, intermitente pero ineludible frecuencia azotan y seguirán azotando a nuestro territorio.

Los centros históricos de las ciudades fueron literalmente abandonados para ir en búsqueda de terrenos más baratos en donde desarrollar negocios inmobiliarios de alta rentabilidad para todos los segmentos sociales, lo que produjo un fenómeno con dos caras directamente relacionadas. Por un lado surgió el deterioro, la desinversión y la pérdida de valor de los centros patrimoniales, los que terminaron siendo subdivididos de manera grotesca y utilizados como fuentes de rentas mediante el arrendamiento para pequeños emprendimientos, talleres o residencias multifamiliares para las clases populares nacionales o extranjeras. Por el otro, nuevas áreas urbanas, algunas de las cuales carecían de los estudios que avalaran su ubicación, agravada por una carencia casi absoluta de la infraestructura mínima necesaria para paliar los posibles efectos de construir, para todos los segmentos sociales, en zonas de evidente riesgo natural.

Bajo la misma lógica surgieron o crecieron de manera desmedida algunos balnearios para segunda vivienda a lo largo de gran parte del borde costero que Chile posee sin que nadie tomara cartas en el asunto ni se hiciera responsable de lo que estaba aconteciendo.

Se fueron generando así, de la mano del mercado y de la cultura del consumo, proyectos y desarrollos inmobiliarios eficaces para generar utilidades en el corto plazo y asentamientos humanos, pueblos y ciudades tremendamente ineficientes y poco sustentables. Pero como reza la teoría económica, toda oferta fue capaz de generar su propia demanda y todos estos desarrollos se fueron consolidando sin preocuparse ni recordar que, más temprano que tarde, la naturaleza volvería a manifestarse dejando en evidencia la arrogancia del mercado y sus partidarios y la ingenuidad de quienes creen ciegamente en él.

En síntesis, los problemas que frecuentemente se repiten en nuestras ciudades en épocas de terremoto, lluvias y otros desastres naturales asociados, radican en el manejo no sustentable que durante muchos años se ha venido realizando, en nuestro país, de los territorios que alberga nuestras ciudades, las que son expresión clara de una sobre ideologización que ha confiado desmedidamente en el mercado y en la iniciativa privada para guiar los destinos de una sociedad descerebrada, incapaz de pensarse y limitarse a sí misma con miras al bien común. Hemos convertido al territorio que acoge nuestras ciudades y también a los seres humanos en un instrumento para el crecimiento económico de unos pocos declarando al mercado amo y señor del suelo, tanto urbano como rural.

Con el retorno de los gobiernos elegidos por votación universal se realizaron esfuerzos importantes para reinstalar la planificación territorial como una necesidad vital para el desarrollo sustentable de los asentamientos humanos pero jamás se llegó al nivel en donde se encontraba el estado del arte antes de la dictadura militar, en donde el estado era , de verdad, el cerebro de la sociedad.

De hecho, la planificación hoy es obligatoria solo para las ciudades mayores a cinco mil habitantes y está restringida exclusivamente a las zonas urbanas de los asentamientos humanos, dejando en la más completa indefensión a las zonas rurales, en donde no existen herramientas legales que permitan orientar o los desarrollos privados beneficiosos o impedir los no deseados, ni tampoco reglas que obliguen a construir de manera seria y responsable en esta parte del territorio que para las leyes nacionales, simplemente no existe.

Esto ha devenido en el surgimiento y consolidación, de hecho, de innumerables desarrollos semiurbanos o semirurales en zonas de riesgo sobre las que nadie tiene tuición efectiva y real y mucho menos, capacidad de fiscalización ante la iniciativa privada que solo busca la rentabilidad.

3. *Leyes para el mercado vs leyes para la sociedad*

Sumado a lo anterior, en nuestro país se viene dando desde el retorno a las elecciones universales una contradicción evidente entre el discurso políticamente correcto que habla de encauzar el desarrollo del país por el camino de la integración, la equidad y la sustentabilidad, mediante el establecimiento de leyes que pretenden darle al estado una mayor responsabilidad sobre determinadas áreas de desarrollo a la vez que un mayor rol fiscalizador sobre el actuar de los privados en las áreas en que no interviene.

Lamentablemente, a la hora de la verdad, nos hemos quedado, como país, simplemente en la buena intención, sin poder avanzar hacia donde los hermosos discursos de campaña pretenden llevarnos, ya que cada vez que se aprueba una ley en ese sentido, ésta contiene una serie de herramientas y resquicios, también legales, para sortear y anular la capacidad reguladora de las mismas.

Lo anterior, se debe al mito construido desde los defensores del modelo, en torno a la relación casi consubstancial ente sector público e ineficacia, versus esta relación supuestamente a toda prueba, entre sector privado, eficiencia y eficacia, lo que a todas luces no da cuenta de lo que sucede en realidad.

Un ejemplo de lo anterior nos permitirá  entender la directa relación que este tema posee con las consecuencias del terremoto que acabamos de vivir. Mientras el país avanza, haciendo más rigurosa y exigente las leyes de urbanización y construcción, el mercado se las arregla al mismo tiempo, para hacer aprobar leyes que facilitan y hacen más fluido el retorno y la rentabilidad de sus inversiones, a veces a costa de los aseguramientos necesario para resguardar la calidad de lo que se hace y prevenir estas catástrofes y sus dramáticas consecuencias.

Un ejemplo de lo anterior que tiene una directa relación con las secuelas del terremoto del 27 de febrero, es el caso de la externalización de los procesos de revisión de los proyectos inmobiliarios desde las Direcciones de Obras Municipales, que se materializó en el año 1996 mediante la creación de la figura de los revisores externos y se “perfeccionó” en 2005 con la eliminación definitiva de la responsabilidad que sobre las especialidades complementarias, entre las que destaca el calculo estructural, necesarias para el otorgamiento de permisos de edificación, tenían los Directores de Obra Municipales.

Todo lo anterior se modificó para hacer más rápida la obtención de los permisos de construcción en el caso de proyectos inmobiliarios y edificios públicos, y paliar de paso, las evidentes carencias de competencias técnicas de los equipos municipales para revisar proyectos de especialidades y especialmente de calculo estructural. El problema radica en que es el mismo propietario del proyecto el que paga a los revisores externos, generando una especie integración vertical de actividades que debieran estar claramente separadas debido a la evidente contradicción de intereses que existe entre ellas, pues quien debe fiscalizar y revisar el proyecto para su aprobación, es pagado por el fiscalizado, con cargo al costo del permiso municipal.

Por último, el revisor independiente es responsable solidariamente con los dueños del proyecto si es que algo sale mal en el mismo, liberando completamente a la municipalidad de responsabilidad en el otorgamiento de los permisos de edificación en las áreas que no tienen que ver con las condiciones urbanísticas del mismo.

Como si lo anterior fuera poco, los plazos que la ley estipula para hacer efectiva la garantía por parte del primer vendedor, sobre los elementos estructurales, secundarios y de terminaciones de una construcción, que está fijada en 10, 5 y 3 años, respectivamente, no parece tener relación con la necesaria protección que requieren las inversiones de quienes compran estos productos inmobiliarios en un país de terremotos y parecen estar más orientados a proteger las utilidades de las inmobiliarias y constructoras que a lo que hoy se suele llamar, los consumidores, lo que permite efectivamente un relajamiento en los estándares de construcción.

Si a esto le agregamos la debilidad y falta de transparencia del sistema de evaluación de impacto ambiental de cada proyecto, en donde también es el titular del proyecto en cuestión el que contrata a quien debe realizar la evaluación del proyecto para su aprobación, sin que exista del lado del estado, ni siquiera, una línea base oficial sobre la cual proyectar el impacto del mismo, el resultado es la nula responsabilidad que el estado posee hoy sobre el desarrollo de proyectos en el territorio nacional y la escasa protección legal que existe para los ciudadanos y ciudadanas afectadas, en caso de que los privados no respondan de manera ética a rol que ellos mismos se arrogan al interior de la sociedad y a las supuestas características auto regulantes de sus actuaciones.

4. *La responsabilidad Ineludible del estado en el aseguramiento de la calidad de vida de los ciudadanos y ciudadanas de Chile*

Los dos puntos anteriores ponen de manifiesto, quizá, la más importante causa de la catástrofe que nuestro país ha sufrido a partir del 27 de febrero pasado y es que el Estado ha sido secuestrado por una muy particular visión de mundo, sobre ideologizando la discusión desde la perspectiva neoliberal con la consiguiente disminución de sus áreas de influencia y de la responsabilidad esencial que le corresponde en el logro del bien común y el aseguramiento de la calidad de vida de sus ciudadanos, para dejar espacio al mercado que se ha terminado haciendo cargo de todo… salvo de aquello que no es rentable en el corto plazo.

Así las cosas, el estado reemplazó sus políticas universales por políticas de subsidiaridad asumiendo, de manera débil y sin un compromiso real, las áreas de negocios que el mercado ha dejado vacantes por ser demasiado riesgosas o poco rentables.

En algunos casos específicos como el de la vivienda, las telecomunicaciones y otras de carácter estratégico, el mercado ha asumido incluso esas áreas de riesgo y poca rentabilidad. pero sin asumir de manera sería el mismo respondiendo a una demanda no rentable con productos y servicios de dudosa calidad y de bajísima sustentabilidad, asegurando, eso si, su rentabilidad, con leyes que no los obligan a responder por nada cuando todo falla.

Por lo mismo cuando hay una catástrofe como la del 27 todo se desploma y nadie se hace responsable. En ese minuto el estado demuestra su bancarrota ideológica, sus planes de emergencia no funcionan, los procedimientos fallan, las tele comunicaciones dejadas en manos privadas se desploman, las supercarreteras concesionadas y los puentes colapsan y los responsables de las malas construcciones se esfuman y se esconden detrás de leyes hechas a su medida, pues todos en nuestro país son capitalistas a la hora de repartir las utilidades, pero absolutamente estatistas cuando de asumir pérdidas, por las cosas mal realizadas y por las externalidades negativas de los lucrativos negocios, se trata.

En ese minuto todos se acuerdan del estado al que vienen jibarizando hace casi cuarenta años y lo que queda de él nada puede hacer, salvo tratar de militarizar la situación para salvar la sacrosanta propiedad privada que para los efectos de los adalides del mercado, es mucho más importante que las vidas destruidas y las necesidades de las familias desgarradas por las pérdidas de todo lo que tenían.

En ese minuto se acuerdan de la “solidaridad” que caracteriza a los chilenos y chilenas y vuelven a la carga para seguir haciendo mejores negocios a partir de la desgracia ajena. Surgen las teletones que llaman a consumir con el lema de compre una y regalamos otra, convencidos de que somos unos verdaderos idiotas.

Mientras tanto las empresas privadas, detrás de las cuales están los mismos de siempre, comenzarán a sobarse las manos con los contrataos que vendrán para hacer realidad la reconstrucción y seguramente nadie se acordará que los hospitales y las escuelas caídas, las viviendas sociales destruidas y los edificios nuevos colapsados que son producto de un estado que ha preferido ir matando lenta y paulatinamente sus áreas de responsabilidad para dejar espacio al mercado, para que éste realice sus buenos negocios a costa de aquello en lo que no hemos invertido, como sociedad, en mucho años.

No faltará el que diga, en alguna de esas reuniones secretas para preparar los negocios que se avisoran en el futuro cercano, “bendito terremoto: ahora todos emigraran a los sistemas de salud y educación privados” porque el terremoto terminó por destruir lo que nosotros, hace años, venimos tratando de hacer colapsar, mediante la desinversión y el ahogo del aparato público, para ampliar casi a la fuerza, la base de sustentación de nuestros negocios.

5. *La Falta de Capital Social en la base como un factor agravante de la ausencia del estado*

A este cuadro patético se le ha sumado la ausencia de capital social a lo largo y ancho de nuestro país. Lo anterior es fruto compartido de la dictadura militar que enfocó ingentes esfuerzos en la destrucción del tejido social, sumado a la falta de voluntad política de los gobiernos de la concertación, que en un periodo de tiempo, incluso mayor al de la dictadura, hizo poco o nada para construir una ciudadanía activa, empoderada y con capacidad de hacerse cargo, desde la base social, de los temas de su directo interés con la posibilidad, descartada desde los gobiernos de turno, de constituirse en contrapeso y contraparte del estado, para la reconstrucción del capital Social que tanta falta le hace a nuestra sociedad.

Lo anterior, que puede explicar con creces el gran fracaso que la concertación vivió en las últimas elecciones, a pesar de presentarse a si misma como la coalición de gobierno más exitosa de la historia de Chile, sigue siendo la deuda más importante del proceso inconcluso de reconstrucción democrática y puede ayudar a explicar el estado de anomia social emergente días después del terremoto, cuando la gente común y corriente, ante la nula respuesta de las instituciones del estado, salió a hacer lo mismo que se la exigido intermitentemente durante los últimos 37 años: que cada uno resuelva sus problemas de la manera que pueda porque, en este modelo, ni el estado ni nadie le tenderá una mano a nadie, pues cada uno mata su propio toro.

6. *Conclusiones*

La primera conclusión que emana del presente análisis es el gran fracaso de un modelo y de una concepción de sociedad en donde el marcado es la medida de todas las cosas y la comunidad ha desaparecido para dar paso a los “consumidores” que solo participan de la vida social cuando salen a comprar.

La segunda conclusión, que se refiere a cosas más específicas, es la necesidad urgente de modificar las leyes para desarrollar procesos de planificación y ordenamiento territorial a lo largo y ancho del territorio nacional, independientemente de la cantidad de habitantes de los asentamientos humanos, pueblos o ciudades y de su carácter urbano o rural, haciendo extensivo la obligatoriedad de los ejercicios de planificación territorial a la totalidad de los territorios comunales de manera de contar con información técnicamente valida y oportuna, acerca de las zonas de riesgo que deben quedar excluidas a todo uso residencial, ya sean estas urbanas o rurales, o en su defecto, de las acciones de mitigación que deben ser tomadas para poder levantar los riesgos cuando el sector público se ve obligado a dar uso a determinados territorios o en el caso de que un privado persista en su voluntad de desarrollar determinado proyecto, bajo su entera responsabilidad.

La tercera conclusión es que debe asumirse de una vez y para siempre la necesidad de que el estado restablezca su compromiso ineludible con el derecho de sus ciudadanos a la salud, la educación y la vivienda mediante el incremento significativo de la inversión pública para la ampliación, la manutención, la reparación y la reposición de los sistemas públicos de salud y educación que colapsaron debido al histórico abandono del mismo por parte del estado. De lo contrario provocaremos una estampida obligada desde el sector público al privado y los únicos que ganarán, una vez más, serán los grandes empresarios a costa de las necesidades y sufrimientos de nuestro pueblo.

En el caso de la vivienda, se hace necesario que el estado recupere para si la decisión acerca de la ubicación de los proyectos de vivienda social mediante el establecimiento de una política central de planificación de la vivienda de interés social y al mismo tiempo, asuma de manera directa o mediante el endurecimiento de las leyes con respecto a la calidad de las construcciones y a la duración de las garantías de las mismas, para evitar que el sector privado lucre a costa del derecho a la vivienda de los sectores más vulnerables, extendiendo significativamente los plazos de responsabilidad civil y penal sobre potenciales daños de las viviendas y aun más en el caso de que las fallas impliquen pérdida de vidas humanas como ha sido el caso en el reciente terremoto.

La cuarta conclusión es que debe terminarse con la integración vertical existente en la actividad de la construcción, devolviendo a las municipalidades la tuición total y completa sobre los proyectos de arquitectura y especialidades, dotándolos de los recursos necesarios, tanto materiales como humanos, para evitar que los dueños de los proyectos sean, en definitiva, directa o indirectamente, sus propios fiscalizadores. Esto implica la necesidad de una clara separación entre la ejecución de los proyectos, la revisión de los mismos para su aprobación y la fiscalización en terreno de la ejecución, alojando la revisión de los proyectos y la fiscalización de la ejecución en los gobiernos locales o en unidades independientes pero contratadas por los municipios y pagadas por los titulares de los proyectos. En el caso de las evaluaciones medioambientales, debe ser un ente independiente del titular del proyecto, contratado por el estado y con cargo al titular del proyecto, el que haga la evaluación, la que debe ser comparada con una línea base medioambiental, de carácter nacional, que asegure objetividad y seriedad.

La quinta conclusión es que debe dotarse al estado, sin mas dilación, de poder real y recursos para intervenir el territorio, sobretodo en el ámbito de los gobiernos locales, desarrollando una verdadera y más profunda descentralización política seguida de una desconcentración económica, fortaleciendo en autonomía a los gobiernos locales y a través de ellos, y también directamente cuando los gobiernos locales no tengan capacidad o/ni voluntad política, empoderando a la sociedad civil, para que sea capaz de rearticular formas y mecanismos de para abordar catástrofes de este tipo, con recursos y capacidad técnica, para reconstruir a la brevedad posible, las redes y el capital social que los partidarios del capitalismo económico se empeñan en destruir.

Crónicas desde una ciudad en furia

CUANDO EL TERREMOTO RESQUEBRAJÓ EL SUTIL CASCARÓN DEL SISTEMA

Eduardo Ampuero C.

Director periódico LaCélula

Restablecida la energía eléctrica y el agua, superada la tensión caótica de los primeros momentos desde el terremoto (aunque siguen fuertes réplicas), pasando por los asaltos, saqueos e incendios, nos damos a la tarea de un primer análisis de la situación que se expresa a partir de esta alteración extraordinaria del orden. Se manifiesta –más allá de las reacciones administrativas y del funcionamiento de la producción-, la brutalidad profunda de la desigualdad y el salvajismo del sistema.

Ha bastado un remesón natural, un fuerte golpe al funcionamiento de la sociedad, para dejar en evidencia realidades profundas y aparentemente ocultas. Como en un laboratorio, nos hallamos ante la reacción de los elementos sometidos a pruebas.

Sucedido el terre-maremoto de la madrugada del 27 de febrero, la reacción de la autoridad política fue desastrosa, a pesar de que el gobierno desplegó publicitadas campañas anticatástrofe, y ello le trajo otra catástrofe, esta vez política. Todo el bono reunido por Bachelet cayó por los suelos. La reacción para enfrentar las terribles consecuencias inmediatas del terremoto y de la siguiente avalancha social, resultaron acciones tardías y sin fuerza. Minimizó los efectos del terremoto, equivocó las decisiones de emergencia y no evitó la desgracia del maremoto que sobrevino, no movilizó a tiempo las fuerzas del Estado, las medidas de emergencia, sus instituciones de salubridad, etc. Pareciese ser que todo lo que actuaba era por cuenta propia. Quedó la impresión que la Concertación sólo preparaba su “bajada del barco”. Casi al instante, en cambio, las turbas vaciaron supermercados, farmacias, bencineras y lugares de alta necesidad durante catástrofes (así como otros de suntuarios). El gobierno no reaccionó o lo hizo muy mal. Los primeros dos o tres días causaron pánico en una población choqueada y aterrada por el pillaje y el desorden.

Paradojalmente, bomberos suministraba petróleo a fuerzas armadas y hospitales; mientras las comunicaciones quedaron completamente cerradas, una emisora comercial resolvía el problema básico de la comunicación y la coordinación… Quedó en evidencia que la autoridad política en todos los niveles no contaba con una red efectiva de articulación social de emergencia.

El espectáculo de las calles inmediatamente el terremoto (tsunami incluido), confundió a la mayoría, sorprendida por la invasión de millares de pobladores marginales que saqueaban todo lo que contenía algo de valor o que representaba algún lujo. Incomprensiblemente para las circunstancias, lo más codiciado fue el televisor plasma. La inseguridad sobrepasó a todo el mundo, no solamente a las villas de clase media alta, sino que también a los barrios proletarios, a los sectores de empleados… a todos. Con esta sacudida, reventó por algún lado una valla divisoria entre poblaciones socialmente segregadas. Los más pobres entre los pobres, los más ignorantes y dañados (los más vulnerables, según el renovado lenguaje de la asistencia social), saltaron el muro y corrieron a tomar todo lo que pudieron y de lo que se han sentido privados, seguidos después por otros sectores de gente. No la comida para la emergencia, no el agua que escasearía producto del colapso de las redes y del sistema energético, sino que aquello que simboliza valor en la sociedad de consumo, aquello que algunos alcanzan con mucha dificultad y que otros han tenido siempre y que no concebirían que se les pueda privar.

El alcohol más caro, la carne, sillones elegantes, televisores de alta tecnología, en fin, y dinero, el preciado y divino dinero. La sociedad del consumismo vio a sus hijos olvidados tomarse los palacios de distribución del placer y de la abundancia. Ante la ausencia de reacción, en un momento las bandas se reunieron en esos lugares y los usaron de cuarteles para determinar, en un colectivo guiado por toscos caudillos, los próximos pasos, a su manera, con su precariedad y con su instinto de manada. Si alguna fuerza les impedía apoderarse completamente de un centro comercial, lo quemaban (algunos, atrapados, purificaron de esta forma horrible todo el odio contra una sociedad cruel, ciega y desequilibrada, contra esta suerte de padre enfermo e injusto que les cría y abandona como animales).

Enseguida, se retiraron con sus carros de supermercados llevando sus botines a sectores tranquilos, donde montaron campamentos improvisados. En unos cerros, junto a exclusivas villas para la sociedad alta, uno o dos millares instalaron un verdadero pueblo, donde gozaron por un par de noches de asados y licor sin medida, compartieron sus nuevos y pequeños trofeos sentados en las sillas más elegantes. Hasta que el ejército, finalmente movilizado, y la policía, los corrieron de allí para alivio de sus vecinos espantados y escondidos en casonas. Los marginales no opusieron resistencia, porque si algo han aprendido bien es a sobrevivir, a ser “vivos”. Su problema no es el poder –aunque por momentos se extasiaron con su sabor-, su problema es el placer inmediato de una vida que se escapa cada día, el aprovechamiento ocasional y oportunista de todo lo que se les niega.

En este sentimiento de control de los más miserables se manifestaba un profundo resentimiento, no explicado en sus propios corazones, pero que tampoco sabrían por qué habrían de explicarse. Miraron a los pobladores de barrios medios y a los trabajadores menos precarios con burla y desprecio, expresaron su resentimiento en tanto tuvieron oportunidad, no con la violencia física como con las palabras: “ricachones”, dijeron, “ustedes no han pasado hambre”… Pero eran manifestaciones de sentimiento más que de claridad, confundiendo toda categoría de diferenciación social: existen la marginalidad y los “ricos”, es decir, los que algo tienen, los que, indistintamente de si con mucho o con ningún esfuerzo, pueden comprar un “plasma”.

De alguna forma, los jóvenes del lumpen han encontrado la oportunidad del caos para existir y se resisten a perder la oportunidad. Asaltan consultorios, atacan a bomberos e incluso a camiones que reparten agua para las poblaciones.

La reacción de la sociedad demoró, pero llegó. A los dos días se organizaron los que no se conocían entre sí en todos los barrios. Se armaron barricadas en todas las calles y pasajes con todo lo que hallaron, principalmente escombros del terremoto. Se armaron con palos y algunos vecinos prepararon viejas escopetas y pistolas. En los sectores más bajos con sables, guadañas e incluso armas de fuego hechizas, las mismas que se usan para defenderse en peleas callejeras o asaltos. La psicosis colectiva corrió rumores terribles acerca de invasores de barrios lejanos. Carros robados de los mismos supermercados asaltados, sirvieron para cerrar caminos en las poblaciones más miserables, para enfrentar a atacantes de barrios rivales que quisieran apoderarse de sus calles. Hubo pequeños conatos y alguna violencia, grupos disuadidos, aunque francamente con poca pelea para tanto pertrecho; hubo jóvenes ladrones heridos, apaleados por pobladores o policía. (Encontré ayer en Concepción a un lotino con una brazo inflamado, “me dispararon un escopetazo, papito, tengo la mano llena de perdigones”).

Restablecido lentamente el orden por el Ejército y el toque de queda, las detenciones y las palizas fueron marcando el compás. La gente decente –como se ha catalogado a todo el que no saqueó el comercio y que sufre la carencia- pide en la calle represión. Ante las detenciones callejeras, la masa ha gritado “¡Mátenlos! ¡Mátenlos!”

Ciudades y pueblos, con el aspecto devastado de una guerra urbana, comienzan a recuperar el control. Pero ¿qué nos deja este evento para el análisis de la realidad social?

En primer lugar, que el lumpen ha experimentado un proceso de desarrollo no atendido a cabalidad. Los más pobres han sido lanzados desde siempre y sobre todo desde la dictadura a los extremos, al margen urbano, formando gethos de marginalidad. Se han encerrado ahí los campamentos de pobladores, de obreros precarios, desempleados, casi inmovilizados en su pobreza. Las generaciones que incuban han conocido la miseria y la ignorancia, y han ido resolviendo un futuro sin expectativas a través de una sobrevivencia violenta, aprendiendo del oportunismo para obtener lo que una vida de trabajo humilde no les dará, pero que la sociedad a través de todos los medios se encarga de representarles como lo que realmente tiene valor: imagen de brillo y distinción, de éxito y placeres banales, de lujos o alta tecnificación al extremo del absurdo (sea de los electrónicos o del diseño de zapatillas); la sociedad consumista y arribista les invita todos los días a codiciar y le enseña a envidiar, les forma en la filosofía que dice que al mundo le mueve el egoísmo y que el individuo es por naturaleza competitivo. Ser “ganador” es el único y verdadero camino. La sociedad neoliberal ha levantado como ofrenda a sus nuevos dioses la hermandad crucificada sobre el altar de su devoción. El camino sufrido y no exitoso del obrero, del que probablemente seguirá cesante, sin preparación para una movilidad social elitista y esquiva, no es el camino de la juventud marginal. Desde la dictadura, el lumpen ha crecido y produce rápidas y nuevas generaciones enajenadas, sin proyecto ninguno más que el día a día. Naturalmente, la delincuencia y el narcotráfico (buen oficio para obtener lo inalcanzable), tendrán sus nidos principales en estos sectores, resignando a las viejas generaciones proletarias a su realidad aplastante.

La “política social” de los gobiernos neoliberales ha hecho la parte amable de esta construcción, cediendo cuotas o migajas de beneficios, manteniendo la pobreza, ofreciendo monedas o canastas familiares para lisonjear a quienes serán sus clientes electorales o harán su propaganda en calidad de temporeros en época electoral.

Es la contradicción y el sin sentido insultante de una sociedad que se representa a sí misma como pujante, mientras se divide entre los que tienen la mansión junto al lago para pasear una vez en el verano, ostentando sus comodidades, sus autos lujosos por todos los medios, día tras día, ante otros que apenas conciben la idea de la casa, que se saben ellos mismos y sus vergonzosas realidades, invisibles.

Se juzga la delincuencia y la barbarie del lumpen en tanto los poderosos de los bancos y de las grandes empresas hacen su propio negocio en la desgracia. Aparecen en medio del desastre ofertando a toda página créditos, sacando cuentas de nuevos negocios tanto o más provechosos para sus arcas. Las empresas constructoras que han visto caer sus nuevos edificios, algunos con seres humanos que confiaron en su oferta, se encierran por días sin decir palabra, calculando sus pasos. Inician ahora acciones legales para que los edificios que deben ser derribados, no lo sean. El jefe de la Cámara de la Construcción se mofa de las críticas diciendo que los edificios inclinados se pueden comparar en su valor cultural con la Torre de Pisa. Después de un largo silencio, SOCOVIL, la empresa que acababa de entregar el edificio tristemente emblemático (y “económico”) Alto Río, volcado horrorosamente como una caja de cartón, ha declarado la responsabilidad del ingeniero calculista y puesto en claro: la empresa está libre de toda responsabilidad.

La brutalidad del lumpen no se compara con la lógica bastarda de los empresarios. El nuevo y multimillonario presidente ha ofrecido durante la catástrofe “prestar su camioneta” para las acciones de salvataje. ¿Pero cuál será la “vuelta de mano” del empresariado para con la recuperación nacional? ¿Recordarán haber sido favorecidos por la Nación (con pretextos patrióticos), cuando no salvados en circunstancias de crisis? El país paga, los ricos solamente cobran.

El sistema neoliberal ha generado toda esta injusticia y este salvajismo, ha desunido al pueblo que de pronto siente la necesidad desesperada de reunirse para proteger sus vidas y sus mínimas propiedades. (Por otra parte, no ha logrado la izquierda resolver este problema de organización y ello es otra causa de la marginalidad política. Las organizaciones populares de antaño, como la CUT, se han visto sobrepasadas por la fuerza de la desgracia, impotentes para emprender campañas que los vendedores mediáticos y comerciales como Mario Kreutzberger toman rápidamente antes de que el “negocio” se lo apropie alguien más).

En Concepción ha caído desde su pedestal la estatua de O’Higgins. El bicentenario se inicia para el país con una desgracia y con una radiografía nítida de su miseria profunda.

Un terremoto de prioridades y un maremoto de urgencias

Manuel Luis Rodríguez U.

coyunturapolitica.wordpress.com

¿Se puede hablar de política cuando un país está desvastado por un sismo de grado 8.8º y un maremoto enorme?

Si, porque las decisiones que tienen que tomarse son decisiones políticas y quienes las tienen que tomar son políticos.

Si, porque el impacto del sismo y del maremoto repercuten hoy y repercutirán despues del 11 de marzo sobre el conjunto de la gestión de gobierno y del Estado.  Las dimensiones humanas y materiales del desastre aun no terminan de cuantificarse (se habla de 30 mil millones de dolares y aumentando…) y el sufrimiento de casi dos millones de compatriotas no alcanza a ser medido por los reportajes de la televisión y los medios de prensa.

No es aventurado decir que el país ha retrocedido por lo menos 10 años en su desarrollo, dada la magnitud de la destrucción de infraestructura, de edificios publicos y privados, de viviendas, carreteras, puentes, calzadas.

Pero tambien hay que decir que la pobreza (esa pobreza profunda que las cifras dicen que ha estado disminuyendo) ha quedado al descubierto nuevamente (a la faz del mundo y ante nuestros ojos), porque los territorios y sectores sociales mas golpeados por el sismo y el maremoto son los pobres, las poblaciones pobres, las comunas pobres, las caletas pobres, los barrios pobres.

Cada vez que la naturaleza se pone insolente con los chilenos,  queda al desnudo la insolencia de la pobreza en que viven muchos chilenos.

Este desastre necesariamente obligará a redefinir las prioridades del proximo gobierno, reorientando recursos a la necesaria reconstrucción, aunque ya sabemos la receta neoliberal que se aplicó en Irak despues que EEUU destruyó la infraestructura pública irakí (aunque la metáfora pueda resultar forzada): los invasores estadounidenses trajeron empresas estadounidenses, para que hagan el negocio de la reconstrucción en el país desvastado por los bombardeos estadounidenses…

La receta neoliberal es siempre la única receta que se les ocurre a los políticos y gobiernos que tienen en la mente el mercado, pero que olvidan al Estado y a la ciudadanía a la hora de resolver problemas reales.

Negocio redondo es el que se hizo en Irak y el que podría hacerse en Chile: ¿el gobierno de Piñera entregará a unas cuantas empresas privadas el gigantesco y lucrativo negocio de la reconstrucción de carreteras, puentes y otras tantas obras públicas tal como el negocio de las licitaciones y concesiones (inventado por la Concertación) enriqueció a unas cuantas empresas chilenas y extranjeras?  O sea, con plata de todos los chilenos, ¿unas pocas empresas constructoras se harán aun mas millonarias y poderosas?

Y aprovechando la necesidad de trabajo y los recursos fiscales disponibles, el futuro gobierno ¿nos va a sorprender con empleos precarios tipo PEM y POJH pagados  a 100 “lucas” mensuales, con tal de llenar las cifras oficiales de empleo del INE y así mostrar que se “cumplieron las metas”?  ¿Y nos dirá Piñera y sus equipos empresariales, que no hay presupuesto ni reajuste para los sueldos y salarios de los trabajadores, trabajadores que serán precisamente los que con su trabajo van a reconstruir Chile?

Mientras tanto, caletas pesqueras completas han quedado arrasadas por un maremoto o tsunami que la Armada de Chile fue incapaz de prever ni de anticipar; mientras poblaciones, obras publicas y edificios han quedado inhabitables e inutilizables porque las empresas constructoras lucraron con la pobreza de la gente y los recursos fiscales, y los servicios públicos hicieron la vista gorda complice con las autorizaciones para construir edificios, puentes, carreteras y pasarelas que parecen hoy de cartulina o de cartón.  ¿Alguien podría afirmar hoy decentemente,  que el “modelo de concesiones” ha resultado un exito?

Se nos viene un terremoto en las prioridades gubernamentales (el gobierno proximo seguramente usará la reconstrucción como argumento para justificar restricciones, tal como Pinochet justificó la represión bajo el argumento de su reconstrucción) y se nos viene un maremoto de urgencias (empleo, viviendas, escuelas, medicamentos, puentes, aumentos de sueldos, reajustes, calles,  deudas históricas, veredas, muelles, caminos, carreteras…).

Manuel Luis Rodríguez U.

Lecciones de una tragedia olvidada

M. Eugenia Santis D.

En estos momentos han surgido voces de muchas personas proponiendo qué hacer, según las circunstancias, y literalmente, “se tiran los pelos” por las decisiones que se han tomado (algunas con la consecuencia de cientos de damnificados y muertos, como fue la de no avisar a tiempo del Tsunami). Me han llegado correos proponiendo solidaridad, terminar con el individualismo; que se decreten medidas de buen sentido repecto a los cobros de marzo, en fin…Pero siento que a mis compatriotas se les olvida que nos gobierna el sistema de mercado. Y bien sabemos que este sistema no perdona. Todo se resuelve desde la perspectiva de clase. La ayuda no utiliza redes sociales para ser distribuida porque NO LAS CONOCE; este gobierno no tiene consigo ni cuenta con la gran masa de trabajadores.

Creo que es el momento de traer a colación una experiencia de nuestra historia frente a un terremoto que, por primera vez fue enfrentado por el pueblo y sus autoridades:

el terremoto del  8 de Julio de 1971 (23:04 hrs ), un terremoto de magnitud 7,75 en escala de Richter sacudió la zona central de Chile.Las ciudades más afectadas fueron Illapel, Los Vilos, Salamanca, Combarbalá y La Ligua, aunque fue percibido entre Antofagasta y Valdivia.

A tres días de la catástrofe, el presidente Allende pronunciaba un discurso en Rancagua, el 11 de Julio, con motivo de la nacionalización de la gran minería del cobre y hacía un detallado balance:

“En este día, que debía haber sido de plena alegría, el pesar y la congoja viven sus horas largas en los hogares de miles y miles de chilenos, con 82 muertos, 182 lesionados graves, 80 menos graves y 185 lesionados leves, que son el reguero de pesar que deja el sismo. Sin embargo, hay algo más. Y hay algo más que, por cierto, no puede compararse con las vidas de personas y los hombres y mujeres que podrán quedar inválidos Y que tendrán, muchos de ellos, aunque heridos no muy graves, largos días para poder reincorporarse a sus hogares y a la producción; estas provincias han sido azotadas en el campo, en la industria, en los servicios públicos fundamentales. En el caso, por ejemplo, de Valparaíso, las industrias textiles fundamentales, y un número crecido de industrias pequeñas y medianas, no podrán seguir trabajando de inmediato. Ello significa amenaza de cesantía e inquietud para muchos hogares.

“De la misma manera, ocurre en el departamento de Petorca y en Illapel. También hemos sufrido seriamente daños en la planta de ENAMI en Las Ventanas, en el puerto de San Antonio y en la ENAP de Concón. En cuanto a los servicios públicos, el daño es muy crecido en los hospitales. Diecinueve de ellos están inservibles, fundamentalmente los de Combarbalá, Illapel, Melipilla y Casablanca. Un somero estudio significa que debemos invertir más de nueve millones de escudos para reparar los hospitales y los consultorios. También hay que señalar la destrucción de un número crecido de oficinas públicas y no menos de cuarenta comisarías y retenes de Carabineros. Quiero señalar la magnitud del sismo diciéndoles a ustedes que en la provincia de Coquimbo el 30% de las viviendas están dañadas. En Aconcagua, el 40%, en el departamento de Petorca. En Santiago, el 4%; en Valparaíso y Viña, el 32%. Un dato más preciso nos hace ver que en Illapel hay 718 casas que no pueden ser habitadas y 298 semidestruidas. Es por eso que este día, que es el día de la dignidad, tiene que ser el día de la solidaridad, y aquellas provincias y aquellos hombres y mujeres de Chile que fueron azotados por el viento, por la lluvia y por la nieve, tendrán que tener coraje como el resto de nuestros compañeros, como el resto de los ciudadanos, para levantarse y estar junto a las provincias azotadas por el terremoto. Así, Chile demostrará su entereza y la voluntad del pueblo.”

Disculpen que me haya extendido con la cita, pero era importante: para señalar que el Presidente tenía, a tres días de la tragedia, un balance completo de los daños y las tareas por hacer. Y no por un grupo de iluminados. Tenía una gran red nacional y social. Las redes de apoyo funcionaron al segundo. (Sin internet, sin celulares, con escasos telefonos fijos, menor cantidad de vehiculos, etc). Pero quiero ir mas allá: los propios trabajadores, luego de sus jornadas, iban a realizar trabajo voluntario. Porque el pais .-que eramos todos- se sentia incluido, incorporado, participando en la reconstruccion como algo propio. Por mi parte, como estudiante de primer año de arquitectura en la universidad, me avisaron que habia que ir a clases, y al llegar me encontré el patio lleno de compañeros, de cursos mas avanzados, construyendo mediaguas en el patio. Ellos tenian una meta que cumplir en una semana. Los profesores nos organizaron en grupos y, supervisados por los ayudantes, fuimos a evaluar los daños de las edificaciones de la zona norte de Santiago, (entre Independencia y Vivaceta me toco a mi). Con plazo fijo. Con informe y plano. Con nota tambien. Así estuvimos trabajando varias semanas. Porque eramos un recurso. Se llenaron los muros de las ciudades de pinturas y afiches alegres alusivos a esta reconstruccion. Es que era el gobierno de todos. A todos nos afectaba. Todos eramos importantes. Y entre todos salimos adelante. Antes de 18 hrs ya habia hospitales de campaña funcionando. La red de solidaridad funcionaba sola, sin necesidad de grandes discursos ni “retos”, con escasos medios económicos. En pocos meses se salió de la emergencia, pero no fue obra del gobierno de “alguien”: fue obra de todos nosotros.

A cuatro días del actual terremoto, sólo unos cuántos conocen las verdaderas cifras de afectados, la canalización de la ayuda; el catastro del daño a las infraestructuras y viviendas, en fin. A la salida del gobierno concertacionista, es difícil esconder el drama que no quería mostrarse: la pobreza encubierta en que vive la mayor parte de nuestra población en regiones. El desprecio con que las inmobiliarias construyen en Comunas que no son de la burguesía. La desregulación de todo (incluida norma antisismica, bases de concesiones viales, etc) para que nada impida la circulación del capital.

A la soberbia de los primeros momentos :”tenemos los recursos”, tal como me dijo un amigo: “el afán era mostrar que este país del primer mundo que han construido, era

capaz de resistir”, ha seguido necesariamente la ineptitud, la descoordinación, el pecho hinchado pronunciando discursos de clase, sin miramientos hacia la gran multitud que espera se le resuelvan de verdad los cinco aspectos básicos de sobrevivencia indicados por la OMS: agua, alimentos, luz, techo y abrigo.

Lo que más ha preocupado a los gobernantes concertacion-alianza y que ha sido aplaudido por los medios de comunicación (para que toda la población lo repita como loro) es “la seguridad y el orden”, que se traduce en volver a ver a los militares dueños de  las calles y con toque de queda. Eso es lo que mejor saben hacer. El pueblo sólo es mencionado para ser calificado de vándalos, hordas de asaltantes, ladrones de la sagrada propiedad privada. Bien bonito el paisito que nos deja esta cofradía!

Concluyo citando a mi amigo: “No queda otra solución que pensarnos a nosotros mismos como sujetos sociales. Capaces de encabezar nuestras soluciones en cada momento, incluidos los fenómenos de la naturaleza.” Y agrego: y recordar la historia.

GERENTES, PATRONES Y ESCLAVOS: CHILE EN EL LABERINTO NEOLIBERAL

Juan Segundo Leiva

Para nadie ha sido una sorpresa: el nuevo gabinete del multimillonario Sebastián Piñera debía ser una selección ad hoc a la representación pura de la elite empresaria.

De los 22 del Gabinete, al menos 14 socios de grandes empresas, 9 directores de empresas. Muchas de estas empresas acrecentaron considerablemente sus capitales bajo la dictadura militar. La dictadura desató un proceso de privatización acelerado que significó que más de treinta empresas nacionales fuesen vendidas a bajo costo a privados; es el caso de la empresa estatal LAN Chile, que Piñera adquirió en el 27% y cuyas acciones ha vendido ahora en más de mil doscientos millones de dólares. Nada que deba extrañar, es la política que impuso el “Consenso de Washington”, que desde los ’90 significó el condicionamiento de ayudas del FMI y del Banco Mundial a que los países pongan sus empresas estatales en manos de la gran burguesía[1]. En el fondo se cumple aquello de que toda gran acumulación de capitales tiene su origen en el robo. Es el reino a merced del libertinaje de mercado al que le llaman “consenso”.

14 se formaron en la Pontificia Universidad Católica, reserva ideológica del más reaccionario conservadurismo nacional, “alma mater” de Jaime Guzmán, el abogado pródigo de la Constitución del ‘80. Nótese que unos 13 ministros realizaron postgrados en universidades de Estados Unidos, capital del imperialismo occidental, principalmente en Harvard y Chicago. (No contamos a Jaime Ravinet, que estudiaba en USA cuando aconteció el golpe y que retornó en 1974 a Chile, y no precisamente para resistir al fascismo). Es interesante que de los 22, 14 sean ingenieros y que de ellos 9 se especializaran en comercio, incluidos los ministros de Educación y SERNAM.

Pinochet 2.0El modelo neoliberal se diseñó en laboratorios de USA y en sus academias se preparó a la juventud dorada de la burguesía para que implementara el modelo tanto en lo económico como en lo ideológico y político, para lo que se diseñó un plan que se sirvió de las tiranías golpistas latinoamericanas (Brasil 1964, Perú 1968 y 1975, Panamá 1968, Bolivia 1970, Uruguay 1973, Chile 1973, Ecuador 1976, Argentina 1976, El Salvador 1979…). Estos vínculos no nos son extraños, archivos oficiales de la CIA reconocen al padre de nuestro nuevo presidente como uno de sus antiguos agentes en Chile[2]. Por lo mismo, podemos decir que los “Chicago boys” regresan ahora en gloria y majestad, por gracia de una Concertación que se sumó al plan maestro.

No nos puede ser indiferente que muchos de los ministros coincidan como socios de poderosas empresas. Por ejemplo, entre los propietarios y directivos de la U. del Desarrollo se encuentran Lavín y Larroulet; en la Clínica Las Condes Mañalich y el mismo Piñera, que acaba de vender sus acciones en 37 millones de dólares. Y así también muchas carteras coinciden con las actividades comerciales de los designados para “servir al país”. Es el caso de Mañalich, que siendo uno de los dueños de la Clínica Las Condes y dirigente de la Asociación Gremial de Clínicas y Hospitales Privados, asume el Ministerio de Salud; Golborne, que siendo ejecutivo y socio de diferentes empresas en las que figuran las mineras, asuma la cartera de Minería; que Lavín, dueño de la U del Desarrollo, tome Educación, y así. A esto la derecha le llama “poner gente experta”.

Todo el discurso hipócrita de los partidos (de los “señores políticos”, como decía el tirano), de los técnicos y los independientes, no es más que charlatanería. Detrás de estos intereses hay un solo gran partido, el de los empresarios y patrones.

En fin, la suma de datos comprueba lo que hemos dicho: a la burguesía no le basta ya con enajenar a la masa y continuar administrando el modelo, ahora requiere pasar a otra etapa más voraz, en la que no son útiles en el poder político los intermediaros timoratos. Los cambios de opinión del gabinete Piñera sobre las ofertas de campaña, ad portas de asumir el triunfante candidato, son parte del circo. La nueva administración se ríe del presupuesto social, le es suficiente con hacer la fiesta de los bonos y canastas familiares, un fraude considerando los altos costos sociales que implicará la pérdida de derechos laborales y la flexibilización del empleo, el mayor debilitamiento de la red de protección social, de los servicios públicos de Salud y Educación, ¿y qué decir de la previsión social y del sistema de AFP implementados por José Piñera[3] bajo el régimen de Pinochet? Se dará uso ilimitado a la enajenación de conciencias a la hora de menoscabar la soberanía económica y política, para rematar los recursos estratégicos, debilitar el Estado nacional, ahuecar la difusa idea de cierta democracia lejana. Parafraseando a Vicente Huidobro, podríamos decir que sólo falta que estos señores vendan la Declaración de la Independencia al mejor postor.

No resulta raro que los dirigentes sindicales no puedan tomar parte del Parlamento por disposición legal, sin embargo, es completamente lógico que sí pueda hacerlo el empresariado, y que ahora ocupen toda la dirección del Estado directamente con sus prohombres. Gobierna el sentido común de la masa, que no es otro que el que hegemoniza desde dentro la burguesía: “hay que tratar bien a los ricos, porque ellos ponen la plata” dijo el tirano una vez. De tal manera, se ha encarnado al fin en el poder la dictadura más descarada y abierta de la gran burguesía.

Mientras la mayoría no logre sacudirse el inmediatismo y no se haga de voluntad de poder, el camino se presenta difícil para los luchadores sociales. Las consecuencias se expresarán en toda la línea y sobre todo en las masas trabajadoras. Es el pueblo el que en carne propia sacará las cuentas de su apatía y de su ilusión del “cambio” de jugadores, de su confianza en un Estado ajeno. La burguesía, insaciable, seguirá su sino: el de la máxima acumulación. Inevitablemente, es parte de la cruda suma de experiencias.

La izquierda revolucionaria también debe sacar sus cuentas y estimar adecuadamente el escenario, debe expresar en conciencia plena esta cruda suma de experiencias. No puede hacerlo plenamente y con sentido estratégico si no asume sus propias debilidades. El planteamiento del PC entorno a un camino democrático es también parte de esta necesaria discusión, donde los debates deben recoger aportes que permitan profundizar el asunto de la relación táctica (pasos) y estrategia (objetivo final). Lo que es indudable es que la política de Revolución Democrática es (y debe ser) mucho más que una política de tácticas.


[1] Puede hallarse abundante información acerca del Consenso de Washington. Sobre sus efectos indicamos un par de visiones divergentes:

Manuel Riesco, “El curso de la crisis”, 2008, publicado por CENDA, http://docs.google.com/Doc?id=dhk3bdnd_966d66vgpgh

Josep Mària Serrano, Centro de Estudios Cristianismo i Justícia, http://www.fespinal.com/espinal/realitat/pap/pap46.htm

[2] Francisco Herreros. El Dossier Piñera en el Archivo de la CIA. El Siglo, 24 al 30 de julio de 2009. Alojado en www.archivochile.com/

[3] Ricardo Lagos, presidente de Chile, diría: “Nos reunimos para celebrar los 21 años de un sistema que ha funcionado y que ha sido exitoso, y que ahora lo perfeccionamos porque vamos a tener 5 fondos” (Palacio de La Moneda, 2/8/02).

Alejandro Foxley, ex Ministro de Hacienda del Presidente Aylwin y ex Ministro de RR.EE. de la Presidenta Bachelet, acerca del sistema de AFP en Chile a un medio televisivo: “La idea de ensayar una propuesta tan radicalmente distinta (el sistema de capitalización) fue muy audaz en su momento, tal vez incomprendida, y a la larga creo que fue una decisión acertada. De hecho, muchos países están siguiendo a Chile en esta materia“.

René Cortázar, Ministro de Transportes de la Presidenta Bachelet, y ex Ministro del Trabajo del Presidente Aylwin, afirmó: “El sistema de capitalización ha sido un producto de exportación de Chile, y la verdad es que no conozco otro producto de exportación chilensis en materia de innovación institucional además de éste, probablemente porque a los chilenos nos cuesta inventar cosas nuevas” (XI Congreso de Finanzas y Negocios, ICARE, 1/9/05).

Pueden encontrar esto y más en la página de José Piñera: http://www.josepinera.com/pag/pag_tex_contraroyalty.htm

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