REFLEXIONES SOBRE EL XXIV CONGRESO DEL PCCH Y SU CONVOCATORIA

Mario Benavente Paulsen*

El llamado al XXIV Congreso del Partido Comunista de Chile ocurre en el contexto de una nueva y profunda crisis de un sistema económico mundial, dominado por el régimen capitalista. Se trata de la primera gran crisis del siglo XXI y, por su magnitud, la primera que el capitalismo enfrenta sin contrapeso, tras la desaparición del sistema socialista mundial.

Más aún, no obstante ser esta crisis testimonio del fracaso de las concepciones neoliberales, se erige como una fase de la “evolución” del capitalismo. Ello se ve acompañado por: a.- una profunda desarticulación de las fuerzas populares a nivel mundial; b.- el desarme teórico generado por el abandono de la concepción del mundo basada en la ideología revolucionaria expresión de la lucha de clases; c.- la concentración sin precedentes del poder económico, político, ideológico y cultural. A lo anterior habría que agregar el triunfo de la ideología burguesa que trata de desprestigiar todo aquello que hasta ayer era baluarte de las luchas populares: unidad, solidaridad, cooperación e identidad de clases.

El imperialismo, particularmente estadounidense y europeo, con sus ambiciones hegemónicas, amenaza la paz mundial y busca inhibir cualquier manifestación de países que pretendan apartarse del modelo impuesto.

La llamada guerra contra el terrorismo internacional ha servido de excusa para invadir países soberanos y amenazar a otros. Lo ocurrido con Irak y Afganistán y las reiteradas amenazas a Irán, a Corea del Norte y otros países, no pueden pasar inadvertidas en el Congreso del PC de Chile. Como tampoco puede serlo la defensa irrestricta de la hermana República de Cuba contra el criminal bloqueo impuesto por Estados Unidos y sus corifeos.

Nada de esto, sin embargo, es abordado por la Convocatoria. Se omiten en ella el carácter internacionalista del Partido, como su posición respecto del entorno mundial en que se encuentra inserto nuestro país; su valoración del auge, caída y lecciones que dejó el sistema socialista mundial, así como su valoración y solidaridad con los esfuerzos de verdadera democratización que desarrolla un reducido grupo de países. Todos estos aspectos, además de otros que no se enumeran, revisten importancia cardinal para definir el lugar y el rol que desempeñamos los comunistas en la sociedad moderna.

 

2.  En América Latina se abren nuevos cauces democráticos, populares y revolucionarios, opuestos a las pretensiones imperiales. Los casos de Venezuela, Bolivia, Ecuador, Nicaragua, la lucha de los pueblos originarios, constituyen importantes avances en el desarrollo de la conciencia libertaria, antiimperialista y antioligárquica. La conformación del Alba, del Banco Bolivariano, la UNASUR, son hitos que indican un avance de la lucha de los pueblos.

Estos avances en América Latina, preocupan al imperio. No otra cosa significa la presencia permanente de la IV flota y las numerosas bases militares en esta región del mundo. Nuevamente se acude a los golpes de Estado como ha ocurrido en Honduras y aquellos que fracasaron en Venezuela y, recientemente, en Ecuador. En países como Colombia, Perú, Chile, Panamá, ante la debilidad y el oportunismo de las fuerzas democráticas y populares, estimula gobiernos de derecha. El imperialismo estadounidense ha acentuado su rol de gendarme internacional. Respaldado por sus expresiones europeas, se orienta a controlar todas las regiones del planeta poseedoras de grandes recursos energéticos y acuíferos.

 

 

3. Junto con hacer omisión del carácter internacionalista y solidario que ha caracterizado la historia de los comunistas chilenos, el documento presentado como Convocatoria al Congreso también omite indicar cuáles son los sectores sociales que constituyen los enemigos fundamentales de los reales cambios democráticos, populares y revolucionarios de los pueblos.

Se ha omitido la valoración de las más grandes conquistas del proletariado mundial. Inadvertido ha pasado el reciente aniversario de la victoriosa  Revolución de Octubre en Rusia que, al parecer, ha perdido significación para muchos de los actuales dirigentes del  Partido, no así para la gran mayoría de sus militantes. Esto no es casual. Es una constante que se observa a partir de la desintegración de la URSS y del campo socialista.

 

4.  Casi toda la Convocatoria está centrada en describir problemas de la realidad nacional. Es importante hacerlo, pero no se puede agotar en el mero señalamiento de hechos, sin abrir perspectivas. Por ejemplo: se valora la lucha del pueblo mapuche por sus reivindicaciones históricas, pero no se abren caminos de acción, no se explica su significado ni el papel que los comunistas estamos llamados a desempeñar. Centrar nuestra lucha sólo en las reivindicaciones nacionales, es sesgar la realidad, aislarla, como si los grandes problemas de la contemporaneidad no fuesen interdependientes. Tal forma de análisis conduce a interpretaciones nacionalistas estrechas y/o chovinistas, muy al gusto del paladar burgués.

Una acertada priorización de los  principales problemas que impone la realidad nacional se encontró en el programa del Juntos Podemos, elemento recogido en la Convocatoria. Eso debe ser, precisamente, el Programa Mínimo que hoy debemos levantar.

 

5.    Los autores de la Convocatoria insisten en un grave error teórico al confundir la esencia con el fenómeno. En efecto, el neoliberalismo (fenómeno) es  manifestación del desarrollo del capitalismo (esencia), como en el siglo XIX lo fue el liberalismo. Nuestra lucha debe dirigirse a la raíz, es decir, al capitalismo. Al eliminar la raíz,  sus frutos (fenómenos) también se extinguen. Los comunistas del mundo (no sólo los comunistas chilenos) luchamos contra el sistema capitalista mundial y sus formas nacionales, como contra su expresión superior de desarrollo: el imperialismo con todas sus particularidades.

 

6.  El documento identifica al Partido como “una organización política de los trabajadores y las trabajadoras”, proyectando en esta definición la omisión mencionada anteriormente: se evita identificar claramente el carácter clasista del Partido y, por ende, identificar quiénes son sus principales aliados y opositores. Nuestro Partido no es ni puede ser la organización política de todos los trabajadores. Su meta ha sido y debe ser la de vanguardia de los sectores más avanzados del proletariado y, particularmente, de la clase obrera contemporánea.

Al referirse al rol del Partido Comunista en la lucha social, se omite su carácter revolucionario. Se debe dejar muy en claro que el Partido Comunista de Chile es y debe ser una organización política, estrechamente vinculada a las masas, que lucha por el desarrollo de la convivencia democrática y popular en pos de una sociedad socialista. El carácter revolucionario de nuestro Partido no puede ser soslayado. Ocultar nuestra condición revolucionaria es hacer concesión a la ideología burguesa predominante en los partidos de la Concertación y, por cierto, en la derecha.

 

7.    Los autores de la Convocatoria proponen al Partido tres objetivos principales: a) “Conformar un Gobierno de Nuevo Tipo”; b) “Desplazar a la derecha del gobierno”; c) “Una reforma constitucional que modifique el sistema electoral binominal”.

Vamos por parte:

Al afirmar que el principal objetivo político de hoy es reformar la Constitución Política, se insiste en un método de análisis ajeno a nuestra concepción revolucionaria. Se toma el rábano por las hojas y se le yerra el palo al gato, cayendo en posiciones reformistas. El problema no está en reformar la Constitución heredada de la dictadura. Los comunistas debemos impulsar la elaboración de una nueva Constitución Política, democrática y popular, emanada de una Asamblea Constituyente que represente a todos los sectores sociales, culturales y políticos.

Sin una posición definida, clara y responsable respecto de la necesidad de una nueva Constitución Política, no estaremos (como partido de vanguardia que pretendemos ser) en condiciones de desplazar a la derecha del Gobierno, ni menos de construir un “gobierno de Nuevo Tipo, que asegure democracia y progreso social al país”.

Ninguno de estos dos “objetivos” será alcanzable de no mediar una fuerte organización popular y sindical, un sólido y amplio movimiento de masas, además de una política de alianzas que forje unidad nacional, sin perder de vista los intereses del proletariado, precisamente de aquellos que por su condición de asalariados, representan a las amplias mayorías nacionales.

De esta manera, entre los objetivos principales de los comunistas debieran estar: 1) una nueva Constitución; 2) fortalecer la organización popular y sindical; 3) crear una amplia alianza social para alcanzar un Gobierno verdaderamente democrático y representativo.

 

8.   En la Convocatoria se pone énfasis en los acuerdos políticos (léase, en los acuerdos de las cúpulas políticas). Nuevamente se confunde el fenómeno con la esencia. Los acuerdos políticos deben ser expresión de la lucha de masas, en caso contrario su vigencia será transitoria y sin mayor trascendencia. Tal criterio no se condice  con nuestra línea política. Todos los problemas de la realidad nacional, como el fortalecimiento del Partido y de la unidad de las fuerzas democráticas, populares y revolucionarias, pasan por el desarrollo de la lucha de masas en que la unidad del proletariado, particularmente de la moderna clase obrera, y demás sectores laborales, es fundamental.

 

9.  Preocupa la propuesta contenida en la Convocatoria que busca una “convergencia (con la Concertación) como la forma de generar una nueva mayoría nacional”.

Tras esta propuesta se trasluce desconocer el descontento que se registra en una amplia parte de la población, por las políticas implementadas y promesas incumplidas durante los 20 años que la Concertación estuvo en el Gobierno. Fue precisamente esa coalición de Gobierno la que impidió el desarrollo de una verdadera democracia en el país y propició la concentración del poder económico que hoy conocemos.

Debemos, eso sí, hacer una clara diferencia entre las bases y los organismos dirigentes de la Concertación. El descontento en las bases quedó de manifiesto durante el proceso previo a las elecciones presidenciales, cuando de sus propias filas surgieron tres candidatos que renegaban de las posiciones del referido conglomerado. Con esas bases debemos buscar fortalecer la izquierda y desarrollar nuestra política de alianzas.

La concepción de “convergencia”, que implica conciliar con las cúpulas políticas de la Concertación, propuesta en la Convocatoria, es un error y como tal no puede ser aceptada por los comunistas.

 

10. Las tendencias reformistas y el oportunismo revisionista contribuyen a debilitar todo proceso unitario y profundizan la pérdida de identidad de clase que caracterizó al Partido Comunista de Chile. Estas tendencias son las que han llevado a la actual Dirección del Partido a ignorar las discusiones que se desarrollan en el seno de la militancia y a separar de las filas del Partido a quienes, porfiadamente, insisten en desarrollar su condición de partido revolucionario.

 

11.  La lucha ideológica, o batalla de las ideas, es un imperativo de todo partido comunista y de cada uno de sus militantes. La ideología del proletariado es la concepción del marxismo-leninismo, incluida la concepción sobre el partido revolucionario, y enriquecida por la experiencia de lucha de los pueblos y pensadores de muchos países. El desconocimiento o el renegar de ella nos hace permeables a las concepciones burguesas.  En la actualidad, en Chile y otros lugares del planeta, la ideología burguesa se ha impuesto a la concepción proletaria. Para nuestro partido es imperativo el estudio del marxismo-leninismo y su metodología, así como la historia del movimiento obrero y popular que ha enriquecido nuestra teoría.

 

12.   Desconocer el análisis clasista de la realidad y el carácter revolucionario del PC es hacer concesiones a la ideología burguesa. Del mismo modo lo  es cuando se habla en abstracto de un mundo mejor, en circunstancias que para los comunistas ese mundo mejor lo constituye el socialismo, como etapa previa a la sociedad comunista. Es también concesión al oportunismo burgués el olvido consciente en nuestros análisis de las grandes conquistas del proletariado mundial, así como los fundamentos de nuestra ideología.

 

13.   Es insuficiente afirmar que la composición social de los asalariados (trabajadores) es heterogénea dada la diversificación del sistema productivo. Sin embargo, no se profundiza en ella. La mera descripción de algunas esferas de la producción socio-económica no es suficiente. Nuevamente se cae en una generalización.

Dentro del sistema productivo hay sectores que están directamente vinculados al proceso de producción de bienes y que tienen mayor incidencia en el desarrollo económico nacional y, consecuentemente, en el PIB: el sector obrero,  el más sensible a la explotación. Existen otros sectores, vinculados a la administración y programación del proceso productivo, a la formación de las nuevas generaciones, al cuidado de la salud, etc. que son asalariados también, pero su relación con el proceso productivo es indirecta.

 

14.   La concepción marxista indica que la composición social de los trabajadores se desprende antes que nada y, por sobre todo, de la ausencia de propiedad sobre los medios de producción y de la obligatoria venta de su fuerza de trabajo. Sin embargo, sería incorrecto suponer que aquí se acaba el marco para la definición del proletariado. Al respecto, la misma concepción identifica a las clases como grandes grupos de hombres que se diferencian entre sí por el lugar que ocupan en un sistema de producción social históricamente determinado; por las relaciones en que se encuentran con respecto a los medios de producción; por el papel que desempeñan en la organización social del trabajo y, consiguientemente, por el modo y la proporción en que perciben la parte de riqueza social de que disponen. Las clases son grupos humanos, uno de los cuales se apropia del trabajo del otro.

 

15. El Partido Comunista debe orientar  su acción, principalmente, a fortalecerse en aquellos sectores que concentran mayor número de asalariados, que requieren de alto grado de organización y cooperación, es decir, aquellos que constituyen el sector más dinámico y organizado (industria fabril, construcción, centrales eléctricas, minería, algunos servicios como retail, tecnologías de la información y otros). No es casual que el nacimiento del Partido Comunista de Chile ocurriera allí donde se concentraba el mayor número de trabajadores organizados: el proletariado industrial.

 

16.-  El mundo territorial ocupa atención preferente en la Convocatoria. En efecto,  el espacio poblacional, el espacio de residencia, constituye un ámbito relevante para el accionar de los comunistas. Allí se encuentran los centros comunitarios, los clubes deportivos y organizaciones donde necesitamos vinculamos con nuestro entorno. Sin embargo, es el entorno laboral el que debe concentrar los mayores esfuerzos de las actividades de masas de los comunistas. Allí se expresan los  niveles superiores de organización laboral y se potencia la solidaridad de clase. Aquí radica nuestra fortaleza. La actividad productiva, sea ésta de bienes o servicios, urbana o rural, debe ser el centro de la  actividad partidaria

Nuestro norte: fortalecer la organización sindical y estudiantil; educar a trabajadores y estudiantes en la lucha por sus derechos y la defensa de ellos, sin descuidar el ámbito territorial.

 

17.- Aunque no me detengo en todos los aspectos del documento, creo que éste contiene afirmaciones insuficientemente elaboradas. Se afirma, por ejemplo, que la educación partidaria es responsabilidad fundamental del militante. Eso es una verdad a medias. El militante se forma dentro y no fuera del Partido. El Partido  es quien tiene  la mayor responsabilidad en ello.  De aquí la necesidad de la Escuela de Cuadros a nivel nacional, regional, comunal y celular.

Pareciera que el atribuir este tipo de responsabilidades al militante, significa incorporar un elemento nuevo (y ajeno) en la vida de los comunistas. Ello es refrendado por la afirmación “el elemento central en todo quehacer orgánico partidario es sin duda el militante…” Por cierto, sin militantes no hay Partido. Del esfuerzo de cada uno depende la construcción del Partido revolucionario. Sin embargo, el elemento central del quehacer partidario radica en el trabajo colectivo. En ello está la fortaleza de todos los partidos comunistas del mundo.

*Ex miembro del Comité Central del PC (1964-1984), ex prisionero político y exiliado.

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Una respuesta para “REFLEXIONES SOBRE EL XXIV CONGRESO DEL PCCH Y SU CONVOCATORIA”

  1. Gastón Soto Rengifo Dice:

    Excelentes apreciaciones del camarada. Sin embargo, sus críticas, no explican el problema del Poder. Desde mi punto de vista, no existe posibilidad alguna, de transformar la sociedad capitalista, sin plantearse el problema concreto del poder. Este poder se manifiesta en en el campo ideológico, político, cultural e incluso religioso y, en lo fundamental en el campo economico. De tal manera, que no plantearse el asalto al poder, que es, en algunos minutos de la historia, militar, es seguir con la derrota constante del movimiento revolucionario en sus afanes de justicia social. La política de un partído revolucionario debe considerar todos los aspectos de la lucha contra los pulpos del capital y sus adláteres, no decirlo, es caer en discuciones bizantínas que no llevan a buen puerto. La revolucion debe saber defenderse y, para eso se debe contar con una fuerte y arraigada política militar del partído revolucionario. La experiencia histórica de Chile, nos entrega pruebas fehacientes que un proceso de cambios no es suficiente; la derecha no se vá para la casa cuando se les expropian algunos enseres y propiedades, cuentan con un ejérrcito que protege sus intereses de clase. La revolución verdadera esta lejos de lo que podría ser una reforma agraria, la revolución lo es todo. Es, en definitiva, la transformación total de la sociedad capitalista, y para eso se necesita una política y un programa anticapitalista y esto contempla todas las formas de lucha, incluída la lucha, aunque terrible, militar.


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