XXIV CONGRESO, HITO DETERMINANTE EN LA DISCUSIÓN DEL PARTIDO COMUNISTA DE CHILE
Mientras 43 comunistas desarrollaban uno de los dos congresos comunales de la ciudad de Concepción, la lucha de ideas se batía silenciosamente. Temas imposibles de soslayar se presentan a los militantes que participan de este XXIV Congreso Nacional. Dado lo relevante de este debate y ad portas de concluir en su nivel nacional el 11 y 12 de diciembre, LaCélula quiere compartir algunos planteamientos surgidos desde la base y que reproducimos acá por su valor teórico y porque representan elementos críticos para un análisis de la Convocatoria. Esperamos aportar nuevos trabajos en el futuro, así como publicar trabajos que por razón de espacio nos ha sido imposible ahora. Por su parte, el Comunal Víctor Hugo Huerta, en condiciones excepcionalmente difíciles, abordó los temas de la convocatoria, sobre los que LC bosqueja en este comentario algunos elementos.
No es cosa menor destacar el contexto en que se desarrolla este Congreso. La situación política ha avanzado a favor de la derecha, que sube al gobierno nacional. Las fuerzas más reaccionarias del neoliberalismo, incluyendo sus elementos pinochetistas, recuperan el mando presidencial después de cuatro gobiernos de la Concertación. Esta última cae en una debacle que se expresa después de un largo periodo -no menor al que duró la dictadura- y en el que se desarrolló y profundizó el modelo impuesto con los recursos de la sangre y el terror, solamente que esta vez con la legitimidad electoral y una sociedad desmovilizada y desencantada de toda posibilidad de justicia a causa de la traición de sectores políticos que se opusieron a la dictadura.
Se suman y crecen las movilizaciones sociales. En este momento, los trabajadores del sistema público luchan, arrinconados por su nuevo matarife dispuesto a terminar la labor neoliberal de los gobiernos “democráticos”. Por otra parte, el terremoto de febrero encendió luces en relación a la profundidad de la catástrofe social existente, destapando las hondas injusticias en que vive la inmensa mayoría de nuestro pueblo. Tales condiciones han movido a diversos sectores sociales a buscar la perspectiva de un movimiento social unitario y solidario. Ante este panorama, un gobierno que se afirma en actos publicitarios y medidas populistas, y si no en la abierta represión, sólo puede tener su talón de Aquiles en la respuesta organizada de la sociedad. Por otra parte, el papel de sectores políticos concertacionistas, demuestra limitarse a un techo: la conservación de los aspectos sustantivos que soportan al modelo.
En este contexto, el Partido Comunista abre su discusión con una Convocatoria que se centra en tres ideas principales: el Gobierno de Nuevo Tipo (GNT), basado en un programa de 12 puntos que suscribiera Eduardo Frei en la elección perdida en enero de 2010, y la definición de un partido adecuado a esta línea.
La idea del GNT resulta vaga y poco precisa. Su concepto de alianzas se orienta al acercamiento definitivo a la Concertación y en la ampliación de una fórmula de oposición con sectores MEO-Partido Pro, Navarro-MAS y P. Humanista. También considera alianzas particulares, por ejemplo, con el P. Regionalista. Los planes que propone a la discusión esta convocatoria se están desarrollando con intensas conversaciones hacia la Concertación. Sin embargo, la DC encabezada por el señor Walker, ha rehuido de esta pretensión y hoy es el principal escollo de los acuerdos, los que, dicho sea de paso, son materia de discusión del Congreso Nacional.
Hay preguntas fundamentales para la política de alianzas. “Gobierno de nuevo tipo”, pero ¿en qué forma es nuevo y para qué; con qué propósito particular los comunistas aspiramos a un GNT? ¿Cuál es el lugar que ocupan los trabajadores y la clase obrera en este plan? En otras palabras, ¿cómo se expresará la clase aquí? El GNT apela a una fórmula Concertación + PC + otros (los llamados “díscolos”) ¿Entonces, es esta política de alianzas una ampliación y prolongación de la Concertación, una 2.0?
El argumento principal que “hace la diferencia” es el pacto de los 12 puntos firmado por Eduardo Frei en la segunda vuelta de la última campaña presidencial, en tanto éste sería un programa “no neoliberal”. Hay aspectos de este pacto que no son menores a la hora de juzgar, por ejemplo, en lo referido al cobre, recurso fundamental de cualquier política soberana y “no neoliberal”, no se propone la nacionalización de la explotación del mineral. La mantención de la empresa estatal CODELCO no representa cambio en tanto se mantenga incapaz de potenciar la minería y siga permitiendo que los minerales extraídos por ella se entreguen (o regalen) a precio de escoria. Por otra parte, la política de pensiones queda intacta, dejando los ahorros de trabajadoras y trabajadores en manos de la especulación financiera. Las reformas para Educación siguen figurándose dentro del marco del proyecto neoliberal. El “mejoramiento en la atención en el sistema de salud pública” ¿no es acaso lo que ya ofreció y realizó a su modo y en el marco de un proceso privatizador el gobierno de Bachelet? Se habla de “nueva Constitución”, sin darle carácter, sin proponerse cuál será la forma de alcanzarla ni la de redactarla, lo que no modifica en forma alguna lo que la Concertación y su candidato ya venían anunciando. Tampoco hay mención para la cuestión del pueblo mapuche ni los demás pueblos originarios.
El cumplimiento del programa de 12 puntos es un aspecto políticamente delicado. Ya la Concertación abandonó su programa a espaldas del pueblo el año 1989, en aras de tratos con los poderes imperialistas. ¿Será esta la ocasión para que los partidos de la Concertación abandonen sus intereses neoliberales y hagan efectivos sus compromisos? ¿Cómo se hará cumplir este programa mínimo considerando el desarrollo de las masas?
En materia de Partido, la Convocatoria tampoco es mayormente clara, sin embargo, al definir la organización, comienza caracterizándolo como un Partido multiclasista o no clasista. Se ha sugerido hace algunos años el concepto de “partido de nuevo tipo”. Este concepto, acuñado por Lenin para la revolución, planteaba efectivamente una organización completamente diferente, al crear un instrumento de la clase para la conquista del poder, un partido revolucionario, en tanto su proyecto y estrategia se levantaba nítido y claro: el Socialismo.
¿Qué significa en este marco un Partido de nuevo tipo y qué es esta caracterización no clasista? Para preparar las condiciones de una nueva etapa de organización popular y de lucha revolucionaria, en las nuevas condiciones del capitalismo, el Partido de clase requiere de una definición, requiere de un proyecto de fondo, el que, sin embargo, no se expresa aquí.
Este Congreso representa un momento, pero también define un camino. Por ello, a los militantes obreros, a los organizadores sociales, a los intelectuales revolucionarios, les invitamos a profundizar en estas cuestiones vitales para la lucha social de hoy y para una construcción de clase orientada a la sociedad nueva. Sociedad que resulta tan necesaria como desesperada es la realidad de inmensas masas de seres humanos atrapados en la cadena de la explotación cotidiana, o como la de aquellos marginados que mueren en las cárceles en estas horas dramáticas, reducidos a la condición de animales.
Escena de Novecento, de Bernardo Bertolucci (1976)

