Eduardo Ampuero C.
Lo decía nuestro amigo Juan S. Leiva en artículo publicado por LaCélula acerca de los movimientos: hoy por hoy, sólo el movimiento social es capaz de dinamizar el proceso de acumulación de fuerzas y la subjetividad de las masas, y se convierte de esta manera en fermento de la lucha de clases en tanto potencie junto a él al sector genuinamente revolucionario: la clase obrera, a trabajadores y trabajadoras.
La movilización de Magallanes es un hito en el desarrollo de la lucha de clases y entregará de su experiencia valiosos elementos para el aprendizaje del conjunto del movimiento social por largo tiempo. Pero, en este momento, lo que requiere la lucha es acción y la mayor comprensión del escenario de acción. Lo primero que debe ser señalado son los factores económicos o materiales que hacen de este conflicto un acontecimiento social masivo que involucra a la totalidad de los actores de la sociedad magallánica y, más aún, que tiene alcances económicos y políticos nacionales.
El problema del gas es a la vez el problema del petróleo. Desde las administraciones concertacionistas los tecnócratas neoliberales han venido diseñando la estrategia para privatizar esta empresa estratégica nacional. No es un dato menor que en 2006 la empresa ENAP en Magallanes haya entregado sus acciones en el consorcio FELL a una privada. Desarmar ENAP para entregarlo en las condiciones más favorables al capital trasnacional, es una misión secreta de todas las administraciones neoliberales. Esto incluye el alza del gas.
Para justificar el alza del gas, el gobierno ha argumentado persistentemente que ENAP está al borde de la quiebra, alegando un estado financiero ruinoso y un pronto agotamiento de sus yacimientos. La Concertación, comprometida en los planes neoliberales, ha guardado silencio en la cuestión de fondo, a pesar de que la Alianza culpa a sus gobiernos de “mala administración”. Todos esos argumentos son desmentidos por los datos, pero las cadenas de prensa y medios de comunicación, pertenecientes a los oligopolios de la información, han repetido sin cesar la monserga oficial y ocultan descaradamente la información seria.
Deben ser denunciados los miembros del Directorio de ENAP, que sistemáticamente boicotean a la empresa y que ahora deciden el alza en el costo del gas. Ellos, aunque designados por el Estado, son en realidad operadores de las trasnacionales, que se instalan a través de sus especialistas y de los partidos burgueses, llámense de “centro derecha” o de “centro izquierda”. ¿Cómo es posible que en los últimos años las empresas privadas encuentren nuevos yacimientos de petróleo y gas en sitios explorados antes (¡sin éxito!) por ENAP? ¡No son éstos los mismos fantoches defensores de la patria!
Se oculta también la participación de la empresa canadiense Methanex, que en Magallanes consume casi 10 veces más lo que usa toda la población de la región. Fue la dictadura la que favoreció a la productora de metanol con el gas de ENAP. (También fue la dictadura la que traspasó la distribución del gas de ENAP a la privada GASCO en 1981, con perjuicio para la población). Sin embargo, nada de eso se dice. Solamente la población y los trabajadores de ENAP lo han denunciado.
Pero el fondo de todo es que al gobierno le interesa entregar ENAP a los privados con un margen de ganancia mayor, para lo que es conveniente aplicar más altos valores al consumo de la población, sin miramientos y lejos del interés nacional.
Junto a esta realidad económica, es necesario considerar las características del Magallanes geográfico, social y cultural. Tanto el territorio como sus recursos son estratégicos para el desarrollo nacional. El inmenso territorio entre los fiordos y canales hasta la Antártica, representa un campo geopolítico clave. Recordemos que a Chile le amenazó en esta región un conato de guerra con Argentina por las islas Nueva, Picton y Lenox, que desembocó luego en el conflicto entre Argentina y Gran Bretaña por Las Malvinas, en la que la Junta Militar de Chile colaboró con el gobierno de la ultra conservadora Margaret Tatcher. ¿Qué ha habido detrás de los chovinistas discursos de la época y del silencio de la dictadura pinochetista? La disputa de una zona geopolíticamente estratégica por parte de los grandes capitales y sus potencias.
Hay factores territoriales inestimables. La gran Patagonia encierra riquezas en vistas de ser exploradas, que al Estado chileno neoliberal no parecen interesar, aun cuando solamente el agua es ya un objetivo de las potencias que, tanto por su existencia como por su acceso a los campos de hielo, representan acá una riqueza inconmensurable. Otro factor desestimado es el Estrecho de Magallanes. Aunque ya no es un cruce marítimo comercial de la importancia que tuvo a mediados del siglo XX -que permitió la creación de una zona franca que favoreció mucho a la sociedad sureña-, es, sin embargo, el cruce natural más importante del hemisferio Sur y límite geográfico de las riquezas desde la Patagonia a la Antártica.
Fue el esfuerzo y sacrificio de sus pobladores lo que permitió conservar la presencia nacional y le entregó al país su producción más importante de petróleo. Expuestos a temperaturas de menos 10 grados bajo cero, con una extensión de frío y lluvia de 8 a 10 meses, con vientos de 100 ó más kilómetros por hora y con un verano que apenas supera los 16º C; lejos de las zonas agrícolas, pagando hasta 4 veces el valor del costo comercial promedio de verduras y frutas. Aislados del resto de Chile por inmensas extensiones de pampa, canales y hielos, casi imposibilitados de trasladarse al resto del país. La educación u otros beneficios, a los habitantes del extremo Sur les significan un doloroso auto exilio. La Argentina patagónica es más familiar que cualquier región del propio país. De allí sus similitudes con el pueblo hermano y con sus costumbres gauchas.
En una región donde todo funciona con gas, incluso los autos, la conquista de este derecho de acceso al gas, de acuerdo a sus condiciones particulares, fue el producto del esfuerzo del pueblo magallánico y de la decisión de los gobiernos democráticos que, hasta la Unidad Popular, se orientaron por el beneficio de la sociedad bajo el concepto de la economía de bienestar y sobre la base del desarrollo industrial nacional, en particular del petróleo.
No puede esperarse que el pueblo más austral de Chile ceda sus derechos de forma fácil. Los tecnócratas no lo han llegado a entender. En menos de una semana de paro regional, el movimiento social encabezado por la Asamblea Ciudadana de Magallanes (ACM) ha superado y desconocido por los hechos a los parlamentarios, sean de la Alianza o de la Concertación. Así también, ha sido desplazada la mediación o “facilitación” de la autoridad eclesiástica, tan verborreica para hablar de paz y entendimiento, y tan pronta para legitimar y defender la institucionalidad burguesa bajo amenaza de descrédito.
Por su parte, los empresarios regionales, agrupados en la CPC, sumados por oportunismo a la negociación (aunque sin mover un dedo por el movimiento), tan pronto sus intereses inmediatos se ven satisfechos o apenas ven amenazada la unidad de su clase social, se han bajado de la mesa en favor del gobierno, ubicándose en el lugar de sus iguales, de la burguesía. Es decir, parlamentarios, Iglesia y empresarios han elegido su puesto tan claramente que podemos identificar sus posiciones de clase y revelar su vacío discurso del “regionalismo”, expresión mística que no es por sí misma capaz de representar la realidad.
De esta manera, la ACM se levanta como la única conducción del movimiento y la legítima representante del pueblo. Ahora el sector laboral (a pesar de hallarse dirigido principalmente por elementos concertacionistas), está a un paso de reconocer su puesto en este episodio de la lucha de clases proponiéndose asumir nuevos niveles de movilización junto a obreros de otros sectores productivos, como el cobre, alzando las banderas de la ACM. Los “enapinos” han intentado cortar el suministro de gas a Methanex, verdadera privilegiada que recoge jugosas ganancias a costa de la clase obrera y del gas nacional.
No puede esperarse que el pueblo en esta lucha ceda sus derechos de forma fácil. El magallánico tiene un sentido particular de unidad producto de ese aislamiento y olvido. Los ladridos fascistas de Hinzpeter y Piñera sólo han dado nuevos bríos a los movilizados.
Bien decíamos antes que los movimientos sociales son, hoy por hoy, en este contexto del neoliberalismo, el mayor fermento de la lucha de clases.






